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Laura, Paloma, Conchi, Lanza, Salas, Tribuna, los años vividos

- 25 julio, 2020 – 12:097 Comentarios

Manuel Valero.- No sé si será por la atmósfera antipática que genera el bicho que nos atenaza pero estos últimos días he leído dos noticias que han acrecentado mi tristeza: el cierre de la empresa Publicidad Salas y de la edición de papel del diario La Tribuna. No son buenos tiempos porque los tiempos van al compás del conocimiento.

La ciencia, ese producto prodigioso y a veces peligrosamente altivo del hombre pone un hito de asombro en el camino humano. Y de incertidumbre.  Cuando se inventó la imprenta, se dio un paso importante para la universalización de la Cultura pero acabó con el diseño de los copistas artesanos. Lo mismo con el simple vapor que bien conducido movía máquinas poderosas que hacían el trabajo de cien hombres y atestó las ciudades preindustriales de desamparados.

La electricidad fue un milagro científico para la Humanidad  que se había alumbrado con una vulgar llama desde el cromañón de las cavernas hasta casi el siglo XX, bien avivada en una antorcha, en una vela, en un quinqué o en un farol. La última industria alumbradora sopló la vela.

La revolución digital ha hecho lo mismo. Cada paso es una puerta que se cierra y otra que se abre a una felicidad prometida… o no. En el diario Lanza pasó lo mismo. La revolución digitalizadora acabó con el papel que sobrevive en un dignísimo suplemento semanal. Queda por saber si también con ese pegajoso e interminable periodismo de espera, de sofocón, fisgón, bebedor y fumador. Estas dos últimas cualidades no son imprescindibles pero perfila cierto aura que a uno le gusta, para qué nos vamos a engañar a estar alturas.

De modo que una vez asumido por la lógica de los acontecimientos estos dos hechos históricos para la provincia, me quedo con la carga sentimental de cuanto ha sido. Porque uno no ha estado ausente de la existencia de la primera y pionera empresa publicitaria ni de la aparición del diario La Tribuna. La empresa Salas tuvo que amoldarse a los tiempos y al modo de funcionar de los periódicos armados con su propio departamento comercial. La Tribuna vino para quedarse y ampliar las opciones que hasta ese momento copaba Lanza, como Salas copaba la publicidad de Lanza.

Pero no es esto lo que te desmaya un poco. Al fin y al cabo, la tristeza como canta Sabina, es añorar lo que no se ha vivido. Y desde ese punto de vista el triángulo Lanza –La Tribuna –Salas ha vivido y mucho. Hasta se han transversalizado, si me permiten el palabro: Laura Espinar, la primera mujer que dirigió el diario público trabajó en La Tribuna y la actual directora de Lanza, Conchi  Sánchez lo hizo también. Paloma Salas, trabajó para las dos cabeceras. No solo ha sido una bienaventurada ósmosis sino que los últimos tiempos de los medios en la provincia tienen nombre de mujer. Dicho por la contundencia de los hechos no por la vocinglera e impostada neocultura feminista, que a veces, se pasa y desenfoca.

Plantilla del diario Lanza a principios de los años 90

La Historia está hecha de grandes acontecimientos que se desgranan en pequeños hasta que nos afectan. Y es el paso del tiempo, los tiempos imparables y la evolución humana lo que marca el ritmo. Ya hace tiempo, tal vez demasiado, que el ritual de la redacción de un periódico con el tac tac tac de las máquinas de escribir, el proceso de elaboración de las planchas, el arrancar de la rotativa… forma parte de un ayer, como ese ayer de offsset suplantó a la pringosa tipografía.

Cuando hacías un buen trabajo, o tú creías que lo habías hecho, porque ese juicio corresponde a los lectores, esperabas a veces a que saliera el primer ejemplar tras los primeros abortos de la máquina hasta que daba con el vendible, para leerlo. Y ahí estabas, al lado de la rotativa, estorbando a los impresores y oliendo la tinta y el papel en que se había convertido el trabajo anterior de llamadas telefónicas, viajes, acontecimientos, entrevistas y el rastreo de la verdad objetiva. A la que nunca, en verdad, se llega. Un buen periodista sabe más de lo que cuenta.     

Desde el otro lado, el lector también tenía su ritual. La visita al kiosko o la lectura en el bar tenían la ceremoniosa solemnidad de un oficio religioso. Hoy de aquello no queda nada como mañana no quedará nada de lo de hoy.

La desaparecida rotativa de diario Lanza

Hay que asumirlo. Desde el punto de vista laboral y profesional uno se sitúa del lado de los periodistas para que en los momentos inexorables acaben su labor con buena cobertura económica, a sabiendas de que las leyes a veces no son lo generosas que debían. Y desde el punto de vista de Publicidad Salas, lo mismo, con el añadido de que se trata de una empresa familiar y debe ser duro, colgar el batín en la percha y cerrar la oficina para siempre.

Hoy es un botón, una tecla, una pantalla, las redes, una inmediatez agónica, una prontitud que exige la edición digital, que puede acabar, si no lo ha hecho ya, con la sustancia del verdadero periodismo. 

“Recordar es la única manera de detener el tiempo” (Jaroslay Seifert.) Así que los recuerdos siempre que no se conviertan en una celda reeditan lo vivido.

Ya han pasado demasiados años, suficientes para atestiguar el vértigo de los cambios.

Y además, tenemos el coronavirus, que agranda un poco la tristeza, porque ambas cosas han sucedido en un tiempo en que la gente tiene que poner aire de por medio, para ser  socialmente distante. Quién nos lo iba a decir a nosotros, viejos y viejas compañeros. y nuevos.

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