Raúl Camacho.- Hoy no se apaga simplemente una luz; se baja la persiana de un lugar que ha sido, durante décadas, el verdadero punto de encuentro y el latido diario de El Hoyo. Tras más de medio siglo desde que Irene, padre de Santi, pusiera la primera piedra de este negocio, el Bar de Santi llega hoy a su último día. Son casi cincuenta años con Santi al otro lado de la barra, una vida entera dedicada a servir a los demás, a escuchar, a aconsejar y a ver pasar las generaciones de vecinos y visitantes.





Pero esta historia de éxito y entrega no se explica solo con un nombre. Hablar del bar es hablar, de manera inevitable, de Carmen Amalia. Ella ha sido el alma de la cocina y la responsable de que cada día salieran adelante esos aperitivos memorables que eran ya una seña de identidad en todo el pueblo. Y cuando las fechas señaladas apretaban, la familia siempre estuvo allí para sumar manos: sus hijos Santiago y Carmen, junto a su yerno Alex —con una entrañable falta de originalidad en los nombres que hoy recordamos con verdadero cariño—, no dudaron nunca en dar el callo en fiestas, Semanas Santas, veranos, Navidades y puentes.
Hay que ser justos y quitarse el sombrero ante una dedicación que ya casi no existe: no cerraban ningún día del año. Han estado al pie del cañón de enero a diciembre, garantizando el servicio tanto a la gente que da vida a El Hoyo a diario como a quienes veníamos a buscar refugio los fines de semana o en vacaciones. De forma particular, el trato que nos han brindado ha sido siempre de diez, con esa cercanía auténtica que te hace sentir en casa desde que cruzas la puerta.
Hoy toca decir adiós a una rutina compartida, y aunque los echaremos enormemente de menos porque nuestro pueblo pierde su gran punto de reunión, la satisfacción por su merecido descanso es total. Santi y Carmen Amalia se han ganado a pulso el derecho a disfrutar de la vida a otro ritmo. Tienen por delante la mejor de las etapas: descansar, saborear el tiempo libre y volcar todo ese cariño que nos han regado durante años en ese nieto que está a punto de llegar al mundo.
Gracias por tanto trabajo, por tanta generosidad y por hacer de la barra de un bar un lugar donde dar calor a todo El Hoyo. Feliz y merecida jubilación.










