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El encierro que nunca existió

- 7 enero, 2008 – 20:49Sin comentarios
Jesús de Juan Espinar (de la Plataforma por el Agua y la Viña)

Érase una vez un pueblo manchego llamado Socuéllamos donde los agricultores nunca protestaban, sencillamente porque no tenían motivos ya que vivían mejor que en Jauja: no tenían problemas con el agua para regar, ni con la normativa medioambiental, ni con las oceemes, ni con la contratación de mano de obra inmigrante, no había cierres de pozos ni sanciones.

Eran felices, comían perdices, ganaban dinero a espuertas con las viñas y los melones, sus hijos no querían estudiar, ni ser electricistas o informáticos o ingenieros, solo querían seguir siendo felices agricultores y ganaderos, como sus padres y sus abuelos...

{mosgoogle}Así podría comenzar el nuevo cuento de Calleja, o de Barreda, o de Narbona o Zapatero, o del Secretario de Estado de Información, Fernando Moraleda, que ahora se presenta a diputado nacional por Ciudad Real. Todos ellos siguen ignorando el encierro que cientos de agricultores, sus mujeres y sus hijos, vienen manteniendo en Socuéllamos desde hace más de dos meses. Todos ellos se niegan a aceptar los problemas que vienen denunciando los agricultores y deben pensar que la negación de la evidencia es suficiente para cambiar la realidad. Como todos ellos son expertos en manipular la información deben creer que la repetición de una mentira la convierte en verdad, pero hemos sido engañados tantas veces que ya es muy difícil volver a engañarnos.

Nadie puede borrar 60 días del calendario. Al menos impunemente. Por mucho que se intente nadie puede tapar un terremoto como el que este verano tuvo su epicentro en Arenales de San Gregorio, porque todo el mundo nota las vibraciones bajo sus pies, el tintineo de las lámparas, el sordo despertar de las tripas de la tierra.

De igual forma nadie puede acallar el movimiento que hace ya dos meses comenzó en el sector agrario de Castilla-La Mancha y que se viene manifestando como un continuo grito desde el encierro que mantienen los agricultores en Socuéllamos. Y que, como mancha de aceite, se va extendiendo de pueblo en pueblo: Campo de Criptana, Villarrobledo, San Clemente, El Provencio, Arenales, Tomelloso, Pedro Muñoz, Villarrubia de los Ojos... Agricultores y cooperativas que se suman cada día a este movimiento por el futuro de la agricultura y la ganadería, sectores que hasta la fecha han venido siendo el verdadero motor de desarrollo económico y social de nuestros pueblos, pero que, en las actuales circunstancias, apenas son rentables para los agricultores y ganaderos.

No mas cuentos, dicen los agricultores en Socuéllamos. No nos digan que la OCM del Vino que han aprobado en Bruselas es buena cuando el presupuesto para nuestro país se ha reducido a la mitad, y solo con el arranque, perdiendo capacidad productiva, conseguiríamos incrementarlo un poco. No nos cuenten que el Plan Especial del Alto Guadiana es bueno cuando se pretende reducir a la mitad la posibilidad de regar en la región, pasar de 270.000 hectáreas de riego a solo 125.000, pasar de extraer mas de 400 Hm3 de agua a solamente 200. No nos sigan diciendo que esto es futuro, que esta región no tiene agua ni puede tener, que estamos en números rojos por sacar mas de lo que se ingresa. El agua, como el gas o el petróleo, se lleva de donde hay a donde no hay. Lo que hace falta son políticas agrarias e hidráulicas serias, eficaces y eficientes. No patrañas electoralistas, ni trucos de magia, ni efectos especiales. Con planes de reforestación no se podrán mantener los jornales que hoy ocupa el sector agrario. El desarrollo rural es imposible sin los agricultores y ganaderos. Dejen los políticos de mirar a las próximas elecciones y diseñen planes a medio y largo plazo, aunque sean medidas incómodas o, incluso, inicialmente, antipopulares.

No nos cuenten mas cuentos, no nos engañen otra vez con papeles como el de la moratoria de sanciones hasta que se aprobara el PEAG, no nos engañen con reestructuraciones que acaban con el precio de las uvas mejorantes por debajo del airén, no nos engañen con incorporaciones de jóvenes a la agricultura que son solo quimeras, no queremos ayudas ni subvenciones que se acaban volviendo contra nosotros. Creemos que el sector agrario tiene futuro porque sabemos que es un sector estratégico, porque el hombre sigue y seguirá comiendo todos los días, porque cada día somos mas personas en el mundo y cada día hace falta producir con mas eficiencia y mas eficacia, precisamente porque no podemos seguir esquilmando los recursos naturales.

Y si estamos equivocados, si lo que decimos es solo fantasía o demagogia, si realmente el sector agropecuario no tiene futuro en Castilla-La Mancha, hagan el favor de no contarnos más cuentos y digannos hacia donde hemos de emigrar. Al final va a llevar razón aquél ex-comisario de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, de cuyo nombre no me acuerdo, que aconsejaba a los agricultores que hiciéramos lo que los patos: si se secan los humedales hay que volar hacia otros que no estén secos.

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