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Homo contaminantis

- 15 octubre, 2018 – 09:14Un comentario

Razones para la desconfianza mutua, las hay. Por ejemplo, cuando en una zona de nuestro Estado se produce una catástrofe, nuestros recursos son suficientes como para recomponer los daños sin implicar a terceros países. Por desgracia, cuando sucede en países pobres, tienen que intervenir organismos internacionales. Pero cuando UNICEF hace llamamientos a la población para que ayude a aquellos damnificados mediante aportaciones económicas, cabe pensar que algo falla, que no se administra bien el presupuesto de estas organizaciones, como para que tengan que recurrir al bolsillo de ciudadanos de países como el nuestro.

El actual cambio climático, debido a la acción del Hombre –probablemente junto al desarrollo tecnológico – es uno de los factores de cambio y de los problemas más importantes que tiene nuestro Mundo,si no el que más, porque afecta a todo: la salud, la economía, la alimentación, la energía,las migraciones, etc. No obstante, aunque todos seamos corresponsables, es evidente que hay distintos grados de corresponsabilidad, siendo los mayores responsables los intereses estratégicos de las grandes corporaciones de la energía, y las ambiciones económicas de los países más industrializados,que hacen fracasar sistemáticamente las cumbres de Estado a nivel mundial organizadas por la ONU para acordar soluciones globales.

Además de la contaminación atmosférica, una de las causas más preocupantes del impacto de la contaminación en el medio ambiente, tiene que ver con la inclusión de agentes contaminantes en la cadena alimenticia. Por ejemplo, el impacto que causa el uso de productos agrícolas agresivos en el medio ambiente o las aguas, y la tolerancia con estos usos. Según un reciente estudio, los pesticidas acaparan entre el 60 y el 80% de los elementos contaminantes que se adhieren al plástico en el mar. O también el impacto del uso de plásticos, su degradación (hasta llegar a las micropartículas) y el factor de riesgo cancerígeno que aporta. Podríamos pensar que nuestros desechos no llegan al mar, pero probablemente los plásticos que enviamos a los vertederos de residuos orgánicos sí que terminen disgregándose y sean absorbidos por la tierra.

Las administraciones y las instituciones son responsables últimas de la degradación del medio ambiente, tanto por regular los límites máximos de agentes contaminantes, como por poner los medios para que los ciudadanos actúen correctamente, como por el nivel de tolerancia ante las infracciones de algunos que hayan de perjudicar al conjunto de la sociedad. Una tendencia de nuestras instituciones es la de confundir sensibilización con culpabilidad, para hacernos a “todos” sentirnos culpables de cosas de las que “no todos” somos responsables.Así, la U.E. ha establecido una Directiva para la eliminación progresiva de las bolsas de plástico en 2021. En aplicación de la misma, como medida disuasoria, a partir de julio de 2018, los comercios españoles tendrán que cobrar por ellas 5 cms. Pero no crean que así desaparecen ni los envases ni los plásticos, porque la misma ley permite el uso de bolsas para basuras, envoltorios de comercios a distancia, envases higiénicos, envases de productos alimenticios, o plásticos que prevengan el desperdicio alimentario. Tampoco crean que la restricción de uso de bolsas de plástico solucionará el problema de los residuos; y si no, fíjense en las fotografías que nos muestran el tipo de plásticos que ingieren las aves (¿dónde están las bolsas?). Como esta normativa no ataca la causa principal, que es el modelo de “consumismo” de usar y tirar en toda su dimensión, esta normativa no es una solución, sino un parche.

ave comeplasticosLa contaminación no sólo afecta al aire que respiramos, o a los alimentos que ingerimos, también afecta a la salud mental, como sucede con la contaminación lumínica o – sobre todo – con la contaminación acústica. En España cerca de 9 millones de personas soportan para el horario diurno niveles de ruido superiores a los 65 decibelios (límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud). Del horario del botellón o de los bares en las noches españolas de verano – que también hay personas que madrugan para ir a trabajar – mejor no hablamos, para no herir susceptibilidades.

Las administraciones y las instituciones,además de acelerar el ritmo en la implantación de medidas para contrarrestar la contaminación a todos los niveles, deberían actuar con mayor diligencia. Con respecto a los residuos, con independencia de la valoración de los datos sobre volumen de reciclado que se ofrezcan, lo cierto es que a la vista está que todavía hay mucha población (dentro y fuera de España) que aún no recicla, por lo que además de campañas de sensibilización, se debería incentivar o facilitar los medios para separar y reciclar mejor los residuos domésticos.Nueva York es célebre por el volumen de residuos urbanos que genera a diario. Si fuera así en todo el Planeta, los recursos naturales se habrían agotado hace décadas.En Madrid, por poner un ejemplo opuesto, hace años que las comunidades de vecinos tienen su propio contenedor de envases.

nueva york 3Pero en la medida en que, no solo a las instituciones, sino a los ciudadanos, también cabe exigir un comportamiento respetuoso con el medio ambiente, quiero centrarme ahora en las actitudes individuales: no se debería culpar siempre al prójimo para eludir nuestra propia – aunque modesta – parcela de responsabilidad. Aquella máxima por la que “lo que es de todos, no es de nadie”, debería plantearse al revés: “lo que no es de nadie, es de todos y cada uno”. Porque es obvio que el buen o mal uso de los residuos contaminantes es responsabilidad de las personas que los utilizan.

El impacto tan negativo de la contaminación sobre los seres humanos, ha generado en las personas una cierta conciencia ecologista, de respeto y sostenibilidad por el medio ambiente. Si la convivencia pacífica entre gentes dispares se basa en el respeto a las normas de urbanidad, actualmente es necesario preservar también el equilibrio entre sociedad y naturaleza. Antiguamente, el concepto de Salvaje se refería a los seres vivos cuyo hábitat natural se alejaba de los entornos y las costumbres de las sociedades civilizadas, sin cuidado ni respeto por aquellas normas o cosas que consideraban ajenas o impropias. Este concepto se contraponía a los de Doméstico Civilizado, ambos consecuencia de una forma de entender el progreso del Hombre. Hoy en día, ambos conceptos – civilizado y salvaje– referido a las personas, han evolucionado conforme a la transformación de la propia sociedad. Salvaje es quien no cuida de que su vehículo no contamine, quien arroja a las cañerías objetos que dificultan la limpieza del agua (toallitas higiénicas, compresas, hilo dental, etc.), quien arroja desperdicios al suelo (envases, colillas, etc.) antes que guardarlos o arrojarlos a una papelera, quien molesta a los vecinos con su vocerío, … Se llama falta de educación. En el fondo de todo, es como la pescadilla que se muerde la cola: de un país que no se preocupa por la educación en valores sociales, no se puede esperar que sus ciudadanos – de hoy o de mañana – sean respetuosos con nada, sino que sea un país en el que se impongan los salvajes.

Pares y nones
Antonio Fernández Reymonde

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