Dos periodistas: Arturo Gómez-Lobo y Francisco Colás (20)

            El decreto de Mancomunidades (1914) tiene en las provincias que hoy forman Castilla-La Mancha un efecto: se inicia la polémica entre partidarios de una posible mancomunidad castellana u otra manchega. La Juventud Central Manchega pide en 1919 a las diputaciones de Ciudad Real, Cuenca y Toledo el acuerdo con la de Albacete para crear una región. Pero no se constituye ninguna.

            La prensa es el medio para desarrollar el debate. En Ciudad Real, el diario El Pueblo Manchego o la revista semanal Vida Manchega exaltan a la región manchega. La de Albacete también, sobre todo el diario Defensor de Albacete. En Toledo está más próxima a la idea de Castilla, como se manifiesta en el diario El Castellano. Igual que en Cuenca y Guadalajara, con los semanarios El Centro y La Crónica, respectivamente.

            La publicación que mejor representa los ideales manchegos es Vida Manchega, revista ilustrada, propiedad del impresor Enrique Pérez, editada entre 1912 y 1920, año en que se convierte en diario. Sale en Ciudad Real y tiene corresponsales en Albacete, Cuenca y Toledo, para cubrir la vida informativa de las cuatro provincias manchegas. En ella colabora de manera intensa Francisco Colás.

            Colás tiene una etapa en su actividad literaria en la que se ocupa del tema regionalista. Colabora, sobre todo, en Vida Manchega, aunque también lo hace en la revista Castilla, que se publica en Ciudad Real durante algunos meses de 1917 y 1918. Y, cómo no, la situación en Cataluña llama su atención. Publica un interesante artículo titulado ¿Regionalismo o catalanismo? (Vida Manchega, 15-12-1918).

            Es preciso un breve comentario previo a lo que se conoce como cuestión catalana, que está presente en la vida nacional desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. Puede decirse que se trata de una pugna, con una simplificación, entre los nacionalismos catalán y español, con diferentes demostraciones e intensidades a lo largo de los últimos ciento cincuenta años. Evoluciona desde el nacimiento y desarrollo de un movimiento cultural a mediados del siglo XIX –Renaixença, que revitaliza lengua y cultura catalanas– hasta convertirse en un conflicto político de gran envergadura en el siglo XXI, con periodos de represión y concesiones de autonomía. Además, en los últimos cuarenta años se produce un creciente movimiento independentista, que influye de manera decisiva en la vida política española. Con el nacionalismo catalán han pactado en las últimas décadas la UCD de Adolfo Suárez González, el PSOE de Felipe González Márquez, el PP de José María Aznar López y el PSOE de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

            Hace poco más de seis años el Gobierno de Cataluña convoca el referéndum de autodeterminación. Suspendido por el Tribunal Constitucional el 7 de septiembre de 2017, finalmente se celebra el 1 de octubre de 2017.​ Pues bien, cien años antes se desarrolla la campaña autonomista catalana de 1918-1919. Es el primer movimiento a favor de la concesión por parte del parlamento español de un Estatuto de Autonomía para Cataluña. Se produce entre noviembre de 1918 y febrero de 1919. Entonces no votan los electores sino los representantes de los municipios, que previamente aprueban el texto en los respectivos ayuntamientos.

            Contra un documento de la campaña autonomista se manifiesta Colás en el artículo citado. Indica en el comienzo que la cuestión de la autonomía catalana se esperaba por todos: “sabíamos que tarde o temprano se llegaría a plantar el problema a la luz del día y ese día ha llegado al fin”. En España todos somos hoy, afirma, un poco regionalistas y, sin embargo, el documento catalán despierta el recelo. ¿Se trata de regionalismo o catalanismo? A juzgar, por las bases del documento de autonomía entregado al gobierno, “podemos decir categóricamente que se trata única y exclusivamente de catalanismo, de un movimiento odioso de disgregación nacional, que tiene vergüenza de salir a la calle con su cara verdadera y se viste de máscara para presentarse al resto de los españoles”.

            Realiza toda una serie de consideraciones, económicas, idiomáticas, sociales o políticas y llega a la conclusión siguiente: “La resolución del problema planteado por la región catalana es ardua y difícil”. Además, el documento llega en un momento en el que España atraviesa una grave crisis, aunque parece que la sociedad despierta del sueño echado desde el desastre español. Y concluye con el deseo de que el pueblo español despierte de su letargo y “resuelva el problema catalanista con un acto de conciencia cívica que ya nos habíamos acostumbrados a no esperar de él”.  

            Colás cree que hay que solucionar el problema con conciencia cívica. Otros sectores no tienen otra cosa que ofrecer que un excluyente nacionalismo español, patrocinador del enfrentamiento. Se pueden recordar muchos ejemplos, pero fijemos la atención en un artículo publicado en el semanario Hidalguía, de Tomelloso, el 16 de mayo de 1920. Firmado por S. L. R., iniciales del director del periódico Salvador López Ramírez, lleva por título “Las eternas provocaciones catalanistas” y concluye de esta manera: “Tenemos, si, que defender a nuestra amada España de los constantes insultos de que es víctima por los malos españoles, por esos separatistas que continuamente mancillan el sacrosanto nombre de España y gritar con toda el alma y con efusión de españoles leales, ¡¡Viva España!!”. 

            Hoy seguimos con la cuestión catalana presente. Por eso, es pertinente recordar lo que declaraba a la prensa Álvaro de Figueroa y Torres (1863 – 1950), conde de Romanones, recogido por Fernando Soldevilla en su anuario (El año político 1920, Madrid, 1921): “Ciego ha de estar quien no vea que el problema de Cataluña es de una absoluta realidad. Es un pleito vivo, que tiene hondas raíces, y cuya solución no se encontrará nunca desconociéndolo o menospreciándolo”.

Relacionados

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img