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No darás falsos testimonios ni mentirás

- 4 diciembre, 2020 – 09:419 Comentarios

Emilio Nieto López, primer decano de la Facultad de Educación de Ciudad Real.- Así reza el octavo mandamiento que Dios escribió en las tablas de la Ley a Moisés en el monte Sinaí y que la iglesia católica considera como una de las diez normas básicas de todo su cuerpo legal, espiritual y moral.

No levantarás, no darás falsos testimonios de tus hermanos y semejantes porque atentas contra su honor, contra su honra, y contra su buen nombre  de persona o ciudadano, de una manera gratuita y con intención de causarle daño para así conseguir tu propia superación o enaltecer al que, sin méritos, quiere conseguir un fin.

La mentira, el falso testimonio son monedas de uso corriente en todos los campos sociales actuales, comenzando por el gobierno y terminado en lo más íntimo de la familia. Es posible como dice Miguel Ángel  Risaldos que: los humanos somos mentirosos por naturaleza, pero siempre intentando que el engaño no se descubra nunca o que al menos el engañado no lo pueda jamás saber.

El engaño en las convocatorias electorales es algo corriente en Ciudad Real, en España y también en el mundo entero. No me cabe la menor duda que  al ganador le ha votado todo el mundo porque todos queremos que él sepa que con mi voto ha logrado su objetivo. Eso sí lo mismo se hace con el que ha perdido si tenemos la ocasión de cruzarnos no él. Oye yo te voté, lo siento mucho que hayas perdido, eso se lo decimos de frente y por la espalda: éste se cree que yo le iba a votar.

Bueno, todo eso pasa en la vida normal y hasta se puede perdonar porque somos humanos y nos gusta más  acercarnos al árbol que más frutos da, que el jilguero al alpiste, pero de eso a que la mentira lleve implícita una traición de amistad hay mucho trecho. A los amigos de verdad no se les miente, no se les traiciona  ni se les levanta falsos testimonios.

Ayer se celebraron elecciones a Rector de la Universidad de Castilla  la Mancha y fueron ganadas por el anterior vicerrector del hasta hoy rector de la universidad. Hasta aquí todo normal y democrático como debe ser en una sociedad civilizada como la nuestra. Lo que me llama terriblemente la atención es que algunas personas se comprometan, bajo la palabra de amigo, y lleguen hasta el absurdo levantando falsos testimonios contra unos y contra otros para justificar un apoyo que después se ha comprobado que fue falso y mentiroso.

La palabra educación lleva consigo muchas connotaciones de valores humanos a cultivar y desarrollar. Pero como dice el refrán: nadie puede dar lo que no tiene; yo me atrevo a preguntar ¿cómo se puede educar cuando, descaradamente se engaña al amigo al que se le deben favores y éstos,  sin venir a cuento, y de una forma torticera, los pone sobre la mesa el/la que pretende engañar? Engañar a la sociedad es un mal endémico en este país pero engañar al amigo con el que se ha vivido y convivido durante muchos años de trabajo es lo más ruin y lo más bajo  a lo que una persona puede llegar. ¿Puede vivir tranquilo/a esa persona durante toda su vida sabiendo que gratuitamente ha destruido la confianza de su amigo?

Decimos que la educación, en este país no funciona bien porque el gobierno de turno, sin consenso aprueba leyes de educación un año sí y otro también, pero yo me atrevería a decir que cuando algún educador no tiene valores, no ya morales, espirituales sino humanos y de convivencia es casi imposible que pueda ejercer la docencia con dignidad. Esto que digo ha ocurrido en estas elecciones a rector de la universidad. Nadie tiene derecho a engañar a nadie indicando si vota a uno u otro candidato. Por supuesto es libre de decidir lo que estime conveniente pero engañar, levantar falsos testimonio, hablar mal de otros compañeros para así justificar su engaño al amigo eso no es  compatible con ser profesional de la educación.

Creo que va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre y nunca tener miedo a decir la verdad aunque esto nos cueste porque se está llegando a un punto, que nadie se puede fiar de nadie. El reino de la desconfianza se está apoderando de esta sociedad enferma que no es capaz de mirar a los ojos del amigo para decirle la verdad, que no es capaz de mirar a su compañero y decirle la verdad de lo que piensa. Porque mentir es decir lo contrario de lo que se piensa o se va hacer. El engaño debería estar perseguido por las leyes y sobre todo por los ciudadanos. El/la engañador debería ser un apestado social.

Parece necesario que todos los docentes, educadores de esta sociedad, no solamente posean los conocimientos pertinentes e inherentes a su profesión sino que también deberían ser evaluados en valores y comportamientos cívicos porque de no ser así pueden y, en ocasiones ocurre, que los malos vicios o desvalores, como el engaño, la maledicencia, la deslealtad se puedan trasmitir a los estudiantes y por lo tanto a la sociedad que no queremos.

Enhorabuena al nuevo rector y a su trabajo, al que deseamos toda clases de aciertos pero no querríamos que se rodeara de personas que engañando a sus amigos, como ha ocurrido en alguna facultad de Ciudad Real, quieren conseguir dádivas y beneficios traicionando la amistad que parecía unirles.

Nunca la mentira, siempre la verdad aunque esta cueste porque, a la larga, en esta vida, todo se descubre y se sabe. La verdadera amistad dura siempre la falacia, el engaño, la traición, la deslealtad  siempre se descubre aunque sea tarde y el engañador haya conseguido su objetivo.

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