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La hora de los robots

- 6 diciembre, 2019 – 11:355 Comentarios

José Antonio Casado. – Quienes hayan trabajado en la redacción de un periódico conocen lo tedioso y aburrido que resulta poner por escrito informaciones como la subida o bajada mensual del paro con las reiteradas interpretaciones de los sindicatos y la patronal, calco, mes a mes, de una plantilla sabida de memoria y reiterada sin recato.

Lo mismo sucede con la subida de precios en algunos sectores o con los resultados de los partidos de fútbol regional, por poner algunos ejemplos.

Quienes trabajan o han trabajado en un periódico también estarán  de acuerdo en que si se consiguiera automatizar este tipo de informaciones,  los periodistas quedarían liberados para dedicarse a los problemas que requieren talento e imaginación. Pues bien, estos trabajos mecánicos ya los realizan robots desde hace años. Fue el primer peldaño de una escalera que va subiendo poco a poco hacia las zonas más nobles de las redacciones.

Existen también robots que facilitan la labor en otros géneros periodísticos que los redactores reciben con alborozo por representar otro paso adelante que acaba con la parte mecánica que toda profesión lleva metida en las entretelas.

La entrevista,  un género periodístico de gran importancia, no está teniendo el espacio que se merece en los digitales al uso. La razón está en el proceso que requiere una buena entrevista. Primero hay que conocer y documentarse sobre el personaje a entrevistar, una tarea ardua; después quedar con él, hacerle las preguntas pertinentes y exprimirle al máximo; a continuación  es preciso volver a la redacción y transcribir las declaraciones; y, finalmente, ponerse a redactar. Un trabajo que lleva horas y mucho tedio y aburrimiento.

Pues bien, hay programas como Rev.com, Trint.com o Termi.com que facilitan esa labor. Andrés Oppenheimer, autor de un libro en el que se analiza el futuro del periodismo, de los restaurantes, de los banqueros, de los abogados, de los médicos y de los docentes entre otros; hecho a base de entrevistas con representantes de cada uno de esos sectores que ya usan la robótica con buenos resultados, dice que “ahora, cuando hago una entrevista presencial, la grabo en mi teléfono inteligente y de inmediato la mando por e-mail a transcribir en  un servicio de transcripción. Luego puedo ir al gimnasio o al supermercado y cuando regreso, dos horas después, la transcripción ya está en mi buzón de correos electrónicos, lista para usarla. Esto me deja mucho más tiempo libre para la investigación, hacer otras entrevistas o simplemente para hacer ejercicio”. Las transcripciones se pagan a la pieza a precios que cada vez son más baratos. El libro se titula  “Sálvese quien pueda”. 

Hay un tercer escalón que facilita todavía más la producción de información. Existen robots que se alimentan con cuatro o seis variantes de crónicas políticas, que las asimilan y las usan como plantillas para redactar por sí mismos otras piezas nuevas que no envidian para nada a las que les han servido de referencia. Dejemos entre paréntesis este peldaño de la robótica creativa porque para hablar de él habría que meterse en los vericuetos de la inteligencia artificial con sus algoritmos y demás parafernalia a la que son muy dados los gurús del Valle de Silicio.

Vayamos ahora hacia abajo.

Talleres.-  La paginación electrónica ha dejado sin trabajo a la mayoría de los diagramadores de los periódicos, que antes eran visibles en cualquier redacción por sus grandes mesas de dibujo y las reglas con las que diseñaban las páginas. Los ordenadores los han dejado hace tiempo en la cuneta.

En la cuneta se han quedado también los “maqueta” (una palabra que, sin motivo alguno, tiene un deje despectivo), es decir aquella parte del personal de talleres que se dedicaba a poner en página y ajustar  los artículos e informaciones que redactaban los  periodistas.

En Lanza, como en la mayor parte de los periódicos de provincias, existían talleres muy abultados. De las casi cuarenta personas que hubo en plantilla, solo seis o siete eran redactores.  Los demás eran maquetadores, ajustadores o personal de administración y de limpieza. Era tal la preponderancia de los talleres que en el Consejo de Administración raramente había un portavoz de la redacción. Esa situación hace tiempo que ha cambiado. Los digitales que han nacido en los últimos años nunca la han padecido.

Pero los “talleres” no van a desaparecer. En el libro arriba citado se dicen también que en un gran periódico de EE.UU “ahora había 80 tecnólogos en la redacción, junto con los casi 700 periodistas del diario. Así es la cara de una redacción moderna, en la que los ingenieros desarrolladores de software, los diseñadores digitales, los administradores de productos, los desarrolladores de programas para teléfonos móviles y los ingenieros de video producen contenido en tiempo real...”.

En los digitales recién nacidos aquí, con dos, tres u ocho redactores también tendrá que haber algún tecnólogo que explique a los periodistas cómo funciona la inteligencia artificial, a qué servicios de transcripción hay que recurrir para evitar los procesos aburridos y tediosos y qué robot es asequible para tenerlo  de compañero de redacción. (Así quedará tiempo para hacer entrevistas y buenos reportajes. ¿Puro ensueño?)

P. D. No me he documentado si existe algún robot capaz de alimentar la gresca con sus comentarios y de aumentar las visitas a este digital (habrán notado que los comentaristas reivindican su papel en la batalla por el clic). Si existe, seguro que repartirá también credenciales de pureza demagógica.

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