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Unos versos brotaron en tierra de vinos siendo cosidos por un poeta allí nacido: Juan Alcaide

- 1 octubre, 2019 – 12:432 Comentarios

Manuel Cabezas Velasco.- Hemos despedido el mes de septiembre, cuando la cosecha en los viñedos es recogida no sin gran denuedo. Entre las tierras en que aquellas uvas brotan y su zumo impregna las gargantas, sin duda alguna Valdepeñas tiene un nombre reconocido. De aquella tierra surgió el personaje que hoy nos ocupa, con el que comenzaremos un diálogo en el que nos ilustrará acerca de los rasgos más relevantes de su existencia.

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M. C. V.: Buenos días, caballero.Como ya es costumbre en esta sección invitamos a nuestro contertulio a que se presente y describa algunos aspectos de su vida. ¿Qué me podría decir de la época en que nació y cuál fue su entorno familiar?

J. A.: Encantado de conversar con usted, sr. Cabezas. Mi nombre es Juan Alcaide Sánchez y nací en la tierra vinatera de Valdepeñas un21 de septiembre del año 1907. Según me contó mi madre, doña Carmen Sánchez Ruiz, eran las tres de la tarde y di mis primeros alaridos en la casa en la que residí durante toda mi vida, aquella que se encontraba en el número 61 de la calle Ancha o también conocida como Seis de Junio. Desgraciadamente no pude conocer a mi padre, don Juan Vicente Alcaide Gigante, que había sido agricultor,pues fallecía unos meses antes.Por ello, mi infancia transcurrió entre costureras, ya que tanto mi madrina y tía como mi madre así se ganaban la vida.[1]

M. C. V.:Siento lo que respecta a su padre, mas –siguiendo con su infancia y al verse tan protegido por dos “madres” que no eran unas costureras cualesquiera– ¿qué me puede decir de aquella etapa y de cómo le fueron sus estudios antes de cumplir la mayoría de edad?

J. A.: Agradezco sus palabras, pues supongo que la referencia de un padre siempre es importante para un muchacho y, más en mi caso, al no llegar a conocerlo.

En cuanto a mi madre y mi tía, he de decir que, sin duda alguna, tuve la fortuna de gozar de la protección de dos mujeres muy trabajadoras que entraron a formar parte de una gran empresa que con el paso del tiempo alcanzaría gran renombre y sería de sobra conocida: El Corte Inglés [2]

Por lo que se refiere a mi etapa estudiantil en aquellos años, no cabe duda de que influyó mi ambiente familiar aunque he de reconocer que me volqué en mi formación tanto en mis estudios primarios como para obtener el Bachillerato.

La primera de aquellas etapas la comencé ya en 1914, estudiando sucesivamente en los Colegios de los Hermanos Maristas y el Silvestre Izarra de Valdepeñas, teniendo gran influencia sobre mí el magisterio que ejerció en este segundo don Gustavo del Barco.

Al año siguiente me matricularía como alumno libre en el Instituto General y Técnico de Ciudad Real para el ingreso y en el Primer curso de Bachillerato. En los seis años siguientes logré alcanzar, sin ser falsa modestia, un expediente académico muy digno de mención.

Y tras finalizar aquella etapa decidí prepararme en La Institución Moderna de Valdepeñas.

M. C. V.:En cuanto a sus estudios, parece que no habla de poesía hasta el momento. ¿Cómo comenzó entonces su andadura en el mundo de la poética?

J. A.: No cabe duda, que no todo iba a ser estudiar todas las materias que me impartían hasta alcanzar el Bachillerato.

Mientras estudiaba, qué duda cabe, la lectura de mis poetas favoritos ocupaba mucho de mi tiempo: Rosalía de Castro, Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, me inspiraron a encaminarme en el mundo de la lírica.

Así, cuando apenas contaba con dieciséis años, usé como soporte para elaborar mis primeros versos un Manual de Física y Química de 5º de Bachillerato. Ahí empezó el germen de todo.

M. C. V.:Sin duda alguna, sus esfuerzos en el terreno académico dieron sus frutos. ¿Cuál fue la especialidad por la que se decantó y cómo inició para el gran público su andadura en el terreno de la poesía?

J. A.: Tras mi anterior formación me decanté por estudiar Magisterio, terminando en el año 1926 con un expediente muy notable, habiéndome examinado en la Escuela Normal de Ciudad Real.

En cuanto a mis primeros versos que trascendieron más allá de la intimidad de mis borradores, ese mismo año aparecería mi primer poema en el periódico “El defensor de Puertollano”.

Al año siguiente ya obtendría el título de Maestro en Primera Enseñanza por el Ministerio de Instrucción Pública, y, paralelamente, iría iniciándome en mi carrera como poeta con la publicación de un poema en la Revista Ideal, que aquí recuerdo:

“LLORAN LOS VlEJOS...

Aun alumbra la lámpara empolvada

y arde el hogar como en antaño ardía.

La·noche, como aquélla, está enguatada

de un celeste algodón de nieve fría.

Deja un aroma a peñascal serrano

la leña verde que a su amor se quema,

y en la frente de paz de cada anciano

pone un temblor glorioso, de diadema.

Ella y él. Las miradas, lejos, lejos ...

sin salir de sus húmedas pupilas,

que, bajo el arco hirsuto de sus cejos,

tienen la suavidad de olas tranquilas.

(Hay algo santo en el silencio mudo

de estas vidas tan dulces, tan ... lejanas,

que ostentan por blasones de su escudo

lainmácula blancura de sus canas).

... En la quietud nevada de la aldea

suena, pausadamente, de muy lejos,

la salida del año.

Alguien golpea

la puerta. Ladra un can. Lloran los viejos ...

Relleno de ambiciones-lodo inmundo-,

largo de orgullos, de a va ricias ancho,

siguiendo su misión, rodará el mundo:

el grano de mostaza que vió Sancho.

Y siempre, junto al llar de humilde casa,

entre nimbos de luz y olor campestre,

habrá un gemir de ancianos, mientras pasa,

romero viejecito, San Silvestre.

Romero viejecito en la enguatada

noche de nieve silenciosa y fría ...

¡Y, viejo siempre en mi inquietud cansada,

yo lloraré mi vida, nunca mía!” [3]

Además, seríanhabituales mis publicaciones desde entonces en prensa tanto de prosa como de poesía: “El Eco de Valdepeñas”, “El Despertar de Alcázar”, “Tempo y hogar”, “Frente Literario”,“Eco”, “Ágora”, “Isla”, “Espejo de papel”, entre otras fueron el destino de aquellas.

M. C. V.:Parece que tuvo claro desde sus comienzos que la poesía sería parte de su vida, al igual que ocurriría con el ejercicio magistral, estuviese donde estuviese. ¿Cómo me puede describir aquella etapa?

J. A.: Hasta ese momento mis publicaciones no habían tenido una relevancia que me invitara a ser optimista en ese sentido. Sin embargo, cuando llevé a cabo la publicación de mi primer libro de versos, “Colmena y pozo”, en la Imprenta Hurtado de Mendoza de mi propio pueblo sin duda alguna esa suerte pareció cambiar para mí. A la suscripción popular con la que costeé aquel libro habría que añadir la elogiosa crítica recibida, teniendo especial importancia la carta recibida por un poeta sevillano de pro como don Antonio Machado que aquí le relato:

“Sr. D. Juan Alcaide. Querido poeta:

He leído y releído con deleite su libro. Con toda el alma le agradezco el soneto que me dedica.

Crea usted sin embargo, que aunque no estuviera comprometido mi amor propio en su obra, no dejaría de admirarla por lo que ella vale. Es usted un verdadero poeta.

Mi cordial saludo.

Antonio Machado”

Mientras ejercí mi magisterio en tierras gallegas en la escuela del pueblo orensano de Mourúas, dirigí mis instintos creativos hacia el teatro escribiendo las obras “Lo que se lleva el camino” y “La luz lejana”, además de continuar con mis versos, que formaron parte de mi libro “Otra vez la campana”, aunque no vio la luz. De aquella época –que se prolongó por unos tres años– también he de recordar la amistad que trabé con el poeta orensano Manuel Acuña.

Recordando aquella etapa en Galicia aquí recito unos versos:

“Cangrejo de cristal de galerías

asido a la risquera de tu puerto,

tienes, para naufragios de alegrías,

bajo el caparazón, tu pecho abierto.

Llora un sinfín de altivas Rosalías

la saudade meiguiña de tu huerto,

yafílanse las rocas de tus rías

con ese llanto en que el dolor se ha muerto.

Dios te puso a contarle al emigrante

la canción que nos raja el vidrio fino

del alma, con su acento de diamante.

y Dios te puso un índice divino:

dedo de piedra que arrancó a un gigante,

para arañar las rutas del marino.”[4]

Antes incluso de regresar a mi tierra, La Mancha, publicaría en 1933 “Llanura”, mostrándome como si fuese ajeno a todo, o estuviese exiliado en mi interior al considerarme diferente, lo que podría interpretarse como mi propio fracaso además de mi maldición. Así lo expresaba en algunos versos que me retrotraían a Antonio Machado y a Juan Ramón Jiménez:

“Yo soy como un mendigo que al sol por la llanura

busca el cálido apoyo de tu callosa mano,

sin llevar en la frente la luz del alba pura

que llevaba tu frente de manchego cristiano.

Yo llevo enferma el alma de ese vino sombrío

que vende, en su taberna melancólica, el sueño;

Mis labios, no sé cómo, dieron nido al hastío;

la hosquedad. Negra tinta vertía sobre mi ceño

Soy la sombra sin sombra de una sombra que alienta;

auscultando el latido de una voz imprecisa,

soy cual surtidor loco que, seco el cauce, aventa

la quimérica lluvia de un anhelo en la brisa” [5]

M. C. V.: Aquel espaldarazo que don Antonio Machado le diera en tan entrañable misiva, supuso su transformación en un nuevo caballero de la lírica española, además de convertirse en su hijo espiritual [6], qué duda cabe, pero tras su etapa gallega, alcanzando la mitad de la década de los treinta, ¿qué cambios hubo en su vida tanto en el ámbito docente como literario que merezcan la pena ser reseñados?

J. A.: En cuanto a mi oficio como maestro, regresé en 1935 a la provincia que me vio nacer, habiendo sido trasladado a la Escuela de Puerto Lápice, donde aún continuaría en el año siguiente.

En cuanto al mundillo literario, he de reconocer que comencé a ser más conocido y entablar cierta relación de amistad con personajes de cierta relevancia, tanto artistas como poetas. Nombres que seguramente le resultarán conocidos como Antonio Machado, Federico García Lorca, Jacinto Benavente, José María Pemán, Lope Mateo o, incluso, mi paisano Gregorio Prieto, con los que tuve la fortuna de mantener una profusa relación epistolar.

M. C. V.:Sin duda alguna, todos ellos han tenido mucha trascendencia en la historia de la literatura y el arte de España. No obstante, llegados a este punto, alcanzamos una fecha triste para nuestro país, el comienzo de aquella guerra fratricida, que se prolongaría durante tres años. ¿Cuáles fueron las circunstancias que rodearon su vida durante el trienio de 1936 a 1939?

J. A.: Así fuecómo aquel fatídico año sería de tan triste recuerdo, a pesar de que en junio viese la luz mi obra “La noria del agua muerta”,aunque aquella lucha descarnada dio al traste con mis versos recién impresos, mi alma se sintió desarraigada y, por qué no decirlo, repercutió en mi propia salud.

En Puerto Lápice aún estaba cuando estalló la guerra, y fue de gran pesar cuando llegó a mis oídos el asesinato de Federico García Lorca, que desembocó en el torrente de poemas que integran“Mimbres de pena”, el cual aparecería en Buenos Aires publicado al año siguiente. Esta elegía por la muerte de Lorca (cuyos versos hubo que publicar en la España roja como los de esta guisa: “Y una cruz, y debajo VEINTE SIGLOS; HAY QUE VOLVER; NO HAY NADA”) [7]no sólo mostraría el influjo que el poeta de Fuentevaqueros ejerció sobre mí sino que mis simpatías hacia los republicanos quedaban puestas de manifiesto, al igual que había ocurrido con otros literatos del momento: Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti o Luis Cernuda.

Sería en ese año cuando mi quinta se movilizaría y milité en la retaguardia por tierras de La Mancha y Extremadura realizando laborales culturales y colaborando en periódicos para publicar mis poemas.

Nada bueno me traería el final de la incivil, pues la Comisión Depuradora del Magisterio me acrisolaría, siendo suspendido de empleo y sueldo durante un año. Como descargos en mi defensa redacté el Pliego en el que salieron en mi apoyo muchos amigos de Valdepeñas y Puerto Lápice, aunque había que sobrevivir ejercitandola labor docente, trabajando como interino en el Instituto Bernardo de Balbuena de mi pueblo, a lo que sumaría mis clases particulares.

M. C. V.:La década de la autarquía le trajo de regreso al ejercicio de la docencia, siendo restituido en su plaza de Puerto Lápice. ¿Qué me puede decir de aquel período?

J. A.: Tras la sanción recibida, volvería a ejercer mi cátedra de lengua y literatura hasta 1943 en la población que Vd. menciona. Aquella actividad la alternaría con mis publicaciones, siendo de 1942 mi libro “Ganando el pan”, que publiqué en Ciudad Real mostrando cierta exaltación patriótica y religiosa de aquella época de posguerra, como recuerdoen los siguientes versos:

“…que respiró la Historia. El sol se abría.

la ambiciosa granada de su aliento.

Todo el azul se derramó en el viento,

para empapar los ojos de alegría.

Las torres se aguzaron de armonía.

Tiró cada balcón de su cimiento.

Y el mágico barreno del contento

volcó miles de sabanas al día.

La saliva era lumbre. Por los dientes

vibró un metal de marchas jubilosas.

Los pechos se sembraron de simiente.

para un trigo encendido de fervores.

iY España fue una Cruz de cinco rosas

Levantada en un Gólgota de flores” [8]

Los elogios ante esta publicación no cesaron y, dado que ejercía el magisterio, traté de aunar ambas facetas para que en la juventud germinase un espíritu donde las bellas letras pudiesen ser cultivadas. Aunque esto no me impediría continuar con mis creaciones poéticas, pues aproveché mi tiempo libre para escribir más adelante un nuevo libro dedicado a mi tierra, Valdepeñas, “Poemas de Cardencha en flor”, donde me sentí preso de un sentimiento de angustia y abandono como ya expresé en algunos versos como los siguientes:

“Como agua de cal, con esa nata

que se quiebra en el aire que la sopla,

así tengo mi sangre, sucia y lívida,

con coágulos de versos sin aroma.

No me pinches las venas con tus dientes

no me busques los pulsos ni los rompas.

Soy sólo quinta llaga en Cristo muerto…

Por mi senda de ayer, ya, ni tu sombra”[9]

M. C. V.:Entonces tras esta época lejos de su pueblo ejerciendo la labor educativa, vendría ya desde el año de 1944 un auténtico cambio en su vida. ¿Qué le ocurrió en aquellos momentos que sea digno de mencionar?

J. A.: Supongo que se referirá a mi instalación definitiva como maestro en mi pueblo natal, Valdepeñas. Qué duda cabe que tener como lugar para el ejercicio de la función magistral mi localidad de origen me daría una tranquilidad que cristalizaría en el desarrollo de una intensa actividad literaria, que se pondría de manifiesto en las numerosas colaboraciones que en esos momentos llevaría a cabo. Los medios y revistas en los que volcaría mis creaciones irían más allá de la propia Valdepeñas (“Balbuena”), apareciendo también en Madrid (“Garcilaso”, “Nuestro Tiempo”), Barcelona (“La Hoja Literaria”), Alicante (“Sigüenza”) o Cádiz (“Platero”). Esta incesante actividad me llevaría a obtener premios diversos tanto en certámenes poéticos como en juegos florales de poblaciones tan dispares como Albacete, Cádiz, Villarrobledo o Daimiel.

Esta presteza literaria desembocará en una incesante e intensa relación epistolar y personal con poetas e intelectuales del momento como Pemán, Benavente, Martínez Kleíser, Eugenio Hermoso, Gerardo Diego o García Nieto.

Incluso en aquella época estuve vinculado a jóvenes poetas de la provincia y del grupo del postismo que lideraba Carlos Edmundo de Ory, poniendo en contacto con ellos al también ciudadrealeño Ángel Crespo.

Las tertulias con discípulos y amigos se sucederían, como fueron los casos de San Borce y La Casilla, además de mi colaboración en numerosas revistas.

Tras haber escrito “Poemas de la cardencha en flor” en 1947 y saliendo a la luz en Barcelona como “un libro de amor y despedida”, al año siguiente publicaría un folleto que contendría los tres sonetos de la “Trilogía del vino” en los Talleres La Unión de Valdepeñas e ilustrado nuevamente por Gregorio Prieto, siendo los poemas más editados. Allí quedaba patente, una vez más, lo que significaba mi tierra para mí:

“A VALDEPEÑAS, GOZOSAMENTE EN SUS DOS SANGRES

Esta TRILOGÍA fue tomando carne en tres etapas, publicándose cada soneto en orden, momento y sitio diferentes: “Garcilaso”, “Albores del espíritu”, “Balbuena”.

Un mismo tema y una misma dedicatoria iban soldando de pasión los tres violentos eslabones. En el “asunto”, esa segunda sangre valdepeñera que es el vino, palpitaba-palpita-, como en un tórax impetuoso que le brotaran manos para darse. En el ofrecimiento a la misma amistad, el poeta pagaba-paga-, con violencia fraterna, el reencuentro de su más sorprendente infancia, inconfundible…

Aparece hoy, en un bloque, LA TRILOGÍA DEL VINO. En su doble dedicatoria no hay el más leve forcejeo; se opera, sí, la más serena ensambladura. Por eso –es lo suyo– van a embridarse estas líneas con la dedicatoria de siempre:

PARA AFRODISIO. Y nada más”[10]

M. C. V.: La estima y el respeto que sus paisanos le profesaban, sin duda alguna, influiría sobremanera en su producción posterior. ¿Qué me podría comentar al respecto?

J. A.: Ya estábamos en 1950 y mi salud andaba algo maltrecha cuando gracias al apoyo del ayuntamiento de mi pueblo y al prólogo de Lope Mateo, pude publicar “Jaraíz”. A ello se sumarían diversos homenajes que recibí, el ingreso en el Instituto de Estudios Manchegos, y el ser nombrado Hijo Predilecto de la ciudad de Valdepeñas e Hijo Adoptivo de Puerto Lápice.

Sin duda alguna no me gustaba hablar demasiado, más allá de lo que expresaba en mis libros. No obstante, ese silencio se transformaba cuando me encontraba en el “cercao”, aquella bodega en la que la tertulia y la apertura a la cultura estaban llenas de humanidad. [11]

M. C. V.: Por último, su notoriedad le hizo codearse con lo más granado de la literatura y el arte de la época en España, además de gozar del favor y la estima de sus paisanos, pero ¿qué me podría decir de otros literatos y artistas de su provincia con los que se relacionó?

J. A.: Hubo muchas personas de las que podría hablar tanto contemporáneos como seguidores. Citaré algunos a modo de ejemplo.

Así, la vinculación con mi paisano Gregorio Prieto fue muy estrecha, llegando a participar ya en nuestro círculo intelectual desde muy jóvenes e ilustrando mi primer libro de poemas, “Colmena y pozo”. Gran pesar me produjo la animadversión que se dirigió hacia su persona por sus inclinaciones sexuales. Eran otros tiempos,joven, y aquello, para la gente de nuestro entorno, era casi una aberración.

De Manolo Villaseñor, más joven que yo, su equilibrio –que no equilibrismo–tanto en su presencia como en su pintura, me llevan a pensar que será capaz de pintar lo que representa la dura llanura manchega [12]

Entre los literatos, sin duda alguna, debo destacar a tres o cuatro, si he de ser selectivo: Antonio Machado, García Lorca, Ángel Crespo y Francisco Nieva.

De don Antonio qué más podría decir nada más que mis muestras de agradecimiento por su apoyo y su maestría e influencia –de modo decreciente– que en mis tres primeras obras quedaban muy puestas de manifiesto (“Colmena y pozo”, “Llanura”, “La noria del agua muerta”), influjo que nunca dejaré de agradecer.

De Lorca, ya referí mi pesar por su pérdida.

Y de Ángel y Francisco, sin duda alguna algo tendría que ver que aunase mi predisposición a la poesía y mi ejercicio del magisterio para ejercer tan profunda huella sobre ellos, llegando a tener una enorme relación de amistad con ambos.

A Ángel Crespo, mis consejos cuando apenas comenzaba su aventura madrileña desembocaron en buena medida para que llegase a formar parte del postismo. La intensa relación personal y epistolar así lo haría patente.

Y de Francisco Nieva, del que también tuve la fortuna de ser su maestro, lo conocí en el año de 1941. Quería ser actor, aunque su padre –gobernador civil por entonces– no veía con buenos ojos una profesión así para una familia decente. Aunque era muy joven, también le puse al tanto del grupo postista que existía.

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Sin duda alguna, con el retorno de su ahijada con sus padres, en la vida de Juan Alcaide se producirá un punto de inflexión. Al diagnóstico de su médico de familia de una tuberculosis se añadiría una negativa por carta de la madre de su ahijada para que retornase con él. Ese duro golpe le condujo a negarse a recibir cualquier tipo de tratamiento que le condujo al fatal desenlace.

Cuando fallecía Juan Alcaide Sánchez, en la ciudad en que nació un 12 de julio de 1951, aquellos ojos anchos y claros de mirada franciscana se cerraron definitivamente. [13]

Cuando, transcurrido el tiempo, contemplas cómo un colegio de su pueblo recibiera su nombre, surgiera el Premio de Poesía “Juan Alcaide” (1980), se conmemoraba el 50 Aniversario de su muerte (2001) con una selección de sus poemas dirigidos a niños y jóvenes entre otras actividades o se erigiera una escultura a manos de José Lillo Galiani (“Monumento al poeta Juan Alcaide”, 2007), además de las diversas publicaciones y estudios de su obra que se hicieron en estas últimas décadas, se da uno realmente cuenta del magisterio que llevó a cabo y de cómo germinó la semilla en su tan querida tierra manchega, aunque para muchos fuera un desconocido habiendo hecho méritos suficientes para ser reconocido como miembro integrante de la afamada “Generación del 27”.

Su mancheguismo. Cervantes. El “cercao”. Qué duda cabe que el diálogo establecido con el poeta valdepeñero sólo ha mostrado, en parte, los rasgos de su biografía y su obra. Lo demás, invito a todo aquel que desee profundizar para que se adentre en las creaciones de este maestro de maestros, este manchego de pro, este valdepeñero sinpar.

MANUEL CABEZAS VELASCO

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[1] Blog sobre el poeta Juan Alcaide Sánchez (1907-1951) y las actividades de la Asociación Amigos de Juan Alcaide (AAJA), en http://amigosdejuanalcaide.blogspot.com/p/el-poeta-juan-alcaide-html

[2] Juan Alcaide Sánchez. El poeta olvidado, en https://juancodorniu.wordpress.com/2012/10/14/juan-alcaide-sanchez-el-poeta-olvidado/

[3] ALCAIDE SÁNCHEZ, Juan: “Lloran los viejos”, publicada en la RevistaIdeal Diciembre 31-1930, en ADELANTE.Valdepeñas 1 de Enero de 1931.

[4] Alcaide Sánchez, Juan: “Escalofrío de ciudades: II. La Coruña (A LA SOMBRA DE SU FARO . ..)”, en El Eco de Valdepeñas, 23 DE DICIEMBRE DE 1935.

[5] Jesús María Barrajón Muñoz: “Juan Alcaide, fuera y dentro de su tiempo”,enDel Valle Calzado, Ángel Ramón et alii: 1er Ciclo de conferencias. Valdepeñas y su Historia. Biblioteca de Autores Locales. Ayuntamiento de Valdepeñas y Universidad de Castilla-La Mancha-Centro de Estudios de Castilla-La Mancha. Ciudad Real, 2006, p. 59.

[6] MERLO DELGADO, Antonio: “El poeta manchego Juan Alcaide”, en CUADERNOS DE ESTUDIOS MANCHEGOS, V. Ciudad Real, 1952, p. 11.

[7] MERLO DELGADO, Antonio: Op. Cit., p. 13.

[8] MERLO DELGADO, Antonio: Íbidem cit., p. 14.

[9] ALCAIDE SÁNCHEZ, Juan: “Poemas de Cardencha en flor”, en Jesús María Barrajón Muñoz: “Juan Alcaide, fuera y dentro de su tiempo”,Del Valle Calzado, Ángel Ramón et alii: Op. Cit., p. 56.

[10] ALCAIDE SÁNCHEZ, Juan: LA TRILOGÍA DEL VINO. Ediciones Jabalón. 1948, p. 9.

[11] MARTÍNEZ VAL, José M.ª: “Juan Alcaide, poeta de La Mancha”, en ABC, Madrid, 30 de julio de 1961, p. 67. GRUPO LITERARIO GUADIANA: “Epístolas a Juan Alcaide por componentes del Grupo Literario Guadiana”, 7 de agosto de 2012, en http://grupoliterarioguadiana.blogspot.com/2012/08/epistolas-juan-alcaide-por-componentes_7.html

[12] ALCAIDE SÁNCHEZ, Juan: “López – Villaseñor y su pintura”, en Albores del espíritu, nº 12,10/1947, pp. 3-4. El propio Villaseñor también le rendiría homenaje en alguna de sus obras, como la existente en el Museo que lleva su nombre, “Homenaje a Juan Alcaide”, en https://www.miciudadreal.es/2016/11/06/mas-alla-de-la-realidad-xiv-homenaje-a-juan-alcaide-1981/

[13] MARTÍNEZ VAL, José M.ª: “Juan Alcaide, poeta de La Mancha”, en ABC, Madrid, 30 de julio de 1961, p. 67.

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