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Villa Real: del Topos al Logos (IV)

- 11 septiembre, 2013 – 14:155 Comentarios
José RiveroTal orden visual y formal descrito, conecta más con lo Biológico que con lo Simbólico, y nos habla más del Topos como un cuerpo que hay que ajustar en el vestido, que de un Logos innombrable, que alienta en lo espiritual del cuerpo desnudo y apolíneo. Pero el Orden Visual Biológico, a veces resulta ininteligible y se rige por principios funcionales difícilmente formalizables en esquemas simples. Orden Biológico que es casi un Orden Orgánico de agregación, superposición, crecimiento, acumulación, deterioro, rotura y reposición. El predominio de lo Biológico en ese espacio porticado de longitud variable, entre los 150 pasos contabilizados por Ponz y los 130 de Gómez, queda plasmado sobradamente  en el inventario de actividades que nos proporciona Díaz Jurado. “En la alcaicería, en la acera del lado derecho, guiando desde la plaza mayor hasta Santa María del Prado, se estableció el lugar del Ayuntamiento, cuyas casas estaban prevenidas con oficinas…La acera contraria se componía de  mercaderes gruesos, de seda, paños, brocados, platerías… En el cubierto de la Alcaná se pusieron todas las tiendas de especiería, aguardientería y demás”. De igual forma que la estructura parcelaria de los predios y fincas que bordean el recinto de la Plaza, dan cuenta más de una agregación casual y desordenada, que de un programa rector capaz de fijar un orden interior del catastro parcelario. Un orden interior, casi Biológico más que Formal,  de las agregaciones y divisiones que sujetara tantos inconvenientes originados por ese proceder que elude el Logos de un esquema afortunado y se afana en dar brillo a un Topos ajeno a ese procedimiento.r_logos01 A falta de situar el emplazamiento de las Carnicerías en el lado septentrional de la Plaza, el recinto quedaba configurado como un centro comercial ‘avant la lettre’, en el que Orden y Forma se desplazan en favor de Actividad e Industria. Ya no es el Orden y la Forma del vacío de la piedra armera del siglo XVI, ni siquiera el Orden Parcelario ausente; sino la densidad saturada del comercio como Actividad, y de la Industria dispuesta como alma de un espacio tan lleno como vacío. Otra visión más elaborada es la proporcionada por Villalobos Racionero referida al siglo XVII. “En su flanco norte estaban situadas las antiguas Casas Consistoriales…a lo largo del XVII se repararon en varias ocasiones y se aderezaron mucho en 1619. En este año, el señor corregidor don Francisco Fernández de Angulo mandó labrar en piedra el escudo de la ciudad y fijarlo en la entrada principal del edificio”. Prosigue ese espacio inconcluso, con la localización en dicho lado de la Alcaná, y en el lado opuesto fija el edificio de los Arcos - Carniceriás- asentado sobre la acera de los mercaderes, pasra parcticar el cierre de funciones. En el lado Este se produce, cerca de la casa esquinera, la  ubicación de la sede de la Santa Hermandad Vieja, y en el lado Oeste se ubican los sitiales y reservas del Vicario eclesiástico de la ciudad. Frentes institucionales alternados con los tabucos comerciales, componen el nuevo horizonte organizativo del siglo XVII.  La descripción de Gómez que aporta Villegas[1] deja ver la obsesión contable y comercial del autor por fijar el número de palcos y de asientos existentes en los distintos lados del recinto. Obsesión contable que refleja la concepción añadida de tal espacio como Escena y como lugar de la Mirada.r_logos02 No en balde el Concejo  vendió a particulares dos filas de diez ventanas sobre el edificio de Los Arcos[2]. El texto de Ponz de su “Viage…”, al menos, cita las dimensiones del espacio ya aludidas, los corredores que lo rodean y los trabajos de revoco reciente[3]. Es decir junto a la Métrica, plantea la Mirada[4] y el Gusto. Descripciones todas  ellas que plantean un espacio cerrado, aunque sea por arcos y no por muros ciegos, provisto de galerías y corredores en sus pisos altos y configurado en sus diferentes lados por establecimientos comerciales diversos, que alumbran las motivaciones económicas del gesto fundacional[5]. “De modo que, estando tantas cosas y tan diversas a la Plaza Mayor abocadas, se veían juntas y se hallaban con la mayor facilidad artificiosamente divididas”. La obsesión contable, citada anteriormente, de palcos y de gradas, de pasillos y miradores, es visible aún en un texto posterior[6], referido a la Plazas Mayores como universo formal y tipológico. “Su forma simétrica, las pocas salidas que tienen, su uniforme arquitectura, dan la impresión de un lugar de festejos, y en efecto, la Plaza Mayor servía antes, no sólo como mercado, sino también para desfiles solemnes y festivos, autos de fe y corridas de toros. Incluso la iglesia tiene galerías que dan a la Plaza, y todavía se pueden leer en la fachada de la iglesia en el número de asientos”. Texto que deja escapar una particularidad referida al caso que nos ocupa. Ciertamente la figura 8 del texto de Otto Jessen, está ilustrada con un plano esquemático de la planta de la Plaza Mayor, flanqueada en tres de sus lados por soportales y las correspondientes galerías superiores y ocupado su centro sensible por un salón de paseo con fuentes. La particularidad del ejemplo es que en el recinto de la Plaza Mayor de Ciudad Real no existe la presencia de una notable Iglesia. Siendo este aspecto objeto de un tratamiento singular, por parte de Villegas[7]. “La plaza ejerce, pues, una función aglutinadora de las actividades adminstrativas, sociales, económicas y mercantiles de la ciudad…Su ubicación y estructuración del espacio parece que son sintomáticas de los nuevos aires que soplan dentro de la concepción urbanística del siglo XIII, con la quiebra que en tal sentido se produce. r_logos03No se trata, en este caso, de un espacio situado frente y  delante de una iglesia, sino ubicado totalmente al margen de cualquiera de ellas. Esta segregación de la plaza parece querer indicar una enfatización de dicho espacio urbano como significante de las nuevas concepciones urbanísticas…la economía ha suplantado a la religión”. Aún así, el dibujo, no menos abstracto, de Octavio Rodríguez Huéscar para su serie periodística “Temas Manchegos”, al tratar ‘La Plaza’[8], nos ofrecía un frente con Iglesia y Consistorio, y otro con arcos y soportales; haciendo ver el peso del arquetipo de la Plaza y sus sueños inconscientes de espacialidad[9]. Si la espacialidad de la Plaza Mayor de Ciudad Real, refleja las nuevas concepciones urbanísticas, su formalización aún será prisionera de los viejos lenguajes como podremos ver a continuación.

[1] Villegas L.R. Op. cit. Página 65.
[2]  Villalobos Racionero I. Op. cit. Página 39.
[3] Ponz A. Viage de España. Tomo XVI. 1791. Página 40.
[4] Sobre el alquiler de vistas Villalobos Racionero remite al informe publicado por López Salazar J. y Carretero Zamora solución J.M. Ciudad Real en la Edad Moderna, en Historia de Ciudad Real. Toledo, 1993.
[5] Villegas Díaz L.R. Ciudad Real en la edad media. La ciudad y sus hombres (1255-1500). Ciudad Real 1981. Página 338. El peso  de lo económico y de lo industrial es destacado por el autor en sus conclusiones.
[6] Jessen O. La Mancha (contribución al estudio geográfico). Revista de Estudios geográficos. Agosto 1946. Página 489 y ss.
[7] Op. cit. página 111.
[8] Rodríguez Huescar O. Temas manchegos, La Plaza. Lanza, 10 octubre 1954.
[9] Excede del ámbito de este trabajo. Pero sería interesante revisar las ordenaciones urbanas de los pueblos de Colonización, trazadas en Ciudad Real entre los 50 y los 60. Para comprender el sueño inmemorial de Plaza con Iglesia. Periferia sentimental José Rivero
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