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¿Por qué mueren los árboles de Ciudad Real?: “Ni los tenemos en cuenta ni respetamos sus necesidades”

- 5 agosto, 2013 – 00:079 Comentarios

Eusebio Gª del Castillo Jerez.– A lo largo de las últimas semanas se ha producido una insólita sucesión de roturas de ramas y caídas de árboles en diferentes zonas de la ciudad. Abordamos con Pilar Ruiz Lopez, bióloga especialista en botánica y apasionada de la jardinería y el arbolado urbano, las causas de estos desplomes.

arboles03Desde que se proyecta un jardín hasta que se hace adulto, pasan 50 ó 60 años, tiempo suficiente, según Pilar Ruiz, para proyectar las cosas bien. Y es que, en opinión de esta bióloga, a pesar de lo que ha evolucionado el conocimiento científico sobre la cría de seres vivos, incluidos los árboles, los jardines están mucho peor que aquéllos de finales del siglo XVIII y principios del XIX. “El abismo de los últimos 50 años es incomprensible”, asegura. “Hemos querido llenar la ciudad de árboles pero sin tenerlos en cuenta ni respetar sus necesidades”.

El árbol urbano tiene que cumplir tres cometidos: “el primero, fundamental, es proporcionarnos oxígeno; otro es meter un poco de medio ambiente en la ciudad y, por último, también cumplen una función estética”. Un mal emplazamiento, podas indiscriminadas y las obras que se realizan en el entorno de los árboles, afectando a sus raíces, son los principales motivos que los conducen una muerte temprana. Las podas debilitan la parte superior del árbol, provocando enfermedades o la aparición de ramas débiles y quebradizas. A éstas habría que añadir la asfixia de las raíces, como consecuencia del asfaltado; las raíces superficiales por el riego por goteo; o los excrementos de los perros, que son tóxicos, para entender por qué se pudren y se caen nuestros árboles. No es un problema que afecte a una ciudad concreta o a un gobierno en particular; se trata de una cuestión cultural: la perenne falta de respeto a un ser vivo, el árbol, enraizada en el inconsciente colectivo.

Una mala plantación y la elección de la especie
Pilar Ruiz advierte de que no se siguen criterios lógicos de plantación. “Se ponen árboles con una copa de ocho metros de diámetro en una acera de dos “. En pocos años, las ramas se meten en las casas, restan luminosidad a las viviendas y provocan problemas por los insectos o los pájaros. Los plataneros de la Avenida del Rey Santo son un “disparate”, asegura, “en Granada hay plataneros de cuatro metros de ancho”. “Cuando esos árboles tengan un diámetro de un metro habrá que cortarlos; ya están levantando el acerado y rompiendo cañerías, es decir, costándonos dinero a los ciudadanos”. Una mala plantación y selección de la especie no sólo acarrea incomodidades y costes, también hay que tener en cuenta que un árbol de 200 ó 300 años de esperanza de vida, no podrá superar ni siquiera los 20 años.

“El tamaño del alcorque debería ser igual que la proyección de la copa en la acera”, explica. “Si no tienes acera para un alcorque grande, pon un árbol más pequeño”. Cita como ejemplo lo que se hacía en los paseos de Madrid: “se dejaba un alcorque de un metro por un metro y una reguera, para que por lo menos esas dos raíces sí pudieran crecer”. En muchas ocasiones, señala, se plantan árboles que no van a poder a llegar a ser adultos, porque el espacio que tienen libre es el de una maceta. “Tenemos bonsáis urbanos”, se lamenta.

En el Parque de Gasset, en medio del paseo que conecta la zona de juegos infantiles con una conocida terraza, quedó embutido, tras las obras, un pino, además inclinado en ángulo de 45 grados. “¿No sería más lógico que estuviera cortado?… que se acaben los falsos pudores”, reclama Pilar Ruiz. “Si no hemos sido capaces de mantener con vida un árbol en condiciones dignas, pues se corta y otra vez no se vuelve a poner un árbol donde no corresponde”.

Asimismo, cita algunos ejemplos de mala elección: plantar chopos en las ciudades, un árbol que provoca muchos problemas por alergias;  los tejos del parque de Gasset, una especie protegida pero que produce unos frutos rojos tóxicos que están al alcance de los niños; o los olmos de bola de la Plaza de la Provincia, que se han tenido que recortar porque chocaban contra los edificios. Por otro lado, en la vía verde, se ha diseñado un seto a base de plantones de encina, “y eso no es un seto, son árboles”. Según Pilar Ruiz, tarde o temprano tendrán que cortarlos porque, además, están apenas a medio metro de distancia unas de otras. “Y estamos hablando de seres vivos, esas encinas no pueden ser un seto”. Comenta que hay quien ha plantado un sauce llorón en el jardín de una unifamiliar con una piscina al lado; o un olivo en una terraza, por una simple cuestión estética. Casos en los que en lo último que se piensa es en el propio bien del árbol y en sus necesidades.

Niños jugando bajo un tejo en el Parque de Gasset

Niños jugando bajo un tejo en el Parque de Gasset

Ruiz López insiste en la importancia de la planificación, pues “se sabe lo que va a medir un árbol de adulto, qué sistema radicular tiene, qué enfermedades padece, o qué efectos puede producir a la población”.

Las podas
Una idea muy extendida y errónea es la de pensar que cuanto más se poda un árbol, más se sanea. Según la bióloga Pilar Ruiz, “en esta provincia nos gusta podar los árboles como si fueran viñas, nos creemos que son como las plantas trepadoras, que las podas y aparecen muchas ramas con vigor”. Y lo que salen son ramas muy largas, mal ancladas y que debilitan al árbol.  Según los expertos, no se debe desmochar -cortar las ramas a ras del tronco-. “El árbol, para poder tener la masa de hojas que necesita para tirar de la savia hacia arriba, produce muchas ramas finas”.

arboles02“Los plataneros se desmochan, en ocasiones, para no tener que recoger las hojas”, afirma. “Pero no cicatrizan, por ahí entran agua y hongos, y el árbol se pudre”. Y, según Pilar Ruiz, es lo que le ha pasado al emblemático árbol de la entrada del Parque de Gasset. Estaba podrido por los hongos de las podas.

El tercie es cortar las ramas del árbol por las puntas, dejando aproximadamente un tercio de su longitud; “es menos agresivo, pero sigue siendo una barbaridad innecesaria”. En la mayoría de los casos, las podas se llevan a cabo como consecuencia de un mal emplazamiento. “Si no pusieras un árbol a un metro de las casas no tendrías que podarlo”. “En calles como la del Tinte, en las que no da el sol -apunta-, los árboles son innecesarios y más en aceras tan estrechas”.

Según comenta Pilar Ruiz, es muy raro que una ventolera parta ramas de árboles en el campo; sin embargo, en las ciudades, al ser las ramas tan frágiles, porque son ramas de supervivencia como resultado del terciado o el desmoche, éstas acaban quebrándose.

Las infraestructuras y obras que hace alrededor
El último de los grandes enemigos de los árboles de ciudad son las pavimentaciones, las canalizaciones y las obras de remodelación urbana, por las que se acaba cortando raíces y rodeando los troncos con baldosas o asfalto. Cuando los árboles tienen una asfixia de raíz, esto les provoca una cicatriz abajo en el tronco en forma de triángulo. “Es de la podredumbre -indica- y todos los olmos de la Ronda, por ejemplo, están afectados y muestran muy claramente estas cicatrices”. Añade que, en la Plaza del Pilar, se ha tapado el tronco a los árboles, y esto “también es fatal”. “Tan malo es bajarle la tierra y dejar las raíces fuera como cubrir el tronco, transformándolo en raíz”, explica. “Eso hace que se pudran”. Calcula que la remodelación del Pilar tendrá unos veinticinco años, “por eso es normal que empiecen a caerse los árboles ahora”.

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Cicatriz por asfixia de las raíces en un olmo del Parque de Gasset

En la puerta de Lanza, recuerda, había un árbol “precioso”, una morera de papel, que se cayó entero de golpe. No tenía raíces, nada más que unos gusanos enormes debajo del tronco. Habían asfaltado alrededor del árbol, 30 ó 40 años antes, no tenía ni alcorque.

Árbol de la suerte
El conocido como árbol de la suerte, no tuvo tal, porque además de estar aquejado por la pudrición como consecuencia de la podas y la asfixia de las raíces, murió finalmente afectado por grafiosis, una enfermedad que afecta a los olmos y que en la década de los noventa acabó con olmedas enteras.

arboles05El olmo del Parque de Gasset
El olmo que flanqueaba la entrada al parque, los de la Plaza del Pilar, y alguno que hay en El Prado, son de principios del siglo XX, aproximadamente. “Que no digan que son viejos, tienen un tercio de su vida”. Un olmo bien cuidado, aclara Pilar Ruiz, puede vivir hasta cuatrocientos años, “y al que se ha caído se le calculaban 120”. Es decir, no había llegado ni a la mitad de su vida.

Se vienen abajo ahora porque están afectados por la podredumbre de la raíz, un proceso lento que dura años. “Si ése se ha caído van a empezar a caerse los demás, salvo los que están en los jardines”. Los árboles se mueren por mal cuidado, por no tener las condiciones adecuadas que le alargarían la vida.

Esta experta argumenta que, para construir la fosa de la fuente que hay junto a la entrada del parque, tuvieron que cortarle raíces al olmo, “de eso puede hacer 25 ó 30 años”, y lo mismo ocurriría cuando embaldosaron el paseo principal. Es decir, en los últimos 50 años, entre podas y obras, el árbol ha recibido agresión tras agresión. “¿Y ahora qué quieren? ¿Crear una momia ahí? Van a hacer un monumento a la estupidez humana”, asegura.

arboles06Los olmos de la Ronda
Cuando se construyó la Ronda, recuerda, pusieron todos los olmos que la bordean. “Algunos son más jóvenes, pero en la Ronda del Carmen y la Ronda de Alarcos, los olmos tienen alrededor de cincuenta años”. En cualquier momento, advierte, comenzarán a caerse, “porque todos están con los bordillos levantados, pegados al asfalto y les han tapado completamente las raíces”. “Si se cubren las raíces ¿por dónde recibe el árbol el agua, los nutrientes que necesita y por dónde respiran las raíces?”, se pregunta. Entonces, señala Pilar Ruiz, las raíces se pudren “y te encuentras con un árbol de cuatro metros de copa, ocho de altura y con un peso de 800 kilos en cada rama”. En cuanto se moja el suelo por una lluvia fuerte o en cuanto recibe un golpe de viento, se cae.

Raíces cortadas en los jardines de El Prado

Los jardines de El Prado
Con El Prado va a ocurrir igual, vaticina Pilar Ruiz, “ahora lo embaldosan”. Los olmos son árboles de río y tienen muchas raíces superficiales, al contrario que una encina o un pino, que tienen prácticamente una raíz que va hacia dentro. Al embaldosar El Prado, avisa,” esas raíces se van a morir, a lo que hay que añadir que otras ya las han cortado“. “Los árboles acabarán por caerse”, sentencia.

Una solución, según esta experta, que podría haber servido para compatibilizar la obra con el respeto a los árboles, habría sido “dejarles el alcorque que necesitan, como mínimo de dos por dos metros, y pavimentar el resto; y además haber utilizado adoquines sin cemento, que permiten las filtraciones”.

Una vez que El Prado acabe embaldosado, los árboles mostrarán síntomas de mal estado dentro 25 ó 30 años. Un plazo demasiado largo como para que a los políticos, que viven anclados en el corto plazo, les preocupe el futuro de los árboles.

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9 Comentarios »

  • Juan dice:

    Creo que es un buen artículo que debería servir de guía a nuestras autoridades municipales. No soy entendido en la materia, pero siempre me he quedado sorprendido con las brutales podas que el Ayuntamiento capitalino ordena realizar en los árboles de la ciudad. Cuando llega el calor apenas si tienen hojas y ramas para dar sombra y generar oxígeno. Hace tiempo, un ingeniero de montes, me dijo que esas podas -a las que también alude la autora del artículo- minaban la salud de los árboles, a parte de impedir dar sombra y oxigeno. Según este hombre, las podas únicamente deben servir para cortar ramas enfermas y en caso extremo las que pudieran poner en peligro bienes o personas. No sé quién ordenará las podas indiscriminadas que realiza cada año el Ayuntamiento de Ciudad Real.

  • Jose María Alía dice:

    Excelente artículo. Didáctico, riguroso e informativo. Gracias a Pilar y a Eusebio por su gran trabajo. Y a ver si los genios que nos gobiernan cogen alguna idea (no pido mucho: una o dos,para empezar, porque probablemente más no puedan asimilar de golpe) y racionalizan nuestro patrimonio vegetal antes de que una rama caída mate a algún ciudadano.

  • Blisterr dice:

    Eusebio, has bordado el artículo-entrevista, y has elegido a una auténtica mina de sabiduría. Pilar es una enciclopedia de la biología que muchos deberían haber usado más. Ella sabe a qué me refiero y el gran respeto que le tenemos los que la conocemos de manera profesional.

    Ha sido un placer leer este texto y volver a “escuchar” a Pilar. A ver si el eco de sus palabras se cuela por la Concejalía de Sostenibilidad.

  • chusti dice:

    Podríamos escuchar las opiniones de quien tiene conocimientos y dejar de obedecer a quien promete el oro y el moro para darnos un cagarro.

  • mendana dice:

    Este articulo demuestra, que quien sabe debe ser escuchado y sus opiniones aplicadas, por que no son opiniones, son conocimientos.

  • Desde Ecologistas en Acción-Ciudad Real queremos felicitar a Pilar Ruiz, a Eusebio García y a “miciudadreal.es” por este magnífico reportaje.
    Suscribimos íntegramente los datos y opiniones de esta bióloga, que aporta altas dosis de sentido común, de ciencia y de sensibilidad.
    Las actuaciones de los servicios municipales de parques y jardines, en la mayoría de nuestros pueblos y ciudades ha sido, y continúa siendo, absurda, irracional y antinatural.
    Enhorabuena.

  • Luis Mario dice:

    Buen artículo Eusebio, buena entrevista; buena bióloga Pilar y sobre todo bien explicado sin excesivos tecnicismos.
    Yo opino que tiene razón en lo que dice y aunque alunas cosas pueden tener su grado de discusión, creo que en general es bastante asumible como opinión autorizada en el tema arbóreo.
    El problema es…¿quien la escuchará?

  • JFernandez dice:

    Está claro que voces autorizadas y expertas en la materia debieran ser consultadas siempre a la hora de planificar cualquier proyecto. Autoridades, en gastos que a buen seguro los ciudadanos consideramos una inversión diremos siempre que sí, y todo lo contrario para engordar los mal llamados asesores en la mayorìa de las ocasiones.
    A lo primero podríamos calificarlo como decente, honrado, profesional, riguroso, eficiente… Y a lo segundo que cada cual lo llame como le parezca.

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