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Con hache

- 18 agosto, 2019 – 10:253 Comentarios

En la cola para pagar en el supermercado. Tres abueletes alrededor de un joven. Oigo que uno de ellos dice: «Hermoso es sin hache». Los otros dos asienten. «Sí, sí, es sin hache. De toda la vida se ha escrito sin hache».

Instintivamente miro y me muerdo la lengua a la vez. En milésimas de segundos empiezo a agobiarme pensando que el joven está aprendiendo a escribir en español (porque hablar lo habla de puta madre) para aprobar el dichoso examen de nacionalidad, por ejemplo; o para sacarse el carné de conducir; o tal vez los del supermercado, como está allí mañana y tarde, le han ofrecido algún trabajo de repartidor y necesita saber leer y escribir en español para saber las direcciones... Así que digo: «No, hermoso es con hache».

Los abuelos levantan la cabeza y uno de ellos, el que lleva la voz cantante, me replica: «No, señorita. Es sin hache. Antiguamente se decía "fermoso", pero la efe se perdió». Y se queda tan pancho. Me muerdo la lengua de nuevo, esta vez literal. Con mucha vergüenza le digo al señor mayor que no es así, que es con hache. Me callo decirle que la efe evolucionó. Su respuesta me halaga: «Estos jóvenes de ahora, pobrecitos, salen peor que entran del colegio». Me da un puntito de gustirrinín que él crea que soy de la LOGSE o incluso de la LOMCE, llamadme presumida.

Pero enseguida vuelvo a agobiarme pensando en que lo puedan deportar por tener una falta o no conseguir el trabajo por no saber escribir bien o suspender el carnet de conducir, con lo caro que resulta. Así que saco mi móvil y abro la aplicación de la RAE (no tengo Candy Crush, pero la de la RAE sí, soy rarita). Busco la palabra «hermoso» y se la enseño al chaval. Él me levanta el pulgar, asintiendo. El abuelo, en sus trece, suelta: «Muchacha, Internet también se equivoca». Sonrío.

La cajera me dice: «Son 21, 20 euros». Mientras abro el monedero, veo que los abuelos se marchan murmurando que los jóvenes no sabemos ahora de nada, que todo lo solucionamos con los móviles y los ordenadores, que vaya batacazos nos vamos a pegar. De reojo, veo que el joven, con un lápiz, añade la hache. Tiene una caligrafía muy pulcra, clara, la letra un poco grande. Me sonríe. Le sonrío. Cojo mis vueltas.

#Microrrelatos P.D.: Le doy las gracias a la cajera tan lenta, lentísima, que siempre me toca, por esta historia. 


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Beatriz Abeleira

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