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Elecciones… ¿para cuándo?

- 13 febrero, 2019 – 16:0935 Comentarios

Manuel Valero.- Lo primero que  hay que tener en cuenta como hecho evidente es que los Presupuestos no los ha tumbado la derecha –PP y C,s-cuyo posicionamiento era evidente y más anunciado que la muerte de Santiago Nasar sino los independentistas catalanes y compañía vasca, los mismos que apoyaron al mismo presidente que los ha elaborado.

La política de altura tiene estas cosas, que a veces es tan baja como la estofa humana. Pero todo lo aparentemente enredado tiene la simpleza de la tozuda realidad. El único socio leal y fiel han sido lo de Podemos, pero la aritmética que aupó a Pedro Sánchez a La Moncloa y, lo que es peor, los mismos diputados con los que dialogaba hasta la extenuación sobre mejor modo de darles el placet para levantar frontera y regodearse en su mismedad terrotorial, le han dicho que por muy sociales que sean los Presupuestos -y desde luego lo son- se los vaya metiendo en el forro de la chaqueta. El presupuesto de España ha dependido de un grupo de irredentos. Punto. ¿Y ahora qué? Y sobre todo, ¿qué efectos tendrá sobre las municipales y en nuestro caso en Puertollano la fecha que finalmente decida el presidente para celebrar las elecciones generales?

Cuando sonó el 14 de abril como probable tuve una sensación perversa. Tal fecha tiene una connotación histórica tan potente que subliminalmente podría venderse como un plebiscito sobre la forma de Estado. Tal y como está el debate de sensible no me sonaba tan descabellado: si ganan las izquierdas gana subliminalmente la República y si son las derechas las vencedoras es un salvoconducto para la Monarquía. Luego he oído o leído que tal día es el del cumpleaños del líder Vox. Un dislate, o sea.  Y en ese contexto con las urnas generales abiertas un 14 de abril ya me contarán el eco de fondo que tendría en unas municipales.  Suficiente está la cosa de retorcida y susceptible como para añadir un componente emocional más a algo que por otro lado es tan natural como unas elecciones en democracia. Pero los españoles somos así: cada elección es una pequeña guerrita civil incruenta desde quince años para acá.

Escribo estas líneas antes de saber desde mi modestia provinciana en qué dígito del calendario va a poner el señor Sánchez su dedo presidencial, pero desde luego me atrevo a apostar que no será el republicano día del 14 de abril.

Así que pocas opciones quedan. Si decide gobernar por decreto… hasta otoño aunque sea con la buena intención de sacar adelante leyes sociales, la presión mediática y sus adversarios sería insostenible y un desgaste para los candidatos socialistas, en nuestro caso, Isabel Rodríguez, que a su propia herencia tendría que sumar la de un presidente sin Presupuestos, con los pies de barro, un partido en crisis y en continuo sinvivir y la probabilidad de que esos decretos fueran tumbados en el Parlamento según vaya progresando el juicio contra los independentistas que no quieren otra cosa que dialogar mucho sobre el mejor modo de abrir la puerta de salida del Estado.

Aliviada por  la suspensión del juicio contra el anterior alcalde de Puertollano –hay quien opina que un juicio resuelto y sentenciado la exoneraría electoralmente y acentuaría su candidatura limpia por la factura pagada- la candidata como todos los aspirantes a alcaldes y presidentes autonómicos serían la primera línea de batalla en un clima de desgaste brutal para el partido y el Gobierno.

No sé si en el dédalo de fechas habrá por ahí alguna que se ajuste al mandato constitucional para convocar a generales, pero teniendo en cuenta que el 26 de mayo tiene un pie en el verano y que el verano es mala época para ejercer de ciudadano cuando está la playa a punto de caramelo y que prorrogar la legislatura será como frotar un pedazo de lija sobre  la seda, no queda otra, en mi opinión, que la que se ha barajado también en los medios: el 28 de abril. Resuelta la incógnita, quede el campo de la refriega como quede, pero despejado, los candidatos pueden enfrentarse mejor a las runas locales, explicarse,a convencer, a desmenuzar su programa con el mapa de la evidencia sobre la mesa. Porque un superdomingo, que es como votar en neta clave nacional sería como un tsunami indeseable que se llevaría todo por delante, incluso la idoneidad de los candidatos.

Son tiempo malos para la lírica, lo que no sabemos si lo son también  para la épica. La cuestión última descansa en la inteligencia ciudadana y que llegado mayo el elector sepa distinguir la pepita de oro en este pajar inmenso que se ha convertido hoy la realidad política española. Sea la fecha que sea lo cierto es que Isabel Rodríguez, la candidata socialista se enfrenta al mayor reto de su vida política y con la contradicción de aunar una buena candidatura con un tiempo convulso para el partido en el que milita.

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