Don Mónico o cómo iluminar un sueño

Manuel Valero.- No se puede decir que Piedrabuena no se está volcando con Mónico Sánchez, si no el más ilustre de los piedrabueneros- por eso de la vanidad- sí uno de ellos. José Luis Cabezas, el alcalde del pueblo natal del ingeniero libre que metió el rayo en una maleta para verle los huesos a los enfermos a domicilio, ha dado buenas muestras de ello. De ahí su emoción al final de la velada.

Quizá don Mónico no tuvo ese reconocimiento en vida pese a la deslumbrante idea de materializar una fábrica de aparatos radioeléctricos de utilidad médica en Piedrabuena, pero la Historia es implacable y andando el tiempo coloca a cada quien en su lugar. Siempre resultó extraño ese olvido, hoy desvanecido, que tuvo el muchacho que se vistió de hombre orquesta pero hoy fijado en página indeleble en la historia local de Piedrabuena y en la nacional de la ciencia como atestigua su presencia estable en el Museo de Ciencias de A Coruña-Alcobendas.

Lo último, el primer día de julio: Mónico Sánchez o cómo iluminar un sueño, la personalísima puesta en escena que ha hecho Antonio Laguna, un hombre de teatro integral y constante, sobre un texto de Carlos Santos Silveira. La vida de don Mónico fue teatralizada con rigor, deteniéndose en los momentos clave de la vida del inventor, con un elenco de grandes actores, grandes en su afición y trabajo,  del Grupo Tarambana, que se trasmutaron en los personajes que fueron decisivos en la asombrosa aventura del hijo del tejero y la lavandera, que se hizo estudiante de electricidad en inglés, cogió un barco se fue a Nueva York y regresó rico y famoso en el siempre reducido mundo de la ciencia y participante activo en ferias y congresos y en la asociación de Ingenieros Libres, para quienes pedía las mismas oportunidades que los titulados. Bien por Antonio, sobre un buen texto. Casi una veintena de actores/actrices sobre las tablas ante un público que llenó literalmente el Auditorio. Suerte que tienen los cómicos, saltimbanquis y demás fauna de contar con escenarios dignos en toda la región, donde poder demostrar su talento.

Y eso fue lo que hizo la troupe de Tarambana, con un teatro moderno, minimalista, de movimiento, de caracterización precisa, con imaginativa utilización de luces, paneles y espacios y el material audiovisual con la teatralización del transcurso del tiempo a través de las edades del protagonista. Ocho década, en fin, de vida intrépida, luchadora, emprendedora en una hora de teatro, de la magia del teatro, la taumaturgia del teatro. Entre los asistentes, además del alcalde, una de las nietas de don Mónico, María José Estébanez, el experto en Mónico Sánchez, Juan Pablo Rozas y Paco Millás, un hermano del escritor Juan José Millás, fervoroso admirador del inventor

Ya le hubiera gustado a don Mónico estar sentado sin ser percibido en alguna butaca del auditorio para ver lo que dieron de sí los años que tuvo la suerte de vivir, pese a los infortunios, tal y como hacía cuando convirtió parte de su fábrica en un cine, un maravilloso canto de cisne, y él veía en la pantalla el inabarcable Nueva York, cuyas calles pisó en dos ocasiones: una de emigrante, y nuevamente como un caballero, superada la infamia a la que le sometieron anarquistas y fascistas.

Una iniciativa estupenda, cultural hasta la raíz, que se volverá a representar en septiembre cuando las fiestas piedrabueneras en honor del Cristo de la Antigua, y que bien merece volver  a encarnarse en otros escenarios.

Piedrabuena se ha reencontrado definitivamente con un hombre que de no mediar una maldita guerra fratricida quizá hubiera convertido el pueblo en un centro tecnológico-médico de vanguardia. Pero la Historia no se escribe con los qué hubiera ocurrido si… Y lo que ha ocurrido es que pronto don Mónico tendrá su propio museo en el pueblo que lo vio nacer, gracias a la gestión del Ayuntamiento, que, justo es reconocerlo, se ha esmerado -lo viene haciendo desde años-para que la memoria de don Mónico, y sobre todo, su ejemplo de rabioso emprendedor constituya un acicate para los jóvenes y una oportunidad de ocio para los visitantes que aprovechen una buen baño en La Yedra para darse una vuelta para el Museo y de paso, disfrutar de la gastronomía nuestra que como la Scarlet Johansson, está muy buena. Si me permiten la licencia.

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3 COMENTARIOS

  1. Oiga usted Valero, digo yo, que a don Monico, sentado en su butaca viendo la obra, no le hubiera gustado ser percibido, pasar desapercibido vaya. Aunque desde luego, ser apercibido, no le gusta ni a don Monico ni a nadie.

  2. Pues lleva razón. Percibir y apercibir son dos palabras distintas. Y también hay una cosa que se llama contexto, aunque no eludo el error: sí el horror de no saber qué escribía. Los escritores nos equivocamos con las herramientas que usamos. Gracias a su irónico comentario, corregiremos el error. Muchas gracias.
    PD. Lo de indicarle que su Mónico no lleva acento no es por venganza eh?

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