El hombre que esperó toda su vida una carta

Conozco un ser humano que durante toda su vida, estuvo esperando en la tarde y mañana una carta de aceptación de su trabajo literario o filosófico o artístico o metafísico, pero nunca le arribó como cometa a sus ojos. 

Aunque alguien elíptico o probable o real no creyese en Dios, jamás diría que no existe, porque ante el cuerpo inerte de un niño-esposo-hermano-padre de un ser dolorido, solo tiene esa esperanza. No soy ladrón de esperanzas. Comprender-entender algo el vivir-existir es amar-estimar-querer-valorar al ser humano, a la humanidad. Unos donarán vasos de agua, otros sonrisas, algunos frases y colores. De ese modo, cada uno contribuye al carrusel de la alegría del existir-vivir. 

Aquel cartero sin carta, que estuvo esperando toda su existencia una misiva de aceptación de su escritura-pintura-metafísica-pensamiento, y, que nunca llegó a sus ojos, se fueron apagando en parte su sonrisa, en parte fue creciendo otra. Al menos, sabía que jamás serían recordados sus escritos y sus pinturas y sus ideas. En eso podría estar totalmente tranquilo en la soledad de su mundo. Aunque viviendo y existiendo siempre rebuscando en la realidad-verdad-bondad-belleza-prudencia-eficiencia-racionalidad… 

A cierta edad, cuando se atraviesa el dintel de la tercera edad, sin quererlo, sin buscarlo, la inmensa mayoría de personas, cuándo la legalidad vigente les permite, según el Estado del Bienestar, una pensión-jubilación, en su mente consciente-inconsciente-semiconsciente se plantean una evaluación-autoevaluación sobre su existir-vivir, vida-existencia propia. Por supuesto que todo recuerdo, es en muchos sentidos no real, en parte se han ido añadiendo-quitando realidades de esa memoria. Nos pasa a todos. Por consecuencia, también, se olvidan dimensiones-partes-aspectos-posibilidades-propiedades-horizontes-circunstancias-situaciones, es decir, olvidamos y abolimos ambas realidades. Es como la historia y la historia de las familias, algunas fotos no se hacen, otras, van desapareciendo de los álbumes familiares o de los archivos. 

Pero ese mirar-remirar, hacia atrás, si hubieses hecho esto en vez de aquello, si no me hubiese fiado de aquella persona, he tenido éxito en tal cuestión, he fracasado en aquella otra y otras. Al final, sin desearlo-quererlo-buscarlo, haces un resumen síntesis sobre el propio existir-vivir. En unos según su filosofía-ideología-religiosidad-metafísica profunda, acabará otorgándose un sí o un no, un aprobado o un notable o un suspenso. Ese es el sentir y resentir, la tristeza y la alegría, al final, según el ascetismo o se sea senequista, epicúreo, hedonista, materialista, relativista, espiritualista, teísta, etc. Existen unas dos decenas de grandes filosofías metafísicas-éticas que son el eslabón más profundo de cada ser humano. Todos llevamos esos pilares que conforman el profundo ser-sentir-desear-hablar de nosotros y en nosotros. Hemos sido-estado en el corazón de esta tierra. 

Pero esa persona de carne-hueso-nervios-psique-mente-alma-espíritu, esa persona, siempre estuvo esperando una carta-correo de bits de información, entrevista-diálogo, que alguien, le valorase todo el trabajo intelectual-creativo-búsqueda-investigación que había realizado para descifrar-descifrarse en trozos de la realidad. En tantas puertas había llamado con bocinas-trompetas-campanas-silencios de todos los colores, a tantos había enviado mensajes de escritos-palabras, imágenes-pinturas-fotografías, a tantos, no cientos, no miles, sino decenas de miles, sin exagerar, sin mentir-engañar-equivocar. Pero nunca el globo de la aceptación había tocado el dintel de sus labios-casa-corazón. Todo eran silencios y la vaciedad de un trabajo de creación, sin evaluación externa. O mejor, quizás sí, todo era una negación en el silencio… 

Aquel ser que toda la vida había esperado una carta de aceptación, al menos, en las listas visibles-invisibles de la creación cultural, en dos o en tres campos, o al menos uno, fuese uno más, aunque fuese considerado el último soldado del batallón, al menos, en ese círculo fuesen sus producciones admitidas, una más, una más en la localidad-comarca-provincia-región-nación… ¡Una más, solo una más, si quieren en el último lugar de todas las taxonomías-clasificaciones que se hiciesen-rehiciesen, pero solo una más…! 

No parece un deseo tan exagerado-radical-soberbio-vanidoso, estar como uno más, como un fontanero-panadero-electricista de la palabra y de los colores y de las ideas. Uno, uno más. Y, y así, todo ese enorme trabajo de búsqueda-reflexión-concepción-argumentación-recolección de datos y cuestiones, al menos hubiese posibilidad quedase para generaciones futuras. Solo eso, ese ser que se fue durmiendo al mundo, cada vez más en su rincón-sillón, ese ser que intentó entender-comprender multitud de aspectos de esa microvisión-macrovisión del ser-estar de lo humano. Ese ser, atravesado de las espadas del silencio de los otros. Paz y bien… 

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