La caja rápida

Fermín Gassol Peco.- Hace unos días que le hice un recado al “ama” en una gran superficie. Esas compras que mandan nuestras “santas” sin avisar, compras de segunda necesidad que nos pillan por sorpresa y que ya puestos, uno aprovecha para agenciarse algo que satisfaga el amor y placer propio.
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El contenido del “mandao” en origen consistía en una simple “silla de tijera” a “secas”, pero como no soporto las “faltas de liquidez” utilicé el viaje para feriarme una caja de botellas de vino tinto elaborado en una  bodega de aquí cerca; en principio creí que era cosa de segundos, vamos que iba a tiro hecho. Además, pensé, siempre están ahí las cajas rápidas para estas compras de pequeño alcance.

Recogida en un santiamén la precaria mercancía me dirigí a una de esas cajas cuyo objeto hasta ahora no comprendía, pero que desde hoy entiendo sobradamente. Antes pensaba que una caja rápida era algo que iba en contra de los intereses del comercio que las tiene ya que si bien facilita una mayor agilidad en el pago, es a costa de comprar menos cosas, lo cual no tiene lógica  ¿o sí? Pasen y lean.

Posicionado ante “la caja rápida”, esperando salir a toda prisa, que un partido de Osasuna me estaba reclamando, observé con equivocado alivio a un matrimonio conocido que llegaba a la nutrida cola de la caja contigua con el carrito hasta arriba; el marido empujando y la mujer sujetando los botes por si acaso; nos saludamos con la mueca que utilizamos en estas ocasiones y viendo el volumen de carga le comenté, mucho acarreas,…yo he venido a cosa hecha.

Tenía delante de mí a dos clientes que llevaban “cuatro cosas” cada uno, pero cuando termino de hablar con el amigo veo que la breve fila en donde estoy no se cantea, observo que en mi caja algo está fallando. La cajera pasa una y otra vez por el lector de códigos unas zapatillas,…las mira, las remira,… no sé si las huele o es que ve poco, teclea el chorro de números de la “barra”, dale que te pego, pero aquello no funciona… Pues nada, a llamar se ha dicho a la caja principal. La encargada llega tras un rato, coge las zapatillas, se las lleva; mientras, la operaria sigue con las dos compras restantes; espera un rato largo y… las zapatillas por fin pasan.

El siguiente cliente…lleva un artilugio con un chivato que hay que desactivar; no parece que haya peligro en realizar la operación pero la cajera toma sus precauciones. Busca en su mostrador algo idóneo para proceder,…busca y busca, no lo encuentra y se lo pide a la compañera de al lado que ya está atendiendo al conocido  que había saludado. Hace un ratito le llevaba yo dos cuerpos de ventaja y en un momento el me saca medio. Sonrisa de comprensión por su parte.

Y la guinda; al ir a pagar, la tarjeta del que me precede no funciona, no hay línea o no sé qué.  Mi amigo, con el carrito cargado de bolsas para media España, me dice un hasta luego con el aire triunfador de quien ha cruzado antes la línea de meta, ¡qué digo!, de cajas. Desde ese momento comprendí el sentido que atesoran las llamadas cajas rápidas; ¡pillines!, las ponen para que todos los clientes siempre que vayamos, acabemos comprando más y así evitarlas. Una estrategia comercial más, en la que “prisillas” como yo, siempre acabamos cayendo.

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15 COMENTARIOS

  1. En algunas ocasiones, Fermín, en determinados centros y con determinadas cajeras, da igual caja rápida o normal, echas el día.
    Pero centrandonos en las cajas rápidas, suelo evitarlas, suelen ser más lentas.

  2. Fermín, me has dejado «con la boca abierta». Has contado una historia urbana, realista total.
    Como es posible escribir un artículo tan bien desarrollado sobre un tema tan… no se como llamarlo, tan cotidiano, eso es.
    Voy a imitarte con un apéndice. Yo en casa soy el encargado de las compras y me conozco a la perfección casi todas las superficies, pequeñas y medianas, además como es lógico, muchos comercios, tiendas y como no, el mercado de abastos.
    Los casos que cuentas son verídicos efectivamente pero te falta alguno. Por ejemplo el del «listillo/a» que lleva más de de 10 artículos y se quiere colar. ¿Que pasa entonces? El que va detrás comenta en voz baja con el atrás suyo: «no le van a dejar, no le van a dejar pasar…». Pero repito, en voz baja para que no le llamen impertinente y, oh sorpresa, llega a la caja y como solo lleva un artículo de más, la cajera por no discutir lo pasa. Mientras esto sucede los que van detrás murmuran pero sin sobrepasarse…»por si acaso». Una vez pasado el temporal, indirectamente abroncan a la cajera que quizá debería no haber pasado al «listillo». Ahí queda la cosa. La frase final del que iba detras hacia el «listillo», suele ser: «vaya cara tienen algunos». Pero el sujeto del «crimen» ya se ha ido con la misma alegria que tiene el que acaba de aprobar el examen de conducir…

  3. Yo compro en el pequeno comercio y no tengo esos problemas con cajas ni cajeras, charlo con los dependientes y salgo nuevo y sin estres y tardo diez minutos.

    • Pasmado, pensad también que estas cajas rápidas son en cierta medida «el pequeño comercio» de quienes vivimos junto a éstos grances centros y no tenemos pequeño comercio alrededor. Las cajas rápidas nos valen perfectamente para comprar esa barra de pan de última hora, o el cola-cao de turno.

      • También sería coherente decir que para una vez que pasa algún atasco en esas cajas rápidas, lo normal es que en un par de minutos ó menos estás ya fuera con el producto consiguiente.

  4. Excelente artículo narrativo.
    Permíteme añadir las veces que vamos contando los artículos para ver si somos candidatos a «la caja rápida» y las dudas sobre si los packs de varias unidades nos lo pasarán por uno o varios artículos.
    De todas formas tengo comprobado que en los momentos de máxima afluencia son más rápidas el resto de cajas.

  5. Por una ignota ley que se repite inexorablemente cuando nos acercamos a una de las cajas del supero o del hiper,elijas la que elijas,esa será la que va mas lenta y si te cambias,la lentitud cambia contigo.

    • Igual que en la autopista, en los atascos, en las colas del cine….

      Yo, como pasmado, soy de pequeño comercio y almacenar en casa lo justo. Si no tienes necesidad, para qué comprar de forma compulsiva algo que no vas a consumir en breve. Quė luego, a los dos años lo tiras porque ha caducado. Haced la prueba en la despensa de casa o en los fondos de los muebles de la cocina…Jejeje.

      Si tienes posibilidad, comprar fresco antes que congelado y, te evitas tener el congelador gastando y, si puedes, verde antes que pez o carne, mejor para el cuerpo.

      En cuanto a los «inorgánicos»: geles, champús, lavaplatos etc etc, hay tiendas con mucho mejor precio que los hiper o súper de las cajas-cola.

  6. En «defensa» de la superficie: (casi) Todo en un viaje.
    Crítica: Las ofertas son engañosas: 3×2 (pagas lo que te llevas, o sea, los tres), 2ª unidad gratis (la pagas), 2ª unidad a mitad de precio (la pagas integra junto a la 1ª).
    Puestos de trabajo (otro tema son las condiciones de los mismos).
    No favorecen a los productores locales y a veces los productos son contrarios al medio ambiente.
    Obligan a llevar coche.

    En defensa del comercio/ tienda: El poder hablar de tú a tú con él/la dependiente o tendero es insustituible y no tiene «precio». Te aconseja, orienta y te da conversación. Hay más humanidad…
    El comercio «detallista» como mercería existe.
    Los precios en general no ofrecen diferencias significativas.
    Se favorece la economía local, provincial y regional.
    «Crítica»: Hay que dar más paseos e ir a más sitios para comprar todo lo que se necesita, aunque tampoco está mal esto; así andamos y conversamos con quien nos encontramos en el camino…¡y eso es muy bueno!

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