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Valle de Alcudia: El rostro de la ignominia

- 28 septiembre, 2016 – 12:338 Comentarios
Carlos Sanz.- Le cansa hablar de lo mismo y se le nota en sus ojos ausentes que no miran a ninguna parte. Felipe Ferreiro relata al detalle la problemática que padece desde hace 30 años pero el discurso ya no es tan monolítico, ahora adquiere tintes de letanía. A sus 86 años parece haber claudicado ante un bucle diabólico que llegó a su vida y la de su familia para impedir que tuvieran una vida normal. ventaines1 Son 24 años de litigios ante los tribunales y como si de una broma macabra se tratara, las sentencias a su favor se quedan en papel mojado. La última la dictaminó el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía pero el "poderoso" hace caso omiso e incumple la obligación de autorizar la captación, conducción y aprovechamiento de agua desde el río Tablillas a la Venta de la Inés. No le coge de sorpresa la actitud execrable del "poderoso" porque está en guerra desde 1986, año en que el actual propietario adquirió la finca colindante. Desde entonces se inició una batalla de desgaste que entra en su recta final con sabor a derrota. Se masca desesperanza en sus palabras; habla de ese mirar para otro lado que le dispensan aquellos cargos de administraciones públicas que nunca han dado pasos decisivos para solucionar tal humillación. Está más que harto de recibir estériles promesas aliñadas de buenas intenciones. El que les escribe también está hastiado de contar lo de siempre, de barruntar que Felipe dejará este mundo sin ver cumplidas sus reclamaciones y de que el "poderoso" se saldrá con la suya. Cansa ver cómo su historia se transformó en carnaza mediática, cómo un agravio de este calibre se ha tornado en relato que destila un tufo caritativo y sensacionalista infumable. Lo que menos necesita es la palmadita en el hombro, que le digan "pobrecito allí solo, con lo mayor que está y encima tener que estar a cargo de su hija impedida". Cansa ver cómo se hace la vista gorda para que una situación inimaginable en una sociedad democrática se haya enquistado y permanezca inalterable durante décadas. Abruma ver a un Felipe desesperanzado, "tengo conciencia de que voy a morir y aquí no pisa nadie" en clara alusión a los cargos públicos que en su día le perjuraron poner solución a su conflicto. ventaines2Perdida la esperanza, a Felipe le queda la certeza de que morirá en la Venta de la Inés; mientras le quede un hálito de vida aquel espacio seguirá siendo de su familia y abierto a todo el que quiera conocerlo. En cuestión de dignidad es indestructible. Pero estamos hablando de cualidades intangibles porque en el plano material, nada ha cambiado. Continúa soportando el hostigamiento incensante del "poderoso" y el silencio de políticos que en su día prometieron hacer lo imposible. Para Felipe no hay mayor muestra de desprecio que ésta. A todos los que conocemos esta sórdida historia se nos debería caer la cara de vergüenza. Cuando ya no esté, cuando descanse de tantas perrerías solo quedará el recuerdo de su titánica lucha, un lamento inútil y el peso de la ignominia. Se nos llena la boca de vender los valores que atesora el Parque Natural y resulta que no hay arrojo suficiente para demandar de forma inequívoca una solución a este embrollo. De cara a la galería se prefiere minimizar el asunto y vender las potencialidades de este territorio como destino turístico, el valor ambiental y faunístico que posee, su destacable patrimonio natural e histórico existente pero resulta que no hay forma de dar respuesta satisfactoria a una familia que vive asediada en un elemento patrimonial declarado Bien de Interés Cultural. Ahí es nada. ¿Cómo se come esto? ¿Cómo se lo cuentas al potencial visitante que lee en un folleto promocional el peso histórico que tiene la Venta de la Inés y su entorno cercano? ¿Quién puede entenderlo sin echarse las manos a la cabeza? Nos hemos acostumbrado a la normalización de una ignominia en el Valle de Alcudia, sobran plañideros y el asunto hiede a tanta resignación que recuerda a otra época. La historia de Felipe refleja, de algún modo, el poso de servidumbre que aún existe en el territorio respecto a los grandes propietarios. "Al señorito ni tocarlo" parece ser la consigna de fondo. A excepción de héroes como Felipe Ferreiro, último de una estirpe de gentes que ya no quedan en el Valle de Alcudia.
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