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La cabina

- 21 mayo, 2018 – 13:005 Comentarios

José RiveroCuando el recientemente desaparecido, Antonio Mercero, rueda en 1972 La cabina, con guión de José Luís Garci, el paisaje de las telecomunicaciones no había eclosionado de la forma y  manera que lo conocemos cuarenta y seis años después. La amenaza de la cabina hermética sobre el desprevenido usuario no impedía entonces reconocer su carácter de servicio público de una realidad social que crecía imparable desde 1928. Fecha en que se instaló, no tanto una cabina al uso, como un teléfono público en el Viena Park del Retiro madrileño y luego en el bar Regio.

Un poco en la estela desplegada en Londres desde 1920 con su kiosco (así lo llaman allí) K1, ubicado en exteriores y calles. K1 que años después sería mejorado con diseño del arquitecto Gilbert Scott, con la pieza roja conocida como K2, que desde entonces se ha mantenido inmutable, más allá de los cambios dictados por la propia telefonía y sus arrebatos tecnológicos. Y esta circunstancia ha hecho que las cabinas británicas sean consideradas parte del paisaje 28_thumburbano.

Aquí la rareza de un prisma  de aluminio y vidrio hizo escasamente digerible su valor de caja moderna y técnica, dispuesta en plazas y jardines desde mediados de los años 60 con un cierto aire de cosa extraterrestre. Y a veces formulaba esa extrañeza, el contraste entre entornos apaciguados e inalterados de ciudades y pueblos, con una pieza que no dejaba de expresar una anticipación fríamente técnica y transparente.  Y tal vez, ese desapego expresado diera pié a la escritura de Garci que no deja de expresar el terror por cierta técnica fría y deshumanizada.

Todo ello, pese a los cambios de diseño introducidos durante los años ochenta y noventa a favor de suavizar ese carácter amenazador. Olvidando la idea de prisma cerrado por una carcasa semiabierta primero, y luego con la idea del diseñador Alberto Corazón, de unas cabinas entendidas como obelisco técnico y ya claramente abierta.

cabina-telefono-5Hoy con el despegue imparable e ingente de la telefonía móvil, ha acontecido la muerte de las viejas cabinas. Perdida su función de servicio público, y a la espera de la resolución de la Sociedad de la Información y Agenda Digital,  no le queda ya más que su desaparición a plazo fijo. Tan fijo el plazo, como finales del año 2018.

principio-cabina-1Y es q ue frente a los 40 millones de dispositivos telefónicos personales, celulares, móviles o cómo corresponda denominar, sólo se contabilizan 18.300 cabinas (202 en la geografía provincial y 25 en la ciudad). De las que 12.000, según los datos disponibles, no son rentables. O son tan poco rentables como para contabilizar una media de 1,4 llamadas al día. Y eso sabiendo que en 2016, sólo el 50% de las cabinas registraron alguna llamada.

cabinaY es que la voracidad de progreso dicta formas de extinción de  viejos aparatos y artilugios, que pasan a engrosar las filas de la obsolescencia técnica.  Piénsese en el mundo de la fotografía, llamada arcaicamente como analógica, donde los mismos aparatos móviles cooptados por la telefonía de última generación, verifican función de cámara fotográfica, de grabadora de vídeo y de reproductor de audio. Con lo que todos los aparatos citados, procedentes de modelos tecnológicos previos y ya periclitados, llevan o han llevado el mismo camino de extinción que las cabinas.

Cabinas que, de no remediarlo, sólo quedarán imágenes residuales del cine viejo y de la memoria no menos vieja.

Periferia sentimental
José Rivero

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5 Comentarios »

  • manuel v. dice:

    En cualquiera tiempo pasado…¿nos comunicábamos mejor o peor? Una vez viniendo de Lanza a casa me quedé sin gasolina. Era una noche de perros. Pues bien: me comuniqué con el señor que me paró y me llevó hasta la gasolinera, me comuniqué con el gasolinero que me llenó una lata, con mi mujer para decirle el contratiempo y con el camionero que me llevó hasta donde estaba el coche parpadeando. Aquello era vida social.

  • Ángel Manuel dice:

    Tirábamos de cabina en el pueblo durante las vacaciones. Mi abuela se resistió a poner teléfono en su casa pese a las quejas de mi madre y tíos. Teníamos que llamar a la vecina para pasar recados.

    Joder, qué mayor me he hecho. Me pareció eso ayer.

    Coincido con Manuel. Nos comunicábamos más, y salíamos del paso. Algo parecido ha pasado en Madrid. Madrid Este se ha quedado sin agua…y uuuffff qué pánico…mi abuelo tenía pozo en casa… Progreso o comodidad simplemente?

  • Charles dice:

    El R.D. 424/2005, de 15 de abril, sostiene que “en la prestación del servicio universal se deberá garantizar la existencia de una oferta suficiente de teléfonos públicos de pago (…) al menos, un teléfono y uno más por cada 1.500 habitantes en cada municipio de 500 o más habitantes y un teléfono público de pago en cada uno de los municipios de menos de 500 habitantes”.
    Ahora el Gobierno se ha mostrado a favor de eliminar del servicio universal de telecomunicaciones esta obligación modificando este Real Decreto.
    Y es que el 88% de los españoles jamás ha utilizado una cabina….

  • Hobbes dice:

    En realidad debería haber más cabinas de tipo “Mercero”, porque candidatos hay a mansalva. En localidades como Alcalá Meco, Herrera de La Mancha, El Puerto, El Dueso….

    Por ejemplo, hoy se me ocurre que podríamos ofrecerle una a Zaplana. Que me ha venido a la cabeza y no sé por qué…

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