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Estrés de armario

- 24 noviembre, 2014 – 12:10Sin comentarios
José RiveroParece ser que  en toda verdad se esconde agazapada su contraria. Así al ‘Elogio de la abundancia’, beatificado hasta ayer mismo en las sociedades del Capitalismo Triunfal, le sigue hoy, como las cuentas del rosario, el ‘Canto de la escasez’ de las sociedades del Postcapitalismo Menos Triunfal. Y todo ello, no es sólo el epítome de una crisis que dura largamente y largos años, y que fuerza a movimientos reductores del Producto Interior Bruto, de consumo, de las rentas y de los salarios. rv-moda-01 Véase, en esa onda reduccionista y de coexistencia amarga con la escasez, la lucha que motiva y lleva al Proyecto 333 a pretender  limitar el vestuario, a sólo 33 piezas. Como si de ciudadanos de Venezuela, constreñidos por las ofertas limitadas a cinco piezas per cápita del grupo Inditex, se tratara. El citado movimiento tiene una dimensión ética, otra estética y la última médica. La dimensión ética, bebe de las fuentes de la microeconomía anotada de Schumacher de ‘Lo pequeño es hermoso’. La variante estética, juega en el campo del Minimalismo artístico, de carácter reduccionista, donde brilla como el sol, la máxima del arquitecto alemán Mies van der Rohe: ‘Less is more’, es decir ‘Menos es más’. rv-moda-02Que es, justamente lo que busca hacer con nuestros armarios el Proyecto 333: pulverizar el llamado ‘Fondo de Armario’ o reducirlo a sus puros huesos y bieses. Y, finalmente, la variante médica perseguida, es evitar el llamado ya como síndrome de ‘Estrés del armario’. Consistente en una suerte de angustia mañanera que se experimenta ante el caudal del vestuario ingente, que amenaza con reventar los tapajuntas y las bisagras. El ‘¿Qué hacer?’ de  Lenin, tiene su continuidad matinal con el ‘¿Qué me pongo?’ de todo hijo de vecino ante la soledad del armario.rv-moda-03 De esa congoja y de esa duda vestimentaria, han nacido las opciones de la uniformidad y del vestuario estandarizado y repetitivo: como muestran los cuerpos armados uniformados y los internados igualitarios que aún resisten: Todos los días la misma prenda, todos los días la misma cosa, para eludir dudas y dificultades.  Como hiciera Jeff Goldblum en su papel de científico despistado, en la película ‘The fly’, que nos mostraba su armario cargado de chaquetas azules iguales y de pantalones grises repetidos: todo ello, para no pensar ‘¿Qué me pongo?’. La opción del Proyecto 333, opta por adelgazar las variantes de la vestimenta disponible, para evitar el síndrome del ‘Estrés del armario’, y consumirnos ante las lunas calladas del armario. rv-moda-04Por ello no acabo de entender la ausencia del ‘Estrés del armario’ en buena parte de nuestras políticas. Incluso alabo la inversión del tiempo destinado a resolver el enigma de esa costura formada que responde al  ‘¿Qué me pongo?’. Como es cotejable desde las páginas infames de tantos magacines  y de numerosos ejemplares de prensa coloreada y acobardada. Ya sé que seré tildado de machista, por fijarme en estas cosas en sobremanera, y señalarlas con el dedo de la escritura. Por fijarme sobre todo, en el sector femenino de la andanada, y omitir idénticos devaneos en el gremio masculino del hemiciclo o del Consejo de Ministros; donde a lo más que llegamos es a alguna salvajada cromática, en forma de corbata muy coloreada de la casa parisina Hèrmes; ya perdidas las chaquetas de pana y los jerséis de cuello alto de la primera Transición. Pero bien cierto es que, salvo contadas excepciones (como la chaqueta con refuerzos de Rafael Alberti en 1977; alguna lisonja de Jesús Aguirre, Duque de Alba que fuera; y el acicalamiento de Ignacio/Nacho Camuñas, político de la Transición deglutido por la historia y por la noche de Nacho) el fuerte del ejercicio ‘Superestrés del armario’ levita en hombros femeninos. Muy a mi pesar. O a pesar de ello.rv-moda-05 No sé si  habrá un recorrido histórico posible de tal deriva de los fondos de armario de las políticas en ejercicio. Tal vez no. Pero si miramos los últimos años de nuestra historia reciente, un poco cupletera y otro poco glamurosa, vemos una multitud concurrente de posados de ministras en formación de pasarela. Como hicieron las ministras de Zapatero, retratadas como ‘Chicas Vogue’, omitiendo su condición de militantes/miembras de un Partido Obrero, para aparecer en olor de ‘Política-chic’. Y de ello, de ese apego al vestuario y a su mutación incesante, derivan muchas imágenes: desde María Teresa Fernández de la Vega, a Elena Salgado; de Dolores de Cospedal a Soraya Sáenz de Santamaría; para acabar en las proximidades nuestras con  Rosa Romero. Que no elude una puntilla de ‘Traje de Pandorga’ o un brocado de la ibérica mantilla. La pregunta, en clave de Machín y su bolero, sería la de ¿Cómo se puede combatir con un abultado armario y no padecer el maldito estrés? Y la coda final, será ¿las políticas/miembras de Podemos, que van llegando, caerán en estos saraos finales de casta? Periferia sentimental José Rivero
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