Dos periodistas: Arturo Gómez-Lobo y Francisco Colás (4)

Isidro Sánchez.– Pero la vida sigue y en muchas ocasiones solo los que padecen la represión o sus más allegados son plenamente conscientes de la situación. La propaganda de los dirigidos y censurados medios de comunicación, de una prensa atada, desarrolla el halago fácil al dictador y a su régimen. El control social se extiende tanto mediante la censura directa, hasta la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, como con la autocensura a partir de ese año, cuando abundan límites, multas y sanciones. Ya muerto Franco, el poeta y cantautor Joaquín Sabina rememora en la canción “De purísima y oro” la tremenda posguerra (19 días y 500 noches, Madrid, 1999). Recuerda los fusilamientos y las frecuentes temáticas escapistas y evasivas de los periódicos, que huyen conscientemente de la realidad, en estas estrofas:

                                               A la hora de la zambra, en “Los Grabieles”,

                                               por Ventas madrugaba el pelotón,

                                               al día siguiente hablaban los papeles

                                               de Celia, de Pemán y del bayón.

                                               Habían pasado ya los nacionales.

                                               Habían rapado a la señá Cibeles.

                                               Volvían a sus cuidados

                                               las personas formales.

                                               A la hora de la conga, en los burdeles,

                                               por San Blas descansaba el pelotón,

                                               al día siguiente hablaban los papeles

                                               de Gilda y del Atleti de Aviación.

BMG – Ariola 1999

            La cuestión es clara: terror y propaganda. Para construir la denominada Nueva España los vencedores tienen que limpiar primero el solar, para poder levantar después su edificio. Y los oponentes estorban. Son muchas las referencias que Franco y sus secuaces hacen a esa limpieza, pero se puede recordar una, cuando el militar golpista se dirige a los hombres de negocio en Barcelona el 28 de enero de 1942 (El Caudillo en Cataluña, Madrid, 1942, pp. 38-39): “En este camino hemos trazado las directrices. De estas directrices no nos apartará nada ni nadie. La consigna a la nación está dada, la vida civil va a discurrir en la organización de la Falange, con sus Sindicatos, con sus C.N.S. y con todas las actividades que está encargada de organizar. El que quiera y tenga la conciencia limpia, como vosotros, ha entrado y ha tomado allí su dirección y su consigna; el que no quiera, tened la seguridad de que, por el bien de España, por la salud y el porvenir de nuestra Patria y de todos los españoles, ya que así lo hemos jurado sobre la sangre de los que cayeron, será arrollado (Ovación clamorosa)”.

            Si el “Caudillo” discursea esas lindezas, es fácil imaginar lo escrito tras sus peroratas en los mediatizados periódicos, pues la propaganda de la dictadura funciona de manera terminante. Franco visita distintas localidades de Cataluña entre el 25 y el 31 de enero de 1942 y, como muestra, se pueden ver esos días editoriales, artículos e informaciones, por ejemplo, de ABC (Madrid), Arriba (Madrid), Libertad (Valladolid), El Noticiero Español (Zaragoza), Pueblo (Madrid) o Solidaridad Nacional (Barcelona).

Barcelona 1978

            Por su parte, José Gutiérrez Ortega, director del diario Lanza, escribe tiempo después, el 30 de julio de 1943, cosas como está en “Franco manda, la Falange obedece”: “Ocurra lo que ocurra, nadie podrá hacernos la más ligera presión, pues el sólo pensamiento de esto crispa nuestros nervios y un deseo de lucha a muerte se enciende en nuestros corazones. Nadie lo ha intentado ni nadie lo intentará, pero el simple anuncio de su posibilidad nos haría coger el fusil con solemne juramento de exterminio y si la Historia sirve para algo, que aprendan en ella a lo que se exponen los que intenten tamaño desafuero”.

            Miedo y terror se extienden por España. Así lo relata, por ejemplo, José Hidalgo Medina en una carta de 1970: “Pero había algo que aterrorizaba tanto o más que los propios fusilamientos, y era cuando se presentaban a altas horas de la noche a detener a alguien, sin que nunca se supiese a quién le iba a tocar la bola (…) Cuando se restableció la vida ciudadana y la gente fue saliendo a la calle, veía usted a sus amigos y conocidos, muchos de ellos envejecidos, encanecidos por el miedo y por el sufrimiento de tantas angustias pasadas. Todavía, al cabo de los años, tiene la gente un miedo instintivo, heredado de los padres que vivieron aquellos horrores…” (Manuel Barrios, El último virrey. Queipo de Llano. El personaje más fascinante, contradictorio y dramático de la guerra civil, Barcelona, 1978, pp. 115-116). Es decir, se desarrolla un ambiente de temor y pánico. Algo así como un miedo colectivo, que trato en “El miedo, ley para todos. Asociacionismo y sociabilidad durante la dictadura franquista” (Memoria e historia del franquismo. V Encuentro de Investigadores del franquismo, Cuenca, 2005, pp. 101-152).

Barcelona 2021

            El autor Antonio Muñoz Molina describe bien la atmósfera social generada en su obra titulada Volver a dónde (Barcelona, 2021): “Todo lo infectaba la aspereza de un régimen político malencarado y cuartelario. En los actos públicos jerarcas de gafas fúnebres de sol, bigotillo fino y correajes ladraban secamente los llamados gritos de rigor: «Viva Franco, Viva España, Arriba España»”. En ese ambiente, la protesta y la demanda es poco aconsejable, como recuerda el escritor: “Quejándose uno se destacaba y por lo tanto se ponía en peligro, a sí mismo y a los suyos. Decían: «Tú no te señales». Detrás de aquel código arcaico estaba la huella del terror que no nombraban, y del que ni siquiera necesitaban acordarse, porque la derrota en la guerra se lo había tatuado a todos en el alma. «Pase lo que pase tú no te señales»”.

            Hemos oído muchas veces frases como “no te metas en política, no te señales”, “calla y no te señales”, “mejor no te metas en esas cosas”, “tú no te señales, intenta pasar desapercibido”, “tú no te señales, tú ver, oír y callar”… Y así, cantinelas sin fin. La idea que expresan hicieron mucho mal durante la dictadura. Quedó tan grabada en nuestro subconsciente que marca, incluso tras el franquismo, nuestra forma de actuar y comportarnos.

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