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Desde dentro: Ganar la guerra, perder la paz

- 18 octubre, 2019 – 08:3110 Comentarios

Hemos visto un video lleno de franquistas recalcitrantes y pacientes guardias civiles. El teatrillo tiene lugar el 12 de octubre, día de Fiesta nacional, en Cuelgamuros.

Los primeros insultan a los segundos con palabras gruesas, una señora se desgañita gritando que quiere ir a misa, un hombre vestido de legionario lanza consignas con un altavoz, entre las que llama traidores y faltos de honor a los guardias. La autoridad recula y se producen persecuciones a cámara lenta y con amabilidad. Surrealista (irracional o absurdo según la tercera acepción de la RAE) en el ámbito de lo rancio, como si contemplamos una película de Luis García Berlanga.

Tendencia en Twitter a las 2100 (14-10-2019)

Por otra parte está lo de España fascista. Hace dos años la BBC preguntaba a sus espectadores si España actuaba como un “Estado fascista” (Público.es, 3.11.2017). Y el pasado 14 de octubre, día en que se hace pública la sentencia contra los independentistas encarcelados, en Twitter, #SpainIsAFascistState (“España es un Estado fascista”) se convierte en trending topic mundial (Público.es, 14.10.2019).

Se trata del franquismo, que sigue revoloteando aun por nuestra sociedad. Evidentemente, España no es actualmente un estado fascista. Pero no cabe duda, todavía, cuatro décadas después de la muerte del dictador, quedan rescoldos de aquel fuego, presentes en los ámbitos político, económico, cultural, militar, judicial o policial. El video grabado en Cuelgamuros es sólo un ejemplo, pero se podrían recordar muchos más.

El profesor Vicenç Navarro menciona a veces, con datos de Edward Malefakis (1932-2016), uno de los mayores expertos en fascismo europeo, historiador e hispanista estadounidense de ascendencia griega, que por cada asesinato político cometido por el régimen de Benito Mussolini, el liderado por Francisco Franco perpetra 10.000. Hay muchas investigaciones que analizan y describen las características del Régimen, aunque la propaganda de sectores franquistas sigeue tergiversando la realidad.

Fuente www.ecorepublicano.es

Esos trabajos muestran que el franquismo se impone tras un golpe de estado militar contra el gobierno legítimo de la Segunda República y provoca un conflicto bélico, con la trágica consecuencia de la muerte de centenares de miles de personas. Esos estudios revelan que el franquismo es una larga dictadura, personalizada en la figura del general africanista, acaparador de todos los poderes del Estado hasta su desaparición en 1975.

También muestran las abundantes investigaciones que una de las principales características de esos casi cuarenta años de dictadura fue la sistemática represión que las autoridades franquistas ejercen ya desde un primer momento y que continuan con intensidad una vez acabada la guerra, sobre todo en la primera posguerra. Esto explica la marcha al exilio de centenares de miles de personas.

Son frecuentes, por tanto, las rigurosas investigaciones en el ámbito universitario referidas al franquismo, a su ideología y características: anticomunismo; catolicismo como religión de Estado, que obliga a todos; censura en muy diversos ámbitos; concentración de todos los poderes en una persona, el “Caudillo de España por la gracia de Dios”; control de los medios de comunicación y de la educación; corporativismo, defensa a ultranza de los intereses y derechos de grupo, sin tener en cuenta justicia, implicaciones o perjuicios de terceros; desarrollo del culto a la personalidad, como en todos las dictaduras; fascismo, totalitarismo o autoritarismo (según las etapas); militarismo, como predominio e influencia de lo militar, especialmente en el gobierno; partido único, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS); propaganda sistemática, que exalta valores tradicionales, nacionalistas y religiosos; o restricción de las libertades de asociación, opinión y reunión.

Son menos frecuentes los trabajos críticos elaborados desde dentro del franquismo. El caso de Dionisio Ridruejo Jiménez (1912-1975) es quizá el más conocido. Evoluciona de la Falange de José Antonio Primo de Rivera, hijo del primer dictador español del siglo XX, a la socialdemocracia, pasando por la División Azul, con su famosa carta de renuncia, el enfrentamiento con el dictador, el destierro, su compromiso con la democracia y la lucha en la oposición por el cambio político. Se puede destacar su libro Escrito en España (Buenos Aires, Losada 1962), prohibido en su momento, que presenta la ventaja de que el autor conoce los hechos de primera mano.

2019

Muy poco conocido, prácticamente desconocido es el caso de Rafael Latorre (1880-1968), que ahora desvela el profesor Jaume Claret en su obra Ganar la guerra, perder la paz. Memorias del general Latorre Roca (Barcelona, Crítica, 2019). Gracias a la edición del libro el militar ha entrado este año en Wikipedia, pero no aparece, por ejemplo, en el Diccionario de la Guerra civil española (1987), de Manuel Rubio Cabeza; en el Diccionario biográfico español (2009), publicado por la Real Academia de la Historia; o en el Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices (2017), de Pedro L. Angosto.

Hay que empezar recordando que Latorre se identifica como un militar del arma de Artillería, con inquietudes político-sociales, cercano a la doctrina social de la iglesia y partidario de un Ejército profesional y apolítico. Describe hechos bélicos y políticos, en la guerra y en la posguerra, y proporciona interesantes datos de un buen numero de personas, principalmente, militares, relacionadas con el franquismo. Quizá lo más importante es que no se trata, como afirma Claret, de “alguien que habla de oídas o de un opositor al uso, sino de un militar partícipe activo de la guerra, beneficiado por esta, simpatizante de buena parte de sus ideales, bien conectado y, a pesar de todo, crítico con aquello que ve”.

Latorre se ocupa en sus cuadernos de la dependencia respecto de las potencias del Eje, tanta, llega a afirmar, que sin Hitler y Musolini la dictadura no habría existido. Escribe de temas como violencia excesiva y ferocidad gratuita de Falange, fusilamientos, corrupción sistémica y sistemática, ascensos militares descontrolados, problemas en la oficialidad, falta de preparación económica, descapitalización humana, prensa y propaganda...

En cuanto a personas, se ocupa de un buen número. Francisco Franco tiene importantes carencias y limitaciones, según se puede leer en diversos pasajes. José Enrique Varela Iglesias presenta una evidente falta de preparación profesional y técnica (p. 79). Ve a Emilio Mola como hombre de “horizontes muy limitados, pero soberbio en grado sumo, al fin africano” y con una total falta de preparación (p. 82). O se refiere a Manuel Fraga como la Gran cotorra, “por lo mucho que habla y se repite” (p. 291).

Y sobre la represión, todavía en 1962, afirma lo siguiente: “Hay en nuestras cárceles y presidios gentes de derecha e izquierda, católicos o no, monárquicos, republicanos, socialistas, comunistas, etc. (...) ¿Qué delito han cometido todos esos compatriotas nuestros, patriotas como el que más para verse clasificados como delincuentes? Muy sencillamente, discrepar del régimen imperante en España” (p. 294).            

En fin, lo que llama la atención tanto de Claret como del prologuista, Ángel Viñas, son las constantes referencias a la corrupción, una corrupción desbordante que lo invade todo. Y Viñas escribe asimismo que el general Latorre “dibuja con trazos ácidos un empeño constante de expoliación y saqueo”. Y una falta de talla moral de “descomunales proporciones”.

Isidro Sánchez
Desde el revés de la inopia

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