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Un octubre donde se erigieron palacios decimonónicos, nacieron fotógrafas profetas en su tierra y sacerdotes que historiaron nuestras ciudades

- 24 diciembre, 2018 – 09:08Un comentario

IN MEMORIAM

Manuel Cabezas Velasco. Está languideciendo un año que se ha visto salpicado de grandes acontecimientos, reaperturas e incluso decesos recientes.

A la ya referida, tiempo atrás, reapertura con ampliación del Museo “Elisa Cendrero” de Ciudad Real cabe unir la celebración del 125 Aniversario de la construcción del Palacio de la Diputación Provincial o el merecido homenaje recibido por la fotógrafa puertollanera Cristina García Rodero en su propia tierra, tanto en su localidad natal en forma de museo como al otorgársele el Doctorado Honoris Causa por la Universidad castellano – manchega. Junto a estos hitos, otro personaje a destacar – habitualmente citado en los libros de historia de nuestro terruño – es el del sacerdote Inocente Hervás y Buendía. Igual y desgraciadamente, en estos momentos, también me uno al pesar de la familia del folklore y de la cultura ciudadrealeños ante la triste pérdida de Rafael Romero Cárdenas, y a la de Vicente, mi compañero.

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Muchas líneas ya se han escrito con motivo del 125 aniversario de la construcción del Palacio Provincial. Quizá poco podría añadirse, excepto que las visitas guiadas y teatralizadas que este pasado fin de semana podrían haber finalizado, han visto prolongada su continuidad dado su éxito hasta finalizar los festejos navideños. A ello se había unido, dentro de esta programación conmemorativa, un ciclo de Mesas redondas que tuvieron como eje el propio edificio, siendo sus ponentes los arquitectos José Rivero Serrano y Diego Peris Sánchez y la doctora en Historia del Arte Cristina López López. Dicho ciclo, “125 Años del Palacio Provincial de Ciudad Real (1893-2018)” fue coordinado por el profesor de Historia de Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha Ramón Vicente Díaz del Campo. E incluso cabe destacar el homenaje a los diputados provinciales democráticos que habría quedado reflejado en la edición de un libro.

Remontándonos a hace más de un siglo nos encontraríamos ante una ciudad que apenas tenía cierta relevancia en el concierto nacional. Era una ciudad de provincias en la que la iglesia, la educación para unos pocos y las instituciones civiles y militares eran lo más representativo de la misma.

En las últimas décadas de la centuria decimonónica se estaban erigiendo varios edificios representativos que mostraban una nueva arquitectura y el poder de algunos propietarios del lugar.

El estado de ruina en que se hallaba el antiguo ayuntamiento de la conocida como Casa del Arco obligaba a buscar un nuevo edificio al otro lado de la Plaza Mayor. La entonces iglesia gracias al Priorato de las Órdenes Militares se convertía en Iglesia Prioral Basílica Catedral desde el año de 1875. Junto la edificación del Palacio, otros inmuebles a destacar serían los hoteles Miracielos y Pizarroso existentes en la calle de la Paloma, o el Gran Hotel. También habíamos asistido antes de mediar el citado siglo a la construcción de la Plaza de Toros, que acogería en 1910 el primer partido de foot-ball ante la carencia de instalaciones para tales fines.

Además, en otra de las plazas históricas de la ciudad, la Plaza del Pilar, se habían erigido diversos edificios que mostraban el poderío económico de algunas familias de cierta relevancia. Así, el Gran Casino de 1869 pasaría a ser ocupado sucesivamente por el doctor en Medicina don Federico Fernández y posteriormente ser propiedad de los Ayala. Hoy en día se erige la conocida “Torre de Ciudad Real”, el edificio Cervantes. Y vecina a ella se encontraba la casa de los Barrenengoa (la de doña Margarita), que actualmente acoge un espacioso centro comercial en su planta inferior.

Al otro lado de la plaza, se hallaba la casa de los Messía de la Cerda, cuyo solar sería ocupado posteriormente por el Instituto Nacional de Previsión, actual Tesorería de la Seguridad Social, frente a la Iglesia de los Salesianos.

Otros edificios destacables serían los destinados al mundo bancario, los pertenecientes al Banco Español de Crédito y al Banco de España, este último ocupado como residencia hasta recientes fechas.

Volviendo al edificio que acoge la institución provincial, varios nombres propios habría que destacar en la fecha de su erección, pues aunque comenzase en el año de 1892 no llegaría a término hasta el siguiente.

Entre ellos sin lugar a duda destacan sobremanera el arquitecto que proyectó y dirigió tal edificio, Sebastián Rebollar, y el que parecía sempiterno decorador de edificios de cierta relevancia en la época, el artista Ángel Andrade.

De ellos existen ejemplos sobrados de su vinculación con las edificaciones ciudadrealeñas. De Rebollar qué decir, además del Palacio, entre otros ejemplos obra de este arquitecto vallisoletano, destácanse las construcciones de los desaparecidos Mercado de Abastos en parte del actual solar del ayuntamiento capitalino, la casa de Dámaso Barrenengoa en la plaza del Pilar o su vecino del Banco de España, o el edificio de la Academia General de Enseñanza cuyo solar sería posteriormente ocupado por el Museo Provincial de Ciudad Real, e incluso dejaría su impronta en las obras realizadas en la propia catedral. Para profundizar en ellos son de sobra conocidas las publicaciones sobre los arquitectos Diego Peris Sánchez y José Rivero Serrano. [1]

De Andrade, poco me queda que decir, salvo recordar aquel artículo de efemérides donde me refería al citado artista “Un marzo nevado y de calores acoge invasiones extranjeras, pinceladas de gran maestría y artistas de gran belleza” [2]

A ello tendría que sumarle mi ya lejano en el tiempo referido al citado Palacio, del que rescato el siguiente párrafo:

“aunque la institución provincial había nacido en 1835, este inmueble no verá la luz hasta el período constructivo que va de 1889 a 1893, proyecto que fue encargado al arquitecto Sebastián Rebollar. Tal y como nos señala don Inocente Hervás y Buendía, esta institución tenía su sede previamente en una casa de la calle de Caballeros levantada por el industrial don Dámaso de Barrenengoa -ocupada posteriormente por el Gobierno Civil y por la Academia de 2ª Enseñanza fundada y dirigida por don Miguel Pérez Molina-, aunque por la incomodidad de dichas dependencias la Diputación tuvo que anunciar el concurso de solares y casas para buscar una nueva sede, siendo adquirida la de doña Madgalena Maldonado, aunque por su “sitio excéntrico y por iniciativa de varios diputados se presentó una proposición, pidiendo su venta y la adquisición de otro solar” con unas mejores y más adecuadas condiciones en 1886. Es en ese momento cuando el Prelado de la Diócesis pretendió enajenar el edificio de la Vicaría, oportunidad que la Diputación Provincial no dejó escapar, entablando negociaciones y llevando a cabo su compra por unas 40.000 pesetas, otorgándose la Escritura Pública el 17 de Julio de 1888. Sebastián Rebollar propondría a la Diputación la necesaria adquisición del granero que le estaba unido, antiguo Monte de Piedad, propiedad de doña Catalina Jarava, viuda de don Luis Muñoz, que igualmente adquirió la Corporación por unas 6.000 pesetas. Adjudicado al constructor don Joaquín Castillo, el proyecto de la obra y la dirección de su construcción fueron llevadas a cabo por el arquitecto provincial don Sebastián Rebollar y Muñoz, siendo iniciadas las obras con su primera piedra el 6 de agosto de 1889 y finalizadas el 21 de septiembre de 1893. En cuanto a la decoración y pintura del nuevo Palacio estarían a cargo del afamado pintor local don Ángel Andrade Blázquez, siendo acogidos entre los alumnos pensionados por la Provincia en Roma las obras de autores ya descollantes como don Carlos Vázquez Úbeda y don José Joaquín Flores. La tipología ecléctica que se está marcando desde mediados del siglo XIX será utilizada por el arquitecto provincial, concibiéndose entonces un edificio de corte clasicista. El espacio diseñado era simétrico y axial, partiendo tipológicamente de un Palacio de la Nobleza, aunque solucionando las complejidades de dicho solar con el objeto de cubrir las necesidades funcionales encomendadas. En el edificio la ornamentación mostraba un repertorio austero de origen clasicista, cuya aplicación exterior se correspondía con la mayor o menor cualificación funcional de los espacios interiores. Del proyecto al edificio construido había diferencias notables que solucionaban las necesidades de índole representativa que la Corporación provincial demandaba de manera tácita y que el contenido proyecto de Rebollar no llegaba a satisfacer” [3]. Información a la que habría que añadir la recientemente aparecida en los últimos meses en prensa, además de la documentación elaborada por especialistas en la materia como Esther Almarcha y Marisa Giménez Bedmar. [4]

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Detrás del objetivo de una cámara nos encontramos al siguiente personaje que en recientes fechas ha sido debidamente homenajeado. Hablamos, en este caso, de la fotógrafa puertollanense Cristina García Rodero.

Cuando el 12 de septiembre del presente año el museo que en Puertollano abría sus puertas para homenajear a tan insigne fotógrafa, no sólo habría que equipararlo a hitos de personajes ilustres que en nuestro terruño son considerados como auténticas banderas de sus respectivos pueblos: los pintores tomelloseros López Torres y López García, tío y sobrino, el también tomellosero Francisco García Pavón – que a lo largo del próximo año recibirá su merecido reconocimiento por su centenario –, los piedrabueneros Mónico Sánchez Moreno – inventor, entre otras facetas – y Nicolás del Hierro, poeta, o los pintores ciudadrealeños Ángel Andrade y Carlos Vázquez por citar sólo algunos ejemplos.

Aún por encima de estos es de justicia afirmar que la relevancia de la fotógrafa puertollanera rompe otras barreras no ya sólo por la reivindicación de que una mujer haya adquirido tan merecida fama, sino porque entre sus hitos más destacados se halla el de ser la única integrante de nacionalidad española que entró a formar parte de la prestigiosa Agencia Magnum.

Por reseñar algunos apuntes biográficos al respecto, habría que decir que vino al mundo en la localidad minera un 14 de octubre de 1949.

Con estas palabras ella misma expresa lo que significa el mundo de la fotografía:

“Intenté fotografiar el alma misteriosa, verdadera y mágica de la popular España en toda su pasión, amor, humor, ternura, rabia, dolor, en toda su verdad; y los momentos más intensos e intensos en la vida de estos personajes, tan simples como irresistibles, con toda su fuerza interior” [5]

Su formación académica a nivel de estudios superiores comenzaría en el mundo de las Bellas Artes en 1968, teniendo como primer profesor de pintura al ya mencionado Antonio López. García Rodero así recordaba tal experiencia en una entrevista:

“Fue el primer profesor de pintura que tuve. Yo ni había cogido un pincel, él me puso los colores en la paleta y, conforme él me los puso, los mantuve hasta que dejé de pintar. Era un hombre tan honesto, tan de verdad. Me parecía tan importante la lectura que hacía de los trabajos y cómo enseñaba que yo le perseguía; no esperaba a que viniera a corregirme a mí, sino que iba a ver lo que decía a otros compañeros. Recuerdo aquella época de llorar; cuando me decía que estaba muy bien lo que estaba haciendo me ponía a llorar y cuando me decía que estaba mal me ponía a llorar. Creo que de Antonio López aprendí algo muy importante: sentir lo que estás haciendo” [6]

Tras estudiar pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Madrid, se licenciaría en la Universidad Complutense, iniciando su carrera docente en 1974.

El ejercicio profesional le conduce a dar clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Sin embargo, el rumbo la encaminaría hacia el mundo de la fotografía.

En los años 70, como si de reportajes se tratase aunque con su toque personal, se plantea en 1973 la labor de realizar fotografías de las costumbres y festejos que se celebraban por el territorio español. Para ello recibirá una beca. A ello le seguirían diferentes reportajes sobre tradiciones en otros países.

Pero y ¿cómo surgió su vinculación en el mundo de la fotografía? En la entrevista anteriormente citada así lo refleja:

“Durante la época en que fui estudiante era un instrumento más, fue al salir de la facultad. Tuve dos becas, una en Florencia que tuvo muchas consecuencias, porque iba a aprender y no aprendía, y eso me produjo una gran desazón. Era muy joven e inexperta, creía que iba a ir a una buena escuela y la desesperación de ver que no aprendía nada me impulsó a salir a la calle a fotografiar, me hizo meterme en las huelgas, que en Italia eran casi todos los días y aunque ellos decían que eran peligrosas, para mí eran suaves comparadas con las de Madrid. Me hizo también tener mucha añoranza de España y pensar “con todo lo que yo podía hacer en España”, entonces pedí una beca a la Fundación Juan March y me la concedieron. Esa beca fue la que cambió mi vida, porque la pedí para un trabajo general, pero cuando conocí lo que eran nuestras fiestas populares, decidí que era lo que tenía que hacer. La riqueza y contenido de imágenes que te da la fiesta fue lo que me desvió, no a la fotografía, sino el tema que encontré, que me interesaba, que no estaba hecho y me sentía en la obligación de hacer, de no permitir que solo se conocieran cuatro fiestas importantes con las que el gobierno quería dar una imagen turística del país y, sin embargo, estas fiestas llenas de contenido, tan diferentes unas de otras y con todo el significado que tienen, estaban ocultas. A pesar de lo joven que era, desde el primer momento decidí que quería hacer un libro y una exposición, y tardé 15 años en hacerlo porque cada vez iba encontrando cosas más interesantes y me parecía que quedaban otras por descubrir. En ese sentido fue un placer. Ahora te metes en Google y te sale todo, horarios, hoteles que tienes cerca… pero cuando yo empecé, no; la falta de información y las carreteras fueron lo peor” [7]

El libro del que Cristina García Rodero saldría a la luz en 1989 con el nombre de “España oculta”, ganando el “Premio al Libro del Año” en el Festival de Fotografía de Arlés. Ya por entonces había iniciado su labor docente en el mundo de la fotografía en la Universidad Complutense de Madrid, desde 1983 hasta el año 2007.

Otro Premio recibido en dicho año – 1989 – sería el prestigio de la Fundación W. Eugene Smith, al considerar el enorme valor documental y etnológico de su trabajo además de la calidad estética de su fotografía.

A partir de entonces la labor docente sería compaginada con la creación fotográfica y su colaboración en diversas publicaciones periódicas, tanto de ámbito nacional como extranjero. Consecuencia de todo ello sería el gran salto realizado en el año 2005 al entrar en la agencia fotoperiodística Magnum, convirtiéndose en miembro de pleno derecho cuatro años después. [8]

Durante estos años sus viajes la llevaron a entroncar con diversas culturas y tradiciones a lo largo y año del orbe terráqueo, fruto de lo cual serían sus diversos viajes a Haití donde documentaría los rituales de vudú a través de diversos retratos expresivos y moviendo escenas flanqueadas por observaciones documentales atractivas. Dicho trabajo sería mostrado inicialmente en la Bienal de Venecia del año 2001.

Los premios recibidos por Cristina García Rodero a lo largo de los años han sido numerosos.

Así, entre otros, cabría citar el Planeta de Fotografía (1985), los de Premio Mejor Fotógrafo del Año de la Revista Foto Profesional de Madrid (1988 a 1991), los citados de Arlés y Eugene Smith, el Dr. Erich Salomon de Colonia (1990), el Primer Premgio World Press Photo en la categoría de Arte (1993), el Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura en Madrid (1996), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005) o el Premio Internacional de Fotografía Ciudad de Alcobendas (2011).

A la amplia publicación y exposición de su obra hay que añadir varios libros (España oculta, 1989; Grabarka o monte das 600 cruces: unha peregrinación ortodoxa en Polonia, 2000; Lo Festivo y lo Sagrado, 2001; Cristina García Rodero, 2004; A pereginación a Santiago en Haití, 2004; Benicàssim. El Festival, 2007; y Trastempo, 2010), ser miembro de la agencia Vu durante tres lustros, de la citada Magnum, en 2013 sería elegida Académica de Número de las Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para la Sección de Nuevas Artes de la Imagen, ocupando la Medalla vacante que poseía el afamado director valenciano Luis García Berlanga.

Finalmente recordar, volviendo al comienzo del artículo, que en el presente año en su localidad natal, Puertollano, se abrieron las puertas de un museo con su nombre en el que “El Museo Cristina García Rodero será, a partir de hoy el único que cuente con una sala permanente de una fotógrafa nacional y en él se podrán ver las distintas series que ha ido realizando durante su trayectoria profesional de 40 años como fotógrafa, a las que se sumarán consecutivamente diferentes exposiciones temporales de la artista como “Rituales de Haití”, muestra con la que se inaugura este nuevo espacio expositivo” [9], y su región de origen le rindió un merecidísimo homenaje al otorgársele el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Castilla – La Mancha.

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Finalmente, otra localidad del terruño provincial sale hoy a la luz. Hablamos de Torralba de Calatrava y de uno de sus personajes ilustres: el sacerdote a la par de teólogo que fuera historiador, geógrafo, arqueólogo o sociólogo llamado Inocente Hervás y Buendía. En la capital incluso podríamos hablar de la existencia de una calle que lleva su nombre, la que en tiempos de la Segunda República era conocida como la calle del Esparto y posteriormente de San Sebastián.

Por lo que se refiere a Hervás y Buendía en sí, había nacido antes de mediar el siglo XIX, concretamente un 28 de diciembre de 1842, siendo el menor de los cinco hermanos que llegaron a la edad adulta de un total de diez. Era familia de labradores, siendo su padre Justo Hervás y Monroy natural de Carrión de Calatrava y su madre, Manuela Buendía y Gómez Galdón de la localidad que vio nacer a Inocente, Torralba.

La vinculación entre el mayor de los hermanos, Julián – a los que seguían Manuel, Antonio y Josefa – con el propio Inocente, fue muy estrecha desde siempre, teniendo ambos por destino la vocación religiosa. Ello implicaría que, a pesar de las casi dos décadas de diferencia de edad, su hermano Julián, sacerdote y muy vinculado al carlismo, se convertiría en aquel que tutelaría la vocación del joven Inocente, llegando a pagar sus estudios.

Cuando apenas tenía 14 años, Inocente Hervás iniciaría sus estudios en el Instituto de Ciudad Real, incorporándose dos años después seminario toledano. Allí en junio de 1864 alcanzaría el título de Bachiller y en agosto de 1866 la licenciatura en Sagrada Teología.

Como sacerdote sería ordenado en Toledo el 19 de septiembre de 1868 y el 18 de junio del siguiente año sería designado capellán – director del Hospital Provincial de Ciudad Real.

Seguidamente estaría como coadjutor en Campillo de la Jara (Toledo), pasando en 1873 como cura ecónomo a Lucillos y Alcaudete.

Una década después abandonaría tierras toledanas, obteniendo el Curato de la recién creada Diócesis Prioral de las Órdenes Militares de Ciudad Real, en la localidad de Granátula de Calatrava. Allí le despertaría el interés por las ruinas íberas y romanas y el pasado histórico del lugar, comenzando así su faceta de historiador.

Un lustro después encaminaría sus pasos a Moral de Calatrava como cura ecónomo. Era 1883, residiendo allí hasta 1892, donde sería trasladado a la Parroquia de Tomelloso.

Por aquel entonces ya había publicado “Oreto y Nuestra Señora de Zuqueca”, trabajo que le daría cierta relevancia en el mundillo de la historia provincial, pues un lustro más tarde – en el año de 1888 –sería nombrado Académica correspondiente de la Real Academia de la Historia. A tal distinción le seguirían las de Académico de la Academia de las Ciencias, Bellas Artes y Nobles Artes de Córdoba, de la Academia de la Música, Declamación y Buenas Letras de Málaga, llegando a ser miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Ciudad Real, donde incluso alcanzaría el cargo de vicepresidente. [10]

Durante esos años, su labor de historiador vendría abalada por diversas publicaciones. Así de 1887 ería el “Discurso pronunciado en la solemne bendición de las sagradas imágenes del Santísimo Cristo del Consuelo, Virgen de los Dolores y San Antonio de Padua”. Tres años más tarde saldría la primera edición, desde el mismísimo Establecimiento Tipográfico del Hospicio Provincial, del “Diccionario histórico, geográfico de la provincia de Ciudad Real”. El mismo vería ampliado su contenido y su mismo título nueve años después, conociéndose bajo el nombre de “Diccionario histórico, geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real”, obra cumbre de su producción que años después de su muerte sería nuevamente editada y mejorada en su preparación.

Junto a los trabajos en solitario, también colaboraría en algunas publicaciones. Así, en 1892 y con Federico Galiano, llevarían a cabo “Documentos originales del Sacro Convento de Calatrava, que atesora el Archivo de Hacienda en Ciudad Real”.

Publicaciones siguientes de Hervás y Buendía corresponderían a su etapa eclesiástica en Tomelloso (hasta 1898), localidad en la que cedería una casa al ayuntamiento para que fuese destinado a escuela. Igualmente fundaría el Hospital – asilo de San Víctor. Entre sus publicaciones de 1895 estarían “El Tribunal y Consejo de las Ordenes Militares y el Obispo – Prior de Ciudad Real”, y de 1899 “Resumen de Historia Eclesiástica” – reeditada en 1905 – y “La Motilla de Torralba: Memoria”, además de las publicaciones en La Tribuna y El Mensajero Católico, de 1896 a 1897.

El 1 de junio de 1898, como comisionado, regresó de nuevo a Ciudad Real, a la Parroquia de San Pedro, siendo nombrado un año después párroco castrense de esta localidad. Por entonces también publicaría en el efímero periódico Juventud Torralbeña (1898), colaborando de forma muy activa.

En el año de 1904 un nuevo concurso de curatos le conduciría a obtener la parroquia de la localidad ciudadrealeña de Manzanares, siendo su último destino que ejercería desde el año 1905 hasta su muerte.

Llegaría un año después su “Las obras de la Catedral de Ciudad Real: 1902 a 1904”, siguiéndole las dos últimas obras de su producción bibliográfica “Devoto octavario al Santísimo Cristo del Consuelo, que se venera en la Villa de Torralba de Calatrava” y “Devoto octavario al Santísimo Cristo de la Humildad, que se venera en la iglesia del Antiguo Convento de la Orden de San Francisco del Moral”.

Fallecía el 11 de enero de 1911 su queridísimo hermano Julián, el cual poseía en Mondoñedo una biblioteca que Inocente donó al Seminario Diocesano de Ciudad Real. En ella se mostraban diversas obras científicas y literarias muy escogidas, alcanzando la no despreciable cifra de más de 1500 volúmenes.

Entre sus amistades gozó de nombres tan relevantes como el también historiador Antonio Blázquez, que, aún estando ya entrado en años, siempre le recordaba hurgando entre archivos e inspeccionando el entorno en busca de restos arqueológicos, llegando a descubrir incluso una lápida romana y unas ruinas ciclópeas, que el mismísimo Hervás lo refería en su afamado Diccionario…, de la siguiente guisa: “Próximo a la fortaleza, unos 20 metros a Occidente, se hallan restos de una Construcción Ciclópea…” [11]

Otra de sus amistades sería Rafael Ramírez de Arellano, quien le impulsó para ser nombrado académico en las diversas instituciones anteriormente citadas. Además de ser miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Ciudad Real en calidad de correspondiente de la Real Academia de la Historia, siendo vicepresidente desde 1905.

La documentación usada para realizar sus labores de investigación, sin embargo, adolecían de cierto rigor por su parcialidad ideológica y estar carentes de análisis crítico. Su formación religiosa le llevaba a excluir a personajes liberales e incluso a ignorar datos de eclesiásticos más contemporizadores que él.

A pesar de estas carencias, no hay duda de que su ambición y amplitud de proyectos como el conocido Diccionario son dignos de mérito. Qué duda cabe que en obras donde no gozaba de imparcialidad ni de análisis crítico mostraba sus carencias formativas e intelectuales ante otros eruditos que sí lo estaban. Ejemplo de ello sería su publicación sobre las obras de la Catedral, que contrastaba con la de los relatos de Rafael Ramírez de Arellano o de Eusebio Vasco y Gallego.

Cuando estaba preparando la segunda edición de su Diccionario histórico, geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real, fallecía de hemiplejía un 6 de octubre de 1914.

Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Torralba de Calatrava en el panteón familiar de Servando Díaz Hervás, no figurando su nombre en lápida alguna, tal y como había expresado.

¡OS DESEO QUE DISFRUTÉIS DE ESTOS DÍAS DE CELEBRACIÓN NAVIDEÑA EN LA MEJOR DE LAS COMPAÑÍAS Y QUE EL FUTURO AÑO OS COLME DE PARABIENES!

MANUEL CABEZAS VELASCO

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[1] http://www.latribunadeciudadreal.es/noticia/ZC6C7DC45-C95A-1DD6-B57C2F677BB417AB/Peris-y-Rivero-en-las-charlas-del-Palacio-de-la-Diputacion . https://www.miciudadreal.es/2018/11/21/ciudad-real-los-entresijos-arquitectonicos-y-artisticos-del-palacio-provincial/ . https://manchamedia.com/ciclo-conferencias-125-aniversario/. RIVERO SERRANO, José: El Palacio Provincial y la arquitectura del XIX: razón y crisis de un modelo.

[2] CABEZAS VELASCO, Manuel: “Un marzo nevado y de calores acoge invasiones extranjeras, pinceladas de gran maestría y artistas de gran belleza”, 27 marzo 2017, miciudadreal.es, en https://www.miciudadreal.es/2017/03/27/un-marzo-nevado-y-de-calores-acoge-invasiones-extranjeras-pinceladas-de-gran-maestria-y-artistas-de-gran-belleza/

[3] NAVAS, Estanislao Z. (pseudónimo de Manuel CABEZAS VELASCO): “El palacio decimonónico”, 16 marzo 2013, miciudadreal.es, en https://www.miciudadreal.es/2013/03/16/el-palacio-decimononico/.

[4] GIMÉNEZ BEDMAR, Marisa: La ornamentación del Palacio: de lo accesorio a lo inevitable. Almarcha Núñez-Herrador, María Esther: Un espacio para el poder: historia de un edificio público.

[5] Extraído de https://pro.magnumphotos.com/C.aspx?VP3=CMS3&VF=MAGO31_9_VForm&ERID=24KL53Z0AE

[6] GÁNDARA, Yolanda: Cristina García Rodero: «Cuando salgo a la calle no veo nada; sin embargo, cuando cojo la cámara suceden muchas cosas», Jot Down Cultural Magazine, 2018, en https://www.jotdown.es/2013/07/cristina-garcia-rodero-cuando-salgo-a-la-calle-no-veo-nada-sin-embargo-cuando-cojo-la-camara-suceden-muchas-cosas/

[7] GÁNDARA, Yolanda: op. Cit., en en https://www.jotdown.es/2013/07/cristina-garcia-rodero-cuando-salgo-a-la-calle-no-veo-nada-sin-embargo-cuando-cojo-la-camara-suceden-muchas-cosas/

[8] Cristina García Rodero, primer fotógrafo español miembro de Magnum, en http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/25/cultura/1245955428.html

[9] Cristina García Rodero ya tiene Museo en su Puertollano natal, en https://noticiasciudadreal.com/2018/09/12/cristina-garcia-rodero-ya-tiene-museo-en-su-puertollano-natal/

[10] ROMERO FERNÁNDEZ, Manuel, y SOBRINO, José Luis: “INOCENTE HERVÁS Y BUENDÍA El Sacerdote polifacético teólogo, sociólogo, arqueólogo, geógrafo... historiador”, p. 59

[11] HERVÁS Y BUENDÍA, Inocente: Diccionario…, p. 388.

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