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El capitalismo es desigualdad, y la vida es otra cosa

- 18 diciembre, 2016 – 07:048 Comentarios

gregorioHace dos semanas los/as amigos/as de la Asociación de Docentes de Economía en Secundaria de Castilla-La Mancha (ADES-CLM) me invitaron a participar en las jornadas que organizaron en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Albacete, bajo el lema “Jornadas Educativas de Economía, Empleo, Pobreza y Exclusión Social”.


A continuación reproduzco el texto que sirvió de base a mi intervención.

  1. ALGUNAS IDEAS PREVIAS

Vivimos en un sistema económico, el capitalista o de mercado, donde la desigualdad crece constantemente, especialmente en las últimas décadas. Esta situación ocurre tanto dentro de los propios países, ricos y pobres, como entre ellos mismos.

A la par, las políticas públicas de carácter redistributivo para hacer frente a la desigualdad, cada vez son más raquíticas. Y ello a pesar de que economistas liberales como Keynes tenían muy claro que dichas políticas redistributivas y de gasto público eran claves para afrontar la inestabilidad cíclica del sistema capitalista por la vía de la demanda agregada.

Respecto al gasto público corriente, Keynes justificaba socialmente las transferencias desde el gobierno a las familias de menor renta por su impacto positivo sobre el consumo y en consecuencia sobre la demanda total.

Las políticas keynesianas caen en desgracia en la década de los 80 del pasado siglo cuando son sustituidas por los principios neoliberales y monetaristas, contrarios a la intervención del Estado en la economía y favorables a la desregulación.

El culmen de este cambio de postura tiene lugar con la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992 y más recientemente con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea. A partir de entonces, la estabilidad presupuestaria se convierte en objetivo prioritario, tanto en términos de déficit público (3% PIB), deuda pública viva (60% PIB) e imposibilidad de financiarse a través del recurso a los bancos centrales.

No obstante, desde hace ya varios meses, Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, viene reconociendo el fracaso de las políticas de austeridad encaminadas a conseguir la estabilidad presupuestaria en la Eurozona. La política monetaria lleva varios años con tipos de interés en el entorno del 0%, y la recuperación económica o no se ha producido o es muy débil en los países rescatados de la Eurozona. Tal ha sido el “ataque” de sinceridad del señor Draghi, que ha llegado a afirmar públicamente la necesidad de que los Estados colaboren en la recuperación a través de políticas públicas de gasto o inversión, y lo más radical, glosando las virtudes que tendría un aumento de los salarios para impulsar la recuperación económica.

1.1. Concepciones de la pobreza

En determinados pueblos indígenas africanos, la pobreza o la situación de precariedad de las personas está asociada no tanto a ciertas carencias materiales, sino principalmente a la ausencia de un soporte social en términos de una red familiar o de amistades que ante situaciones de dificultad permiten afrontarlas a través de la ayuda mutua.

1.2. Galbraith y la pobreza de las masas

Comenzamos con la situación de los países empobrecidos. En 1978 John Kenneth Galbraith publicaba La pobreza de las masas. En dicho libro plasmaba su experiencia como embajador de Estados Unidos en la India entre 1961 y 1963, etapa en que el país norteamericano desarrolló un amplio programa de ayuda al desarrollo en la India, especialmente en el sector agrario. En su introducción señalaba:

“No cabe duda de que nuestros motivos eran humanos, al mismo tiempo que sensiblemente egoístas. Pero pronto me persuadí de que nuestros esfuerzos iban desencaminados, y que extendíamos el error a aquéllos hindúes con quienes trabajábamos.

Lo que decidimos que constituían las causas de la pobreza inherente a los hindúes, y contra las que pretendíamos luchar, no se derivaban de algo pensado, sino de la conveniencia. Hablando en líneas generales, sólo existían dos cosas con las que podíamos disminuir las privaciones: a través de la aportación de capital y, en principio, de los conocimientos técnicos productivos. Las causas de la pobreza aparecían, pues, como derivadas de una carencia de capital o de una ausencia de experiencia técnica. El remedio incluía el diagnóstico. Era como, si al poseer la vacuna, identificáramos la viruela. Sólo por accidente, una terapéutica así seleccionada podía propiciar el éxito. Y, por desgracia, no se propició dicho accidente (Galbraith, 1982, 11-12).

Es decir, en las políticas de ayuda al desarrollo se utilizan preferentemente los instrumentos de que dispone el país donante y que más le convienen política y económicamente, sin atender a las verdaderas necesidades de los países receptores.

1.3.Deaton y el escape de la pobreza

Angus Deaton, economista escocés, Premio Nobel de Economía en 2015, señala en su libroEl gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad (Fondo de Cultura Económica, 2015) que son los mismos los mecanismos que desde la Revolución Industrial han permitido tanto el progreso material como una realidad dual entre los pueblos ricos que han salido adelante y los pobres que se han quedado atrás. Escribe que

“El ‘Gran Escape’ de este libro es la historia de cómo la humanidad escapa de la privación y la muerte prematura, de cómo las personas han conseguido mejorar sus vidas y han mostrado el camino a seguir a las generaciones posteriores (…) Este libro trata de la danza sin fin entre el progreso y la desigualdad, acerca de cómo el progreso crea desigualdad y cómo la desigualdad en ocasiones puede ser útil (al mostrar a otros el camino o proveer incentivos para remontar la brecha) y a veces inútil (cuando quienes lograron escapar protegen sus posiciones destruyendo las rutas de escape que quedan detrás de ellos” (Deaton, 2015, 11-14).

Si son los mismos mecanismos los responsables de la opulencia y la miseria, ¿hay vía para un mundo menos desigual?, ¿puede el fin justificar los medios?, ¿puede basarse la opulencia en la condena a la miseria de buena parte de la población?. Nos encontramos ante el permanente dilema económico entre la eficiencia y la equidad. Aquí conviene recordar las palabras de Arthur Okun (1975) “los derechos y poderes que el dinero no debería comprar deben ser protegidos con regulaciones y sanciones específicas (…) Una sociedad capitalista democrática se esforzará por buscar mejores métodos para trazar los límites entre el dominio de los derechos y el dominio de los dólares”.

Deaton (2015) señala incluso el fracaso de la ayuda externa a los países pobres por entender que colabora a mantener gobiernos corruptos y políticas indeseables. En una línea similar a cuando Jean Ziegler afirmaba hace unos años que “A los países pobres no hay que ayudarles, sino dejar de robarles”.

En lo referente a la ayuda al desarrollo, Angus Deaton (2015, 345) se pregunta desde la posición de los países ricos:

“¿Por qué somos nosotros quienes tenemos que hacer algo? ¿Quién nos dio esa responsabilidad? (…) nosotrosfrecuentemente tenemos tan pobre comprensión de lo que ellos necesitan o quieren, o de cómo funcionan sussociedades, que nuestros torpes intentos de ayudar en nuestros términos hacen más daño que bien (…) Cuando nosotrosintentamos ayudar las consecuencias negativas no intencionadas están garantizadas. Y cuando fracasamos, insistimos porque nuestros intereses están ahora en juego (en nuestra industria de ayuda, atendida en gran medida pornuestros profesionales, y que genera fama y votos para nuestros políticos), y porque, después de todo, nosotros debemos hacer algo”

Claro que habría que hacer algo. Podemos comenzar por modificar las reglas del juego que ahora condenan a los países empobrecidos a una relación de dependencia y sumisión. Lo demás no va más allá de tranquilizar conciencias.

Incluso en el caso hipotético que los países empobrecidos requiriesen inyecciones de capital externo para salir de su situación de postración, la realidad de los flujos internacionales de capital funciona justo al revés. Según Armando Fernández Steinko (2008), el monto de capitales que cada año abandona los países más empobrecidos en dirección al Norte rico, es enorme. Entre 350.000 y 800.000 millones de dólares, cifra cinco veces más alta que toda la ayuda al desarrollo que fluye en sentido contrario. Así, la pregunta pertinente es, ¿quién ayuda a quién?.

1.4.           Desigualdad, capital y trabajo

Thomas Piketty (2015, 266-268) señala que la distribución de la propiedad del capital y de los ingresos resultantes es sistemáticamente mucho más concentrada que la de los ingresos del trabajo:

  1. a)La participación del 10% de las personas que reciben el ingreso del trabajo más elevado suele ser del orden de 25-30% del total de los ingresos del trabajo.
  2. b)La participación del 10% de las personas poseedoras del capital más elevado siempre es superior al 50% del total de los capitales, y a veces sube hasta 90% en ciertas sociedades.
  3. c)La excesiva concentración del capital se explica sobre todo por la importancia de la herencia y de sus efectos acumulativos (por ejemplo, es más fácil ahorrar cuando se heredó una vivienda y no se tiene que pagar una renta en forma de alquiler o hipoteca). Una reflexión al respecto. Si la institución de la herencia permite la acumulación y transmisión de la riqueza y explica una parte importante de la desigualdad, ¿por qué se mantiene?.

1.5.           Del proletariado al precariado

En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno nuevo caracterizado por el hecho de que tener un empleo ya no es garantía para satisfacer dignamente las necesidades básicas.

Guy Standing (2016, 222-224) comenta que “El proletariado clásico ha tenido siempre una ocupación estable a jornada completa. Ha sido explotado en el lugar de trabajo en el horario laboral (…)

[Al precariado] “La definen tres grandes características. En primer lugar (…) obligados, a aceptar una vida de trabajo inestable como norma (…) el precariado está tan explotado fuera del espacio y del tiempo de trabajo como cuando se encuentra dentro. Eso es completamente nuevo (…) No tienen ocio, trabajan (…) tiene una presión increíble sobre su tiempo (…) La segunda característica (…) no tiene pensiones, no tiene vacaciones pagadas (…) Depende de salarios monetarios que son descendientes y volátiles (…) El tercer aspecto (…) es que tiene relaciones diferentes con el Estado (…) Esta es la primera vez en la historia que una clase social emergente se encuentra en proceso de perder derechos que han sido adquiridos por ciudadanos del pasado”.

Esta última característica es un cambio importante en el devenir histórico de la lucha de clases (Standing, 2016, 226-231):

– Ésta tradicionalmente se acometía desde el proletariado contra la clase capitalista a través de los sindicatos, y su objetivo último era conseguir una mayor porción de la tarta sin cambiar las estructuras.

– Actualmente la lucha se plantea desde el precariado contra el Estado, por entender que éste es el brazo ejecutor de los recortes sociales que tanto han perjudicado a los más desprotegidos. Los instrumentos de dicha lucha son las nuevas formas de organización social (15M, PAH) y política (partidos emergentes). Su objetivo es abolir las estructuras que definen la existencia del precariado.

1.6. ¿Y la Unión Europea, qué?

En el curso 1989-1990 los profesores Tomás Carpi y Jordán Galduf me impartieron la asignatura Política Económica de los Países Subdesarrollados en la Universitat de València. Seguíamos el manual de Michael Todaro (Eldesarrollo económico del Tercer Mundo) y el ensayo de Raúl Prebisch (Capitalismo periférico). Aprendí que la década de los 80 del pasado siglo fue de retroceso en los ámbitos social y político para buena parte de los países empobrecidos del mundo. De la mano del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se habían aplicado en muchos de estos países políticas de ajuste que los habían atenazado y hundido en el agujero negro de la pobreza y la dependencia. En definitiva, que el capitalismo no es un sistema que introduzca paulatinamente a los diferentes pueblos de la Tierra en las vías de la prosperidad y la democracia. Bien al contrario, cabe hablar de un esquema centro-periferia, de manera que los países empobrecidos y “atrasados” se insertan en él bajo relaciones de dependencia y dominación por parte del gran capital transnacional.

Hace casi un cuarto de siglo, el FMI campaba a sus anchas por los territorios más débiles del planeta, obligándoles a tomar una medicina (las políticas de ajuste) que les condenaba a la postración. Ahora el FMI ha aterrizado en la Unión Europea, y sus hombres y mujeres de negro son los que dictan a los gobiernos las políticas a aplicar, que siguen siendo de ajuste, claro, porque no se les conocen posturas alternativas más allá del pensamiento único neoliberal.

Y de vez en cuando, en nuestra vieja Europa, afloran informes…incluso del propio FMI, que nos hacen caer en la cuenta de que la austeridad mata y propaga el dolor y la angustia de mucha gente, porque no se había tenido en cuenta adecuadamente el efecto multiplicador negativo sobre el nivel de renta asociado a un recorte de los gastos públicos, porque la austeridad y la reducción rápida del déficit público a toda costa impulsa el desempleo y la caída del consumo y la inversión…como si todo ello no se conociera ya a partir de las enseñanzas de Keynes y la Gran Recesión de los años 30.

Lo peor de todo es que aunque por propios y extraños se reconoce el fracaso absoluto de las políticas de la troika en los países periféricos del euro (especialmente los rescatados Grecia, Portugal, Irlanda y España), no se ha cambiado ni un ápice el contenido de dichas políticas más allá de una cicatera ampliación del plazo para que algunos países alcancen el objetivo del 3% de déficit público respecto al PIB.

  1. AFRONTAR LA DESIGUALDAD DESDE OTROS SISTEMAS ECONÓMICOS

2.1.           El Buen Vivir o Sumak Kawsay

Alberto Acosta conecta el Buen Vivir

“(…) con las experiencias, visiones y propuestas de aquellos pueblos (dentro y fuera del mundo andino y amazónico) empeñados en vivir en armonía entre sí y con la naturaleza (…) El Buen Vivir constituye un paso cualitativo importante al superar el tradicional concepto de desarrollo y sus múltiples sinónimos, e introduce una visión diferente, mucho más rica en contenidos y, por cierto, más compleja (…) Critica el concepto mismo de desarrollo transformado en una entelequia que norma y rige la vida de gran parte de la humanidad, a la que perversamente le es imposible alcanzar ese tan ansiado desarrollo, mientras que quienes se pretende ser desarrollados muestran cada vez más señales de su maldesarrollo (…) Para entender lo que implica el Buen Vivir, que no puede ser simplistamente asociado al ‘bienestar occidental’, hay que empezar por recuperar la cosmovisión de los pueblos y (las) nacionalidades indígenas (…) es imprescindible construir otras formas de vida, que no estén normadas por la acumulación del capital (…) No podemos esperar la llegada de la solución ‘técnica’. Nuestro mundo necesita ser pensado en términos políticos. Y en consecuencia tenemos que actuar impulsando un proceso de transiciones movido por nuevas utopías” (Acosta, 2013, 13-20).

2.2.           El posdesarrollo

Serge Latouche cuestiona el desarrollo económico tanto como vía para mejorar el bienestar de las sociedades ricas como para salir de la precariedad en aquéllas sociedades empobrecidas.

“Frente a la mundialización, que no es más que el triunfo planetario del todo-mercado, debemos concebir y promover una sociedad en la que los valores económicos dejarán de ser centrales (o únicos) (…) Debemos renunciar a la loca carrera hacia un consumo cada vez mayor. Esto es requerido no solamente por la necesidad de evitar la destrucción definitiva de las condiciones de vida sobre la tierra, sino también y sobre todo para sacar a la humanidad de la miseria psíquica y moral (…) el progreso, el universalismo, el dominio de la naturaleza, la racionalidad cuantificante. Estos valores sobre los cuales descansa el desarrollo, y muy especialmente el progreso, no se corresponden de ninguna manera con aspiraciones universales profundas. Están ligados a la historia de Occidente, y tienen poco eco en otras sociedades (…) La mayor parte de las sabidurías consideran que el bienestar se realiza con la satisfacción de una cantidad juiciosamente limitada de necesidades (…) Las víctimas del desarrollo tienen tendencia a no ver más remedios para sus desgracias que una agravación del mal. Piensan que la economía es el único medio para resolver la pobreza, cuando es ella mismo quien la engendra” (Latouche, 2009, 12-20).

  1. VUELTA A EMPEZAR

El capitalismo es competencia. La vida es cooperación.

El capitalismo alienta y protege la desigualdad. La pobreza y la exclusión son sus consecuencias naturales.

Procede organizar la vida de los pueblos y las relaciones entre ellos de acuerdo con principios de respeto y austeridad.

La austeridad y la sencillez voluntaria es una obligación moral de las sociedades y las personas del mundo “hiperdesarrollado” cuando somos conscientes que nuestro estilo de vida es depredador de la Naturaleza y dañino para la mayor parte de los seres humanos.
REFERENCIAS:

Acosta, Alberto (2013): El Buen Vivir. Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, Icaria, Barcelona.

Deaton, Angus (2015): El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad, Fondo de Cultura Económica, Madrid (Publicado originalmente en 2013 por Princeton University Press, con el título The Great Escape. Health, Wealth and the Origins of the Inequality)

Fernández Steinko, Armando (2008): Las pistas falsas del crimen organizado. Finanzas paralelas y orden internacional, Catarata, Madrid.

Galbraith, John Kenneth (1982): La pobreza de las masas, Plaza y Janés, Barcelona (ISBN: 84-01-37127-9) (Publicado originalmente en inglés en 1978 con el título The Nature of Mass Poverty, Harvard University Press, London)

Latouche, Serge (2009): Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo, El Viejo Topo, Barcelona (1ª edición en francés de 2003, con el título Décoloniser l’imaginaire).

Okun, Arthur M. (1975): Equality and Efficiency. The Big Tradeoff, The Brookings Institution, Washington, D.C.

Piketty, Thomas (2016): El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid.

Standing, Guy (2016): “¿Una carta de derechos para el precariado del siglo XXI?” en David Casassas (2016): Revertir el guion. Trabajos, derechos y libertad, Catarata, Madrid.

Gregorio López Sanz
Economía, con E de esperanza
http://gregoriolopezsanz.blogspot.com.es/

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8 Comentarios »

  • afrofilipino dice:

    Gregorio, es interesante el relato que nos ofrece. A los economistas nos resulta familiar, y a los que sintonizamos con posiciones críticas con el capitalismo desde posiciones de izquierda aún más.
    Ahora bien, el camaleonismo de la fórmula capitalista nunca ha dejado de sorprendernos, la versatilidad para superar crisis de todo tipo, incluso aquellas que parecía que iban a ser definitivas es la más efectiva que conozco.
    Es verdad que la situación actual, contemplada desde todos los frentes posibles (desigualdad y pobreza, explotación de los recursos naturales, crecimiento de la población, etc.) parece de nuevo insostenible, y como no tenemos capacidad de proyección futura, ni parece serio abonarse a la ciencia ficción, creo que estamos obligados, desde los principios de justicia redistributiva que se establecieron en Europa después de la 2ª GM, a tratar de doblar el pulso a los depredadores del sistema. Eso se hace desde las instituciones y desde la calle.
    Es muy complicado. De hecho, Gregorio, lo menos claro de su artículo se refiere a los postulados del “y ahora qué, o cómo”. La verdad, el buen vivir de los pueblos indígenas, la vuelta a a empezar desde la austeridad, etc, está muy bien y tendrá todo el reconocimiento académico y la comprensión de personas comprometidas que quiera, pero, sin ser una quimera, se le aproxima bastante.

    • afrofilipino II dice:

      continuando:
      particularmente, y aunque deben mejorarse, creo en las armas tradicionales, es decir, dureza regulatoria (me refiero a las grandes empresas) para quienes no comprendan y asuman los principios de responsabilidad compartida y solidaridad, con sanciones de órdago. Los instrumentos deberían ser la vía impositiva (y la persecución del fraude), además de la imposición obligatoria de normas de responsabilidad corporativa.
      De hecho, muchas empresas occidentales ya han advertido la complejidad de la situación económica global y local en sus análisis. En la permanente reinvención del sistema ya están avanzando sus propias medidas en un marco que, en su propia lógica, les permita la obtención de beneficio. En la red, hace poco examiné la página del grupo Otto y cómo esta empresa en su apartado de responsability desarrolla alguno de estos aspectos.
      Por tanto, de acuerdo con la mayor parte de su artículo, pero si al sistema capitalista siempre se le dan dos años de vida, que acaban convirtiéndose en dos siglos, plazo en el que todos estaremos calvos, nosotros y nuestros nietos, dígame cómo hay que empezar a moverse, porque muchos esperan respuestas ahora.

  • Angel Manuel dice:

    La naturaleza humana es capitalista, se la puede limitar, pero no anular. La propiedad es una aspiración legítima. Hasta el mismo Lenin tuvo que claudicar en su programa de colectivización agraria. Stalin llegó después y ya sabemos lo que pasó (asesinatos y deportaciones). El mismo proletariado que apoyó la revolución se opuso a ella.

    El tratar de anular la naturaleza humana, material y espiritual, fue el mayor motivo de caida del comunismo, además de su ineficiencia económica.

    Venezuela y Cuba son ejemplos de socialismos agonicos, solo sostenidos por la imposición de dictaduras. Capítulo aparte seria citar el capitalismo (corrupción) de sus clases dirigentes.

  • Charles dice:

    Sr. López Sanz, mi felicitación por tan interesante artículo. Fundamentalmente, converjo con usted en que la rentabilidad económica no es el motor principal de la vida.
    El capitalismo ha dado como resultado una sociedad de individuos pasivos, dóciles y enajenados.
    Resulta alarmante observar a gran parte de la población aceptar, sin la mínima protesta, la pérdida de derechos, que no se ha producido únicamente en supuestos periodos de crisis, y apuntalar además a una clase dirigente confiando en que serán capaces de dar solución a algo.
    Por eso, es necesario generar individuos sanos y cuerdos que formen una sociedad ajustada a las necesidades del hombre, en la que las relaciones sean verdaderamente fraternales y solidarias, fomentando la cooperación, la creatividad y el deseo de mejorar humanamente.
    Tal como escribía Erich S. Fromm: “la nueva fase de la historia humana, si es que llega a ocurrir, no será un final sino un nuevo comienzo”…

  • peterot dice:

    Lee uno el primer párrafo y ya lo ve mintiendo. Nos cuenta que han aumentado las diferencias entre ricos y pobres cuando realmente se está produciendo una convergencia desde hace ya unas décadas y son los países en desarrollo los que siguen creciendo muy por encima de los “ricos”. Para este tipo los chinos, indios, vietnamitas, … deben ser poca cosa.

    Y uno deja de leer ante lo que es propaganda y el copia-pega de Piketty puesto en cuestión por muchos otros.

    El pensamiento único

  • Censor dice:

    ¿Y qué es el capitalismo? ¿Y qué es el neoliberalismo? Se refiere el autor a países como España, o Francia, donde el peso de “lo público”, del Estado, en la economía es de más del 50%.

    ¿Por qué no quitamos las subvenciones a los agricultores y permitimos así que los países más pobres compitan en igualdad y nos vendan sus productos? ¿No quiere igualdad el autor?

    Y la herencia. Si yo trabajo como un cabr… para hacer un patrimonio que legar a mis hijos, resulta que es injusto, no igualitario. Otra mente, más lúcida que yo claro, determina que no soy dueño del fruto de mi trabajo, que mi patrimonio ha de repartirse (¿con qué criterio y quién lo reparte?) para acabar con la desigualdad. De locos.

    Desde el año 1990, fecha en que la URSS y el comunismo en general cascó, el hambre en el mundo no ha hecho sino reducirse. Según la FAO y el Banco Mundial, la tasa mundial de desnutrición es hoy un 42% menor que en 1990. Pero la solución, según algunos, consiste en volver a la cueva a calentarnos con leña y comer lo que criemos con nuestras propias manos. Y comunismo, mucho comunismo, como en Venezuela y Cuba, cunas de la igualdad.

  • Angel Manuel dice:

    Lo que necesita Occidente es humanizar la economía, no colectivizarla.

    Para ello, hay que proteger a la clase media. Los ricos deberán pagar más impuestos, las Administraciones reducirse, y los trabajadores estar mejor pagados a cambio de ser más productivos estando más cualificados y sus familias mejor protegidas para alcanzar ser clase media, la que el comunismo odia, y la que modera la política.

    Se necesitan certezas. Seguridad y protección social para quien se esfuerce. La desigualdad no puede estar subvencionada a fondo perdido. Ni la riqueza favorecida fiscalmente sin contraprestaciones. Hay que volver a medidas proteccionistas. La globalización no puede hacerse a costa de nuestras clases medias.

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