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De Iberia a los almohades

- 3 febrero, 2013 – 22:402 Comentarios

EstaRecuperando lo pasadonislao Z.Navas.- Laccuris, Larcuris, al Araq, Alarcos. Sorprende conocer cómo se han llevado a cabo las gestiones por parte de los dos Ayuntamientos corresponsables del hasta hace poco cerrado Parque Arqueológico de Alarcos – Calatrava la Vieja. El órgano gestor que más apoya a su propio patrimonio ha resultado ser aquel que en un principio, gozaba de menos medios para llevarlo a cabo. Por lo que se refiere a la parte que se circunscribe al cerro de Alarcos, dicha gestión adoptará otra fórmula -de gestión privada-, que parece tener como objetivo su apertura para las fechas de la Semana Santa.

Aunque cerrado desde primeros de septiembre, la actividad arqueológica y de investigación y estudio sigue en manos del Gobierno regional, de hecho sigue operativa una escuela taller. Dicho hecho, señalamos que la azarosa historia del Parque, ya centrados en exclusiva en el ámbito ciudarrealeño, no queda sólo aquí, sino que mostraremos otros aspectos de sumo interés.

Así pues, a pesar del olvido en que el cerro de Alarcos había quedado a lo largo de su historia, y salvo las actuaciones concretas realizadas en la Ermita, será a partir de 1984 cuando las instituciones autonómica y municipal, colaborando con el Instituto Nacional de Empleo y el Fondo Social Europeo, lleven a cabo campañas sucesivas de excavación que podrán proporcionar numerosos restos arqueológicos que irían siendo mostrados en el Museo Provincial de Ciudad Real.

En 1989 sería declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Yacimiento Arqueológico, y a partir de 1990 surgiría la Escuela – Taller Alarcos que tendría por objeto la consolidación y restauración de las diferentes zonas excavadas, así como los altamente deteriorados castillo y muralla medievales. De este modo, los objetivos del recién nacido Parque Arqueológico irían encaminados a convertirse en una entidad capaz de fomentar, gestionar y desarrollar no sólo las labores de investigación, protección y difusión, sino otras actividades periféricas como el Taller Escolar de Arqueología, la Escuela Taller, un Centro de Estudio y Recuperación de la Vida tradicional manchega, una puesta en valor de su entorno (programa didáctico, itinerarios culturales, etc.) o un Centro de Estudios del Mundo Medieval. Todo este nuevo complejo arqueológico había estado precedido de una dilatada trayectoria de actuaciones –como las Escuelas Taller, los Planes de Empleo locales, campañas arqueológicas, etc.-, que proporcionaron al yacimiento unas infraestructuras, una monumentalidad, un cúmulo de conocimientos científicos y una imagen pública más que notables.

De Iberia a los almohadesFinalmente, tras haber hablado de la parte gestora e institucional, es necesario centrarse en lo que realmente es el motivo de la existencia del Parque: sus restos arqueológicos como producto de su dilatada historia. Dilatada, sí, pues no sólo Alarcos se circunscribe al ámbito medieval, sino que hay que remontarse mucho tiempo atrás…

El yacimiento objeto del presente artículo muestra hallazgos arqueológicios que demuestran una ocupación humana del cerro desde la Edad del Bronce hasta la Plena Edad Media, teniendo en cuenta el largo período de despoblación durante la dominación romana y visigoda.

Los trabajos de excavación y restauración que vienen realizándose desde 1984 permitieron recuperar parte de la trama urbana de la ciudad ibérica, así como buena parte de la muralla y del castillo medievales.

El conjunto arqueológico que se extiende a lo largo de unas 33 Ha constituido por las ruinas del antiguo oppidum ibérico y de la ciudad medieval de Alarcos, tienen una importancia capital en Castilla – La Mancha. Su enclave estratégico, en un cerro elevado en la margen izquierda del río Guadiana, constituyó un lugar muy adecuado para el asentamiento de grupos humanos desde la Edad del Bronce. Así, la secuencia cultural que se observa en dicho asentamiento, muestra claramente dos etapas definidas:

  1. Por un lado, el desarrollo de la cultura ibñerica, fechada entre los siglos VI – III a. C. que ha dejado valiososos vestigios tales como los restos de un santuario y un gran sistema viario.
  2. La existencia de un poblamiento medieval centrado principalmente en el siglo XII, etapa esta última sin duda más conocida por albergar la conocida batalla de Alarcos. En el siglo XIII, tras la victoria cristiana de las Navas de Tolosa en 1212 y tras el traslado de su población al Pozuelo Seco de Don Gil, fundándose Villa Real, se edificó la Ermita dedicada a la Virgen de Alarcos, cuya romería se celebra en su honor el domingo y el lunes de Pentecostés.

Por lo que respecta a la parte ibérica, el poblamiento más antiguo se remonta a la Edad del  Bronce Pleno, con la construcción de un poblado en altura en la parte occidental del cerro.

Hacia el siglo IX a. C., en la transición a la primera Edad del Hierro, la población se va desplazando, asentándose en el resto del cerro, manteniendo contacto con otros lugares, sobre todo con el suroeste y la Meseta Norte, contactos que se mantienen e incrementan en los siglos siguientes.

En el siglo V a. C., la cultura ibérica oretana está plenamente formada y consolidad en Alarcos, alcanzando a lo largo de los siglos IV – III a. C. un avanzado desarrollo, aumentando su población y destinándose a necrópolis los espacios ahora ocupados por viviendas. En este largo período parecen documentarse al menos tres fases de ocupación, en la que se aprecian los cambios producidos en el poblado. Las casas rectangulares, con una o dos habitaciones, con zócalos de piedra, paredes de adoba y techo vegetal, se organizan en torno a calles pavimentadas con lajas de cuarcita o caliza. En su interior se encontraron materiales como cerámicas, útiles de bronce y hierro, hueso, etc.

Tras la etapa de despoblación romano-visigoda, llegamos a la Edad Media, período en el que observamos la muralla y el castillo antes mencionados.

La Alarcos medieval (al Araq) fue construida rompiendo alguno de los restos de la ciudad oretana sobre la que se encuentra. Para su construcción se aplicaron distintas técnicas, primero de mampostería asentada sobre la roca cuarcítica, sobre la que se desarrolla una sucesión de tapiales encerados de piedra trabados con cal y puzolana que le han dado el aspecto grisáceo que posee.

Sus esquinas fueron reforzadas con sillares, con la marca del cantero. Tras el abandono de Alarcos, este material fue reutilizado en Villa Real para la construcción de los edificios públicos más antiguos (la Puerta de Toledo es un ejemplo de ello).

Según las investigaciones realizadas, la villa de Alarcos se encontraba en proceso de construcción en los años inmediatamente anteriores a 1195, tal como confirmarían lo materiales de obra aparecidos junto a la muralla. La ciudad que aún se encuentra oculta y de la que tan poco conocemos, muestra cómo se conserva una de las puertas secundarias de la ciudad y que la principal se localizaría algo más al sur.

En cuanto al castillo, se halla situado en el mismo centro de la ciudad, siendo posiblemente el origen de la misma en las diferentes etapas de su historia, y constituyendo un fiel testigo de los avatares históricos que ha vivido la comarca.

En la primera dominación islámica se asentó un castillo sobre los estratos de la Edad del Bronce e ibéricos, del que quedan algunos restos.

Desde que Toledo fuese conquistada en 1085 hasta la definitiva conquista de Alarcos en 1212, el castillo de Alarcos se verá sometido a un proceso transformador que alterará sus estructuras. Englobado dentro de la misma planificación diseñada para el resto de la ciudad por Alfonso VIII, en el exterior se rehicieron las torres, cambiando incluso su forma y adaptando esta a los nuevos diseños, al mismo tiempo que se sumaran otras estructuras defensivas. En su interior, el castillo se encontraba en pleno proceso de adaptación en 1195 y quedó inconcluso aunque sus restos constructivos mostrasen el gran proyecto que se pretendía realizar.

Llegó la fecha en la que se celebró la batalla de Alarcos y la conquista almohade supuso una readaptación del espacio interior del castillo: articulación por calles enlosadas que dan paso a varias dependencias que cumplen diversas funciones como alcobas, cocinas, fraguas, letrina, etc.; a las cuales se accede desde un patio igualmente enlosado.

La batalla de Alarcos (18 de julio de 1195) pone de manifiesto el poderío musulmán con la escasa coherencia de los reinos cristianos y constituye para estos últimos uno de los episodios más tristes y desafortunados de todo el siglo XII. En esta confrontación se dio un gigantesco paso atrás en el proceso reconquistador, perdiéndose numerosos territorios. Sobre todo porque una posterior guerra entre cristianos hizo que los almohades, en su avance hacia el Norte, se apoderasen de Uclés, Madrid y Guadalajara, amenazando muy seriamente, además, las poblaciones de Toledo y Cuenca. Los reyes de León y Navarra, aprovechándose del crítico estado anímico de Alfonso VIII tras el desastre de Alarcos, atacaron al monarca castellano, perdiendo todos en tan necia operación.

El historiador Vicente Silió (1892-1972) narra el suceso de Alarcos de este modo: «En 1194, el rey Alfonso VIII cometió la imprudencia de retar a Yasub enviándole un mensaje en tono altanero, por el cual le retaba a que mandase sus tropas a batirse en España o le facilitase navíos para que los cristianos pudiesen embarcar y derrotarle en África. Hacía treinta y un años que Yasub gobernaba el imperio almohade. Contestó al de Castilla con unas breves líneas al dorso de su mensaje: “Estas son las palabras que ha pronunciado Alá, el Todopoderoso: Me lanzaré sobre ellos, les convertiré en polvo sirviéndome de ejércitos que no han visto nunca y de cuya fuerza no podrán librarse”. Leyó a sus tribus el desafío de Alfonso y escuchó en respuesta un gran clamorío, exigiendo venganza. Con un poderoso ejército salió Yasub para Algeciras. Alfonso solicitó que entraran en campaña los reyes de León, Navarra y Portugal. Debió sorprenderle que éstos así se lo prometieran, pero no que faltasen a la palabra empeñada y le dejasen solo en tan gravísimo trance, que tampoco movilizó a Alfonso II de Aragón.»

El encuentro en Alarcos entre los ejércitos cristiano y almohade debió de ser cruento y desproporcionado. Vicente Silió escribe que «las tropas de Yasub eran tan superiores como para inducir al monarca cristiano a rehusar la pelea». Pero se hallaba Alfonso VIII en la plenitud de su vida, con el vigor de sus cuarenta años y no pensó en ningún instante retroceder ante el enemigo. Prefería morir antes que contemplar la gran catástrofe que se avecinaba. Y a fe que si no hubiese sido por la intervención de algunos nobles que, muy en contra de su voluntad, le sacaron del campo de batalla, hubiera sucumbido.

A partir del año 1212, comienza el declive de Alarcos, Alfonso X es incapaz de repoblarla por lo que traslada a sus habitantes a una aldea próxima, llamada Pozo Seco de Don Gil y allí funda Villa Real en 1255.

Finalmente, toda esta información no sería posible sin la contribución de autores tales como Antonio de Juan, Alfonso Caballero Klink, Macarena D. Fernández Rodríguez, Inocente Hervás y Buendía, Vicente Silió, entre otros.

Volviendo a las primeras palabras con que comencé este artículo, la licitación que supone la nueva apertura del parque está llena de interrogantes que sólo el tiempo dará o quitará razones, aunque en una localidad como la nuestra donde el turismo se agarra a sus grandes iconos, siempre será positiva su apertura.

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