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Un verano para pensar (4): Reflejos al volante

- 10 agosto, 2019 – 11:06Un comentario

A veces da tiempo a pensar antes de actuar, a veces no… ¿o sí que hay tiempo? Sentados al volante de un coche, nos sometemos a constantes estímulos y situaciones de riesgo que hay que resolver al instante.

No se trata solo de reflejos, habilidad o experiencia, aunque ayude tenerlos: aunque sea poco, normalmente hay suficiente tiempo para pensar antes de reaccionar.

Manejamos muchos artilugios casi como una extensión de nuestro cuerpo: cucharas, bolígrafos, cordones… Para referirnos al automóvil, nosotros le llamamos coche, pero los italianos le llaman la máquina. Es un nombre que me parece muy apropiado. Esta “máquina” responde con la más absoluta precisión al más leve giro del volante o de los pedales, a nuestra voluntad; en definitiva, a nuestra forma de pensar. Conducir es un reflejo perfecto de lo que cada uno de nosotros somos. Y sin embargo, pese a la precisión de la máquina,subirse a un coche supone un riesgo real para la vida de los viajeros. En 2018 hubo en España 1.180 muertos en accidentes de tráfico; en 2017 fueron 1.198; en 2016 fueron 1.160; entre 2015 y 2013 fueron 1.132 de promedio … No es ninguna broma, más de mil muertos cada año.Va a resultar que el valor que se le da a la vida (propia o ajena) es escaso cuando uno se sienta al volante.

Los fabricantes de vehículos se esmeran por introducir medidas de seguridad cada vez más sofisticadas:si se fueron implementando cinturones de seguridad, diseños de la parte delantera para amortiguar mejor posibles golpes a gran velocidad, habitáculos reforzados contra los vuelcos, sistemas de frenos ABS para evitar patinazos en caso de frenazos muy bruscos, etc. la sofisticación alcanza ahora a sistemas que alertan de peligros potenciales: aflojar la presión sobre el volante como síntoma de quedarse adormilado, salirse de la línea continua, dejar algún cinturón sin abrochar, acercarse demasiado al vehículo precedente, evitar exceder de la velocidad máxima permitida, … Estas innovaciones tecnológicas, obviamente sirven para evitar riesgos por falta de atención en el modo de conducir, pero me parecen de una utilidad dudosa.Primero, porque si la máquina no responde a la voluntad propia, es la máquina quien controla a la persona, yeso puede dificultar la reacción del conductor. Segundo, porque el conductor se siente extraño con este modo de conducir, lo desactivará. No creo que por más sistemas inteligentes de seguridad que se implementen, ésta sea la solución para reducir el elevado número de siniestros (salvo para conductores con capacidades escasas y faltos de reflejos).

Aunque puedan deberse al estado de la vía o de su deficiente señalización, la mayoría de los accidentes se deben al comportamiento imprudente de los conductores … Conducir es otra metáfora de cómo entendemos la relación con la comunidad de la que formamos parte: los que dejan distancia de seguridad, o por el contrario se pegan a ti por detrás para presionarte; los que te desconciertan cuando no señalizan sus maniobras – o los que maniobran y luego señalizan; los que invaden tu carril de frente en una curva en línea continua; los que taponan el tránsito con su escasa velocidad (mientras miran el paisaje, por ejemplo); los que te adelantan peligrosamente, aunque se paren poco después delante de ti en un semáforo en rojo; los que no tienen pudor en pasar un paso de cebra con peatones circulando; los que creen que la carretera es de video-juego … da lo mismo que sea en la calzada que en las aceras, con bicicletas o patinetes… El peligro puede venir de nuestro exceso de confianza, pero casi siempre proviene por la falta de respeto de conductores temerarios, más que del exceso de celo de los conductores temerosos.

O sea, deberíamos tener mucho más presente que no podemos hacer todo lo que nos plazca, porque no estamos solos, no podemos evitar formar parte de la comunidad por la que transitamos, y deberíamos ser más respetuosos en la medida en que queramos ser respetados.Nuestros actos afectan y son afectados por los de aquellos que transitan con nosotros anónimamente a diario. El respeto en la carretera es un reflejo del progreso de una sociedad. Deberíamos pensar en ello.

Pares y nones
Antonio Fernández Reymonde

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