Notas de estío 2. Cuartos traseros

La aparición del bikini en 1964, fue un hecho de largo calado.

Y no se, si largo aliento también.

Tan largo, como lejano resulta el atolón  Hawaiano, donde se efectuaban pruebas nucleares que acabaría dando nombre a cierta desnudez femenina.

Tan corto aditamento entonces, como raro hoy resulta el bipieza para el baño.

En la arqueología del vestuario de baño, el bikini inició una deconstruccion significativa camino de no se sabe donde.

Se quiso ver, el gesto del ingeniero mecánico, Louis Reard, como un anticipo factico de la liberación sexual y de la liberación femenina que comenzaban a estirarse en esa década.

Una liberación personificada por la modelo Michelle Bernardini.

Primera mujer en llevar un bikini en público.

Hoy, todo eso es una frusleria y carroña sentimental.

Cuando se descubren otros territorios corporales mas abultados.

Y se arrinconan las dos piezas de Reart.

Primero por la moda del Topless y luego por la aparición del  continente trasero, en un ejercicio que merece otras interpretaciones.

Como ocurre con la pieza denominada tanga que descubre las nalgas leves o los cuartos traseros voluminosos.

Que sustituye a la braguita originaria y la somete a un proceso de jibarizacion.

Proceso que asola las playas litorales y continentales, mostrando lo pequeño que es el mundo, lo rápido que avanzamos hacia atrás y lo prominente de las nalgas de los usuarios.

Y digo usuarios, a sabiendas que son más las usuarias que los usuarios.

Pero ese es otro debate analítico.

En un proceso de observación, la tanga o el tanga (llamado de las dos formas ambivalentes), poscede a la braga brasileña y precede al hilo dental.

Que es como la llaman en muchos países.

Hilo dental que es la poca tela que queda entre los glúteos.

Y que es como volver  a los orígenes de los indios tupi, usuarios primitivos de indumentarias parecidas.

O, incluso, volver a las modas de los originarios de Tanganika.

Mas allá de esas denominaciones estrechas y oblicuas, como el Semihilo venezolano o la Cola de ballena anglosajona, pueden observarse formatos variados.

Fruto de la combinación de diseño y anatomía humana.

Pueden observarse una T mayúscula aposentada sobre el territorio dorsal.

Puede descubrirse una Y griega, como el trazado del AVE vasco.

Y anotarse una suerte de triangulo carnal tapado.

Incluso una especie de Corazón postulante, reclamando atención y atenciones.

Una suerte patio trasero, donde cabe todo.

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