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A mí no me gusta el escrache

- 4 abril, 2013 – 16:5813 Comentarios
Manuel Valero.- A mí tampoco me gusta el escrache: ni lo que es, ni la horrorosa palabra que lo define. Y no se me pongan estupendos con la vara medidora de izquierdismo, rebeldía y estupendez social en función de la cual los acosadores entusiastas (yo no uso la palabra de moda de los malos modos porque no me sale de los cojones, ya ven el juego que da el castellano de Palencia) son un compendio de solidaridad y virtuosismo social Manuel Valeroporque, uno ya está mayor para dejarse embaucar por la gran comedia del mundo y porque admite encantado la apuesta de a ver quién es más progresista y solidario, y qué está dispuesto a poner en la caja común. Venga. Yo denuncio y deploro el acoso personal porque por más razones humanitarias con que se adorne es una conducta chulesca y peligrosa que rezuma violencia, que puede generar más violencia y puede acercar aún más el aliento putrefacto, asqueroso, maloliente de la vomitiva maldición de las dos putas Españas cainitas, homicidas, sangrientas y salvajes. A uno no le da la gana morirse con esa sima abisal que nos separa como dos hermanos iracundos dispuestos a echar mano a la faca a la menor diferencia. Estoy hasta los cojones de la Puta Guerra Civil en la que acabaron enfrentándose dos Monstruos fétidos, del año 36, de Franco, de la Transición y de los neotestamentarios parlanchines, de la memoria histórica, de los embaucadores del sentimentalismo y de los power-flowers campistas. Reivindico la normalidad, repito la NOR-MA-LI-DAD. Hasta las composturas pierde uno, contaminado de tanta biliosa rabia contenida como hay por ahí. Cosa poco frecuente como pueden comprobar quienes hayan seguido todos estos años articulando las cosas. La ley hipotecaria es miserable y extiende sus orígenes hasta los tiempos remotos de la estulticia decimonónica, pero los acontecimientos que se han sucedido desde que la crisis descubrió las miserias y los piojos morales de todos, repito: DE- TO-DOS, chicos y grandes, poderosos y humildes, fuertes y débiles, de derechas y de izquierdas, no son excusa para que una parte de la sociedad civil utilice demagógicamente el drama social de los deshaucios -lo de las preferentes es el timo del tocomocho, un duelo de codicias, medie sabiduría o ignorancia- para un beneficio personal de proyección mediática o, para que Izquierda Unida, un partido político de ámbito nacional, se niegue a condenar unas conductas violentas y pseudodemocráticas bajo la apariencia de un justisima reivindicación, tal vez llevada por la euforia del momento prometedor de copiosos votos, ahora que la Monarquía sale también tocada del latrocinio general, repito GE-NE-RAl, como si una República no pudiera traer un presidente cabrón, felón y facha, durante cinco legislaturas porque el cuerpo social así lo quiere. IU no es una organización cualquiera, es el tercer partido a nivel nacional, con posibilidades de llenar el granero, pero con la tristeza añadida de hacerlo aventando comportamientos de otras épocas sangrientamente iracundas. Si por captar el voto vale aplaudir a quienes acuden a la casa de un parlamentario, consejero, concejal, a doblegarlo en grupo y a voces, mañana puede ocurrir que otros ciudadanos se organicen de la misma manera en sentido contrario, o que detrás de la puerta aparezca una ingrata sorpresa que tinte de rojo el escenario de la performance, y ya estamos otra vez con las jodidas y miserables dos Españas. ¿Será que hay interés en envenenar este atormentado país? ¡Pero nos hemos vuelto locos, o qué! A mí no me gusta el malsonante escrache ése porque es síntoma de decadencia moral y porque destila mucha violencia y es alimento de listos y listas y oportunistas y oportunistos. Y me considero tan demócrata, y tan moderno como cualquier prestidigitador de la palabra hueca y la ensoñación pretérita. A mi no me sale de los cojones aguantar la misma cantinela de siempre como un interminable día de la marmota, o contemplar el espectáculo diario de ver cómo la gente se desayuna con su dosis de odio cotidiano. A veces pienso que si pudiéramos nos aniquilaríamos físicamente. Por eso envidio a los putos franceses, a los putos alemanes, a los suecos, a los británicos... y le reprocho a mi madre no haberme parido en cualquier parte de Europa, libre de este pegajoso e insoportable estigma fratricida. Detesto el acoso. Quienes lo practiquen jovial y pseudodemocráticamernte, no son dignos de mi admiración, y quienes lo toleran, dignos de mi voto. Hacía mucho tiempo que no escribía con tanta mala leche porque es mi costumbre tamizar las cosas y reposarlas, pero hay momentos que son casi físicamente irrespirables. A mi no me gusta el escrache, ni la maldita palabra que lo define. Es horrorosamente fea y literariamente antipática.
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13 Comentarios »

  • Carmen dice:

    La desestabilización de las instituciones del Estado no la provoca el juez que formula imputación contra un miembro de la Casa Real, la provoca la codicia de ese miembro y su consorte. El cabreo de los cuatro ciudadanos vocingleros no encienden tampoco la mecha de ninguna guerra civil ni despiertan espíritu cainita alguno. El miedo al pasado guerracivilista de este país nos ha castrado demasiado tiempo. Seguimos protestando poco, muy poco. Yo también hubiera preferido que mi madre me pariera en Francia, lugar donde la gente protesta más y mejor. La palabreja escrache es más fea que el pecado y su significado puede que también lo sea, pero no más que la realidad circundante. Y los movimientos sociales puede que se equivoquen. Y usted, con sus argumentos repletos de una escalofriante ponderación y envueltos en su habitual prosa deslumbradora , puede que también.

    • manuel v dice:

      «El miedo al pasado guerracivilista de este país nos ha castrado demasiado tiempo». Santo cielo es a lo que se recurre permanentememete una y otra vez y de lo que yo abomino hasta el vómito. Miedo no, es hastío, estimada Carmen, hastío de ver el espectáculo diario. Menos mal que a uno le gusta el campo y la soledad…

  • Rodrigo dice:

    Me ha convencido usted. A partir de ahora me quedaré en casa, apolítico perdido. Cuando salga a la calle bajaré la mirada, cuando salga a buscar trabajo, aceptaré sin rechistar lo que me venga y cuando vaya al banco, genuflexo, pediré clemencia al señor director de la sucursal.

    Espero que así quede usted tranquilo. Sin conflicto, sin tensiones… por parte de los mismos de siempre, eso sí.

  • manuel v dice:

    No ha entendido usted nada

  • JOSE RIVERO SERRANO dice:

    Manuel, por cómo vienen las aguas en los últimos días, debemos de concluir que no sólo se cierra cierta ciclo seco, sino que batimos récords de pluviometría en muchos años. De donde podremos deducir la anormalidad de las lluvias.
    Pero no sólo la anormalidad de las lluvias, sino de otras muchas cosas que hemos callado y consentido: los modelos de Transición Política bendecidos hasta la saciedad y un buen día, al volver del Estado del Bienestar perforado, hemos descubierto el engaño y el silencio cómplice; el reparto del Poder en España, donde cierta institucionalización de los Agentes Sociales Actuantes, ha desnaturalizado el Principio de Representación del pueblo soberano y ha quebrado muchas cosas; el papel moderador de la Corona, que superada por el legado de ‘Atado y bien atado’ del régimen anterior, poco modera y modula; el Mito de Europa ajado y más raptada por el toro, que en ocasión alguna hayamos visto; la falta de Democracia Económica, por mucho bocado de Economía Social de Mercado que se proclame y publicite; la división de Poderes, muy alterada desde que Alfonso Guerra quiso enterrar a Montesquieu y creo que lo consiguió; los desequilibrios territoriales que prolongan dentro de España otros desequilibrios continentales y universales inasumibles; el llamado Desarrollo Desigual que hunde a mucha gente en el olvido de los Mercados; el conflicto creciente con los Recursos Naturales y la energía , y así un largo etcétera que me ahorro por no cansar.
    En cualquier caso, al margen de las lluvias excesivas y de tantas cosas torcidas, creo que el problema de fondo de nuestros puntos de vista, moderados, ahormados y elegantes por demás, son los años transcurridos, como alguien apuntaba con ironía y acierto. Los años transcurridos desde que vimos como un Principio de Esperanza, se fué torciendo y diluyendo, y por ello nos fuimos poblando de canas y de escepticismo. Pero tal ‘cambalache’ de los años y la edad, no debe hacernos cuestionar el ‘escrache’ de los jóvenes, urgidos por una demanda de un cambio necesario a realizar en todo lo torcido. El problema, tal vez por ello, no sea nuestro, ya colocados, encanecidos por la nieve del tiempo y algo cansados; el problema que viene es, por ello, el de nuestros hijos. Y por ello debemos de hacerlo un poco, nuestro problema. Aunque ciertos modos no nos gusten, pesa más el fondo que la forma.

  • Concariño dice:

    «porque no me sale de los cojones»; «las dos putas Españas»; «cabrón»; «putos alemanes»…. Bonita manera de buscar la «NOR-MA-LI-D-A-D», amigo Manolo. Si los que tenéis un foro y se supone que años, cultura y un mínimo bagaje literario tenéis que recurrir al trazo grueso, estamos «aviaos». Yo creía que la normalidad democrática se construía con sosiego, razones y opiniones respetuosas, aunque sean radicales, pero también con acciones(no violentas, por supuesto). Usted propone, sí, quedarse en casa, bajar la testud, conformarnos con lo que hay; ¡¡¡si su pasado setentero y transitivo levantara la cabeza!!!. Pero, por otro lado, he de reconocer que este artículo ha provocado alguno de los mejores comentarios que he leído. Y, Manolo V, si no te hemos entendido es que no lo has dicho bien: tal vez es que algo nuevo está pasando y tal vez haya que hacer un esfuerzo suplementario en busca de nuevas razones y análisis que ayuden a la gente a explicarse la nueva realidad, tal vez. ¿Por qué echar mano de «estupendez social», «prestidigitador de la palabra hueca», «ensoñación pretérita», «oportunistas», etc para adecuar nuestro razonamiento?. Un último esfuerzo, Manolo, que tu biografía se lo merece

  • manuel v dice:

    No. No propongo eso. Y lo sabe, dicho sea concariño, concariaño

  • Blind Melon dice:

    Es una lástima, pero este medio está tomado por gente tipo Rafael Robles que, junto con sus dos seguidores, se inventa seudónimos para autoalabar sus onanismos progres. Esa batalla la tienes perdida, Manuel. Aunque tengas razón.

  • Per dice:

    Cuando vayan a la casa de Zp,Solbes,Salgado, del nuevo chavalín del PSOE el tal Rubalcaba,de Barreda,de la mafia andaluza de los eres,del chorizo de la UGT andaluza etc….Tendrán mi apoyo y respeto.Tanto a casa de unos como a la de los otros.eso es justicia,lo demás es sectarismo.

  • milu dice:

    Completamente de acuerdo con su escrito Sr. Valero. A mi tampoco me gusta el escrache de los cojones, y eso que también estoy muy indignado con la situación actual. Esta gente que se dedica a coaccionar, se olvidan que cuando van a los domicilios de estos politicuchos, para que se vea mi poca simpatía por ellos, también viven niños, esposas o maridos, que nada tienen que ver con la actividad política de su pareja o de su padre o madre…Creo que hay otras formas de mostrar nuestra indignación. Por supuesto no creo en este movimiento que se dice ser social, cuando claramente es un movimiento partidista y sectario.
    Y en lo que respecta a las dos Españas, también subscribo lo que escribe. No conseguimos avanzar…a veces pienso que nos quedamos en el 39.
    Saludos.

  • manuel dice:

    Como se puede ser tan zafio que detrás de un articulo que pretende ser una llamada a la normalidad, se esconde la peor de las felonías, legitimando el asesinato vía suicidio por haberte quitado hasta razón de vivir como hace este gobierno, que de forma encubierta defiende a quienes usted de forma premeditada excluye de esa fiesta, a la que usted trata de meter a todos los ciudadanos cuando la verdad es que solo esa minoría a la que esta dispuesto a exonerar son los se lo pasaron de puta madre a costa de los daños que hoy sufren los españoles. con todos mis respetos métase su normalidad en la cartera, así como su sumisión a los que le mantienen el sueldo.

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