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En un julio menos extremo de lo habitual la tragedia asoló la ciudad, surgieron poetas de cierta relevancia y fenecieron diestros en extrañas circunstancias

- 2 septiembre, 2018 – 00:153 Comentarios

Manuel Cabezas Velasco.- Testigos de unos trágicos días de finales de julio aún recuerdan cómo el pavor se adueñó de sus vidas cuando la gasolina contenida en unas cisternas provocó un pánico que el paso del tiempo aún no ha podido borrar de su memoria.
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Difíciles son de narrar estos hechos sin traer a la memoria tan pavorosos acontecimientos, aunque siguiendo los pasos de un entonces imberbe testigo de excepción, nuestro compañero Antonio J. Martín [1], recordamos algunos datos de aquellos días.

Era la madrugada del 28 de julio de 1977 y, aunque más de cuatro décadas nos separan de aquellos hechos, las imágenes en blanco y negro que aparecen en los rotativos de la época no restan la crudeza que tiñó a aquellos momentos.

Los hechos en sí surgieron en un apartadero de la antigua estación RENFE, produciéndose la explosión de dos cisternas CAMPSA repletas de gasolina, unos 30.000 litros aproximadamente.

Pasada la media noche (en torno a las 00:30 horas) una primera explosión haría presa del pánico a la población de la barriada de Los Ángeles. Las consecuencias no se hicieron esperar: incendios en varios pisos, heridos igualmente y las tareas de extinción propiciando la estrecha colaboración de los voluntarios.

Dada la importante cantidad de combustible inflamable, el fuego aún seguía activo y repercutía en el desaliento de los que allí porfiaban. A ello se sumaba que la intensidad se incrementaba al verse obligados los coches de bomberos a tener que repostar… y el fuego seguía siendo el protagonista.

reina1Los voluntarios ilesos ayudarían a los que se hallaban heridos, hasta que las ambulancias de la Seguridad Social o de la Cruz Roja e, incluso, los coches de la Guardia Civil, los evacuasen.

El fuego, que había llegado a penetrar incluso en las casas de los vecinos de Los Ángeles por las mismas ventanas, seguía haciendo de las suyas. Pronto llegarían los refuerzos procedentes de Puertollano, el coche de bomberos de Enpetrol que estaba dotado de espuma carbónica, aunque en ese preciso momento (sobre las 01:00 horas) se produjo una segunda explosión que traería como resultado el incendio de los campos vecinos e incluso de las traviesas de las vías de la estación.

Los diversos trozos de la cisterna se habían desprendido llegando a dar en algunos automóviles de la propia barriada, e incluso en el pozo de residuos de la CAMPSA.

Toda la ciudad no saldría de su asombro ante la luminosidad que se desprendía de las llamas de esta segunda deflagración. Así se reseñaba en La Vanguardia el día 30 de dicho mes:

“Tres cuartos de hora después, sobre las doce y cuarto, hizo explosión la segunda cisterna, que fue mayor que la anterior. Las llamas fueron vistas a gran distancia y en localidades más alejadas de Ciudad Real como Bolaños (26 kilómetros), Piedrabuena (25 kilómetros), Almagro (22 kilómetros) y Malagón (22 kilómetros), pero a pesar de su espectacularidad, esta segunda explosión no causó ningún herido.

Ante el panorama, cada vez más amenazador, gran gentío unos a pie y otros en automóviles particulares, totalmente repletos, salieron de la ciudad llegando hasta el puente Nolaya, el puente de Alarcos y Miguelturra. Muchas de estas personas iban, incluso, en pijama.

De repente, cuando el pánico parecía apoderarse de la población, el fuego se extinguió, al haberse agotado el combustible almacenado en las cisternas”. [2]

Y en el diario ABC la noticia aparecía ese mismo día con el titular “CIUDAD REAL, ATERRADA POR UNA NOCHE DE EXPLOSIONES”, acompañado por la siguiente reseña antes del cuerpo del artículo:

“Sesenta personas resultaron heridas al estallar dos cisternas cargadas de combustible, en uno de los muelles de la estación de ferrocarril, a consecuencia de un incendió Ciudad Real, 29. (De nuestro corresponsal, por teléfono.) Más de sesenta personas han resultado heridas, y otras 20,000 tuvieron que desalojar sus viviendas en medio del pánico al estallar dos vagones cisterna cargados de combustible en uno de los muelles de carga de la estación de Renfe, en Ciudad Real. Las pérdidas se calculan en unos cincuenta millones de pesetas. El siniestro se inició sobre las once de la noche de ayer, cuando, por causas que se desconocen, se incendió un vagón de madera enganchado a un convoy-cisterna de gasolina. Las llamas se propagaron rápidamente y su calor provocó la explosión de las dos cisternas, con un intervalo de cuarenta y cinco minutos, cubriendo de fuego y metralla una amplia zona de la cercana barriada de Los Ángeles.” [3]

Proseguía el relato, estructurado en tres partes – la primera “UNA GIGANTESCA LLAMARADA”, la segunda, “SEGUNDA EXPLOSIÓN” y, finalmente, “ÉXODO HACIA EL CAMPO” – mostrándose en la última la información que sigue:

“Ante el panorama, que cada vez se tornaba más amenazador, continuó el éxodo de personas, viendo en nuestro peregrinar por las calles y cercanías de la capital, v en barrios tan alejados de la estación como la plaza de toros o el cuartel de Artillería, cómo las gentes estaban en la calle sin atreverse a volver a sus domicilios. Igualmente, pudimos comprobar que numerosísimos automóviles repletos de personas y niños en traje de calle y de dormir llenaban las carreteras que salen de la capital, llegando por la de Toledo hasta más allá del puente Nolaya; por la de Piedrabuena, hasta casi el puente de Alarcos, y por la de Valdepeñas, hasta más allá de Miguelturra.

efe2A las tres y media de la madrugada el peligro había desaparecido, pese a que aún quedaba alguna cisterna que vertía líquido y otra en cuyo interior hervía el líquido almacenado. Los técnicos de Enpetrol, de acuerdo con la máxima autoridad de la provincia, que había vuelto al lugar del suceso, decidieron mantener importantes efectivos de hombres en las cercanías para continuar enfriando las cisternas cercanas y evitar una posible reanudación del fuego. Igualmente, por decisión expresa del gobernador civil, quedó cerrada al tráfico la estación de Ciudad Real, hasta que los técnicos estimen que la circulación de convoyes no entrañe ningún riesgo.” [4]

Ante la disyuntiva de próximas reacciones en cadena, el personal de RENFE, los miembros de la Guardia Civil, de la Policía Armada y particulares voluntarios, mayoritariamente ferroviarios, lograron separar como pudieron – “a brazo” – cuatro cisternas de gasoil hacia la topera, además del mismo número de vagones.

A pesar de todo aquello, las consecuencias pudieron ser mucho peores. Había cerca otras unidades de fuel-oil que impidieron que los depósitos de CAMPSA existentes a doscientos metros fueran alcanzados y estallar.

La desolación era el rasgo común que calificaba a todo aquel paisaje, quedando todo lo demás en un “susto” al ser controlado el fuego – cerca de las tres de la madrugada – por dos coches de bomberos de la capital con agua y el procedente de Puertollano que poseía espuma carbónica.

Las consecuencias físicas quedaron plasmadas en la mismísima estación con la deformación de sus vías. Para el tráfico rodado todo permaneció paralizado, tardándose tres días en restablecerse la circulación. Viajeros y mercancías sólo pudieron transitar en esos momentos por carretera.

En la retina de los ciudadrealeños quedaron imágenes difíciles de olvidar para el resto de su vida. Los vecinos de la barriada de Los Ángeles los que más presente tendrían aquella “noche de terror”, calificada por algunos, o “peor aún que Hiroshima”, señalarían otros.

En el elemento humano se contaron quemaduras y fracturas por doquier. Los medios sanitarios llegarían a atender más de 80 personas, siendo una de ellas el mismísimo gobernador civil. No hubo muertos pero las lesiones afectaron a aquellos que se expusieron al fuego, contándose tres vecinos con quemaduras de tercer grado, y a muchos otros que lograron huir despavoridos – en torno a 250 personas se hallaban cerca de las cisternas – aunque, como consecuencia de la precipitación, tropezaron e incluso cayeron al suelo, se golpearon con los vagones, camiones o incluso los muros de la propia estación, perdiendo algunos incluso los zapatos.

En el plano material, dos viviendas quedarían totalmente calcinadas, aunque muchas otras, principalmente las de los pisos superiores, se verían afectadas. A ello se sumarían todos aquellos enseres que se quemaron en el interior de las mismas: aparatos de televisión y radio, mobiliario diverso, ropa, libros, paredes y techos. El fuego llegaría incluso a abrasar el terreno baldío que separaba el apartadero del bloque de casas.

Más allá de las viviendas, en la propia estación el tendido eléctrico quedaría destrozado, diversos vagones se vieron afectados, bien por desplazamiento, descarrilamiento o por ser presa del fuego. Además de las vías antes citadas.

Aquel 29 de julio de 1977 llevó a muchos a recordar el trágico recuerdo del incendio de Santander treinta y seis años atrás, como consecuencia de la explosión del vapor Cabo Machichaco, aunque en aquella trágica fecha la capital cántabra sí tuviese un bombero fallecido y miles de familias perdiesen su hogar.

La historia pudo ser mucho peor en la noche de Ciudad Real, pues la casualidad pareció salvar muchas vidas como se relata a continuación:

“Los trenes de combustible no solían parar en las estaciones ubicadas en las ciudades. En esta ocasión la casualidad quiso que coincidieran, en la estación de tren de Ciudad Real, un tren de mercancías con 275.000 litros de combustible procedente de Puertollano con destino a Alcázar de San Juan, con uno de pasajeros cuya locomotora se averió.

Dado que Renfe daba prioridad al tráfico de pasajeros, el tren de mercancías cedió la locomotora al de pasajeros para que este continuara camino, quedándose el de combustible en la estación.

Este fue el principio de esta historia de cuyo origen sólo se pudo precisar que la cisterna en la que todo comenzó tenía el tapón de seguridad quitado y colgando enganchado con una cadenilla y la válvula de descarga entreabierta.

Nunca se llegaron a concluir las causas de un incendio cuyo desenlace fue fruto de la suerte y del buen trabajo de voluntarios y grandes profesionales.” [5- ]

En suma, aquellos trabajos que duraron hasta tres días requirieron de una serie de efectivos que implicaron a varias poblaciones de la provincia, tal como se nos expone las siguientes líneas:

“El desenlace fue milagroso. Así se puede contar 35 años después y así lo relataron los cronistas de la época y hoy lo rubrican los ferroviarios Clemente y Francisco. Pero no todo fue cuestión de suerte, la valentía, el coraje y el buen uso de medios materiales jugaron un gran papel.

Para llevar a cabo esta empresa pírrica se requirió un tanque de bomberos de Daimiel, otro de Manzanares y uno más de Valdepeñas. Todos ellos junto a los de Ciudad Real se encargaron de refrigerar las cisternas de gasoil cercanas a las de gasolina que explotaron. Además, se contó con la colaboración de tres tanques de Ciudad Real, tres de Puertollano y otro más de ICONA-Ciudad Real. Del mismo modo cabe destacar el dispositivo de urgencia que se montó en la residencia Nuestra Señora de Alarcos.

Los trabajos duraron tres días, aunque no fue hasta mediados de agosto cuando todas las vías estuvieron en pleno rendimiento.” [6]

De las causas de lo que aconteció aún no se conoce toda la verdad, el tiempo y una mayor investigación de los hechos y con una mejor perspectiva podría poner las cosas en su justa medida, aunque aquella noche trágica llenase las páginas de periódicos de dispar origen, como fueron los referidos diarios ABC, La Vanguardia española o Lanza, a los que podría añadirse, entre otros, a Ya, El País, y, volviendo al principio, a mi compañero y amigo Antonio J. Martín.

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Habían transcurrido diez años desde su nacimiento, cuando a causa de las confiscaciones sufridas por su familia en plena guerra civil, el personaje de hoy se vio obligado a residir más permanentemente en la capital de la provincia: Ciudad Real, donde había nacido un 18 de julio de 1926. Se llamaba Ángel Crespo Pérez de Madrid, conocido en el mundo de las letras como Ángel Crespo. En su casa natal hoy en día se recuerda su memoria mediante una placa. Memoria que es muy reciente y casi testimonial aunque muchos lo hayan recordado y reivindicado su figura, como es el caso del poeta Eugenio Arce Lérida, tal como sigue:

“Creo que a Ángel Crespo, nacido en el seno de una familia acomodada, nunca se le perdonó su pertenencia al Partido Comunista, era el “garbanzo negro” de aquella sociedad caciquil y provinciana. Después sus propios compañeros de partido tampoco le perdonaron su independencia ideológica, cuando se negaba a hacer una poesía radicalmente marxista y panfletaria. Su marcha a Puerto Rico fue un alivio para él y para sus correligionarios.[7]

En cuanto a su vida, en su tierna infancia había vivido a caballo entre la capital y la cercana localidad de Alcolea de Calatrava donde su madre gozaba de ciertas propiedades.

Aunque la conexión con la naturaleza se verá reflejada en su vida y su obra, on el estallido de la guerra civil su lugar de residencia sería la capital, donde durante los tres años de contienda no asistiría a la escuela, recibiendo clases particulares en su propia casa. Ahí fue donde un amigo de sus padres, profesor de francés, le vinculó con el idioma galo. Su relación con la naturaleza está muy vinculada a la propiedad de sus padres conocida como Cuesta del Jaral, además de que su formación iría aún más allá, viéndose gratamente impresionado con un libro sobre Mitología griega, muy particularmente en lo relativo a la iconografía y a las leyendas de Hermes.

El fin de la guerra le lleva a estudiar Bachillerato, leerá a Salgari, Rice Burroughs y Jules Verne, y, por supuesto, a los clásicos españoles y latinos, destacando su predilección por Rubén Darí, Gonzalo de Berceo, José de Espronceda o el Duque de Rivas.

Será por entonces cuando comienza a escribir poesía, publicándose en diversos medios de la provincia. Este interés, a pesar de la nula tradición cultural e intelectual familiar, vendrá reflejado en los tres años y medio que tardará en terminar los estudios para acceder a la carrera de Filosofía y Letras en Madrid – lo que no ocurriría por la oposición paterna –, principalmente motivado por su gran afán desde los catorce años: la poesía, y, por supuesto, teniendo como uno de sus ejes centrales el campo, tal como aquí se señala:

“El paisaje manchego quedará siempre en la memoria del poeta y el contacto con la naturaleza que su tierra natal le ofreció será uno de los elementos claves de su poesía así como uno de los elementos más anhelados por el español, según palabras del poeta, su «paraíso perdido».” [8]

Sin embargo, sería en la propia familia donde surgiría el germen que le afianzaría por inclinación hacia el mundo poético. Su tío Pascual Crespo le había regalada una antología de poesía española, atrayéndole entonces el surrealismo y el creacionismo.

El fin del Bachillerato le llevaría a Madrid para estudiar Derecho, como quería su padre, aunque en 1944 había finalizado los estudios de Maestro Nacional.

El Madrid de mediados de los años cuarenta le llevaría a sumergirse en su vida cultural, entrando en contacto con las figuras relevantes del momento, siendo una de ellas el poeta y también maestro Juan Alcaide.

Por aquel entonces seguiría afianzándose en sus lecturas de poesía, más en concreto el modernismo y autores como Amado Nervo, Rubén Darío, Vicente Huidobro, Pablo Neruda o César Vallejo. Paralelamente los clásicos españoles como San Juan de la Cruz, Fray Luis de León o Quevedo, se encontrarían dentro de sus lecturas, además de los contemporáneos Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego y Juan Larrea.

La figura de Juan Alcaide sería clave en esta época, pues sería quien le pondría en contacto con Carlos Edmundo de Ory, y a su vez conocería a Eduardo Chicharro y Silvano Semesi, fundadores del postismo, que habían publicado su manifiesto en 1945.

Tal y como indica Chiara Chieregato “La entrada en el grupo postista significó para Crespo iniciar el contacto con los grupos entonces existentes en el panorama poético español, el de la Juventud Creadora y el promocionado por la revista Espadaña” [9]

Finalizando Derecho, participará en conspiraciones contra el régimen franquista, llegando a fundar y dirigir una sección literaria en el diario Lanza, junto con su amigo Fernando Calatayud. Estudia los ismos de la vanguardia histórica, lee a Dante y a poetas modernos franceses e italianos, se interesa por el esoterismo. Comienza a escribir crítica de arte en la prensa universitaria. En 1948, en colaboración con Ory, organiza la exposición 16 Artistas de Hoy en la Galería Bucholz de Madrid.

Tras terminar la carrera de Derecho, en 1949, permanece seis meses en Tetuán para terminar el servicio militar. Es su primera estancia fuera de España, entroncando con el mundo musulmán y estrechando lazos con los judíos sefardíes y su romancero, estancia fundamental para su formación literaria e intelectual. Al volver a España, tras encontrar poco eco local en la sección creada en el Lanza, se refugia en Alcolea para preparar oposiciones a Notarías y se dedica a escribir poesía. Escribe entonces el libro que considerará el primero de su voz propia, Una lengua emerge, y lo publica en 1950. Es el primer libro de lo que se ha llamado su realismo mágico.

En 1950, ya de vuelta en Madrid, empieza a trabajar como abogado y se implica cada vez más intensamente en la vida cultural madrileña. En el mismo año, con Gabino Alejandro Carriedo y Federico Muelas funda y codirige la revista de poesía El pájaro de paja (1950-1954) y él solo, en 1951, funda y dirige la revista Deucalión (1951-1953), patrocinada por la Diputación de Ciudad Real. A lo largo de la década de los 50 continúa con la crítica de arte y publica siete libros de poesía que constituyen la etapa de su realismo mágico.

Tras abrir un bufete de abogados en Madrid, en julio de 1953 será invitado al Congreso de Poesía de Salamanca, convirtiéndose en una figura destacada en la renovación de la cultura española de la posguerra. En 1956 se casa con María Luisa Madrilley, de quien se separará años más tarde. En 1957 nace su hijo Ángel. Viajará por Portugal y comenzará a publicar sus traducciones de Fernando Pessoa con una selección de los Poemas de Alberto Caeiro. También realizará viajes a Francia y Bélgica.

En la década de los 60, su actividad clandestina de lucha contra el franquismo le llevará a una mayor preocupación por el realismo y a un mayor compromiso en su intención poética, aunque rechazando la estética marxista. Como medio de expresión con el que difunde sus ideas y perspectivas, fundará y codirigirá junto con Gabino Alejandro Carreido la revista Poesía de España (1960 – 1963), donde dará voz a aquellos poetas cuya concepción está más en consonancia. Dos años más tarde fundará y dirigirá la Revista de Cultura Brasileña, bajo el patrocinio de la Embajada brasileña en Madrid, cuya dirección prolongará hasta 1970. En la misma llevará a cabo la difusión de su vanguardia poética y promocionará la floreciente cultura brasileña entre los lectores españoles. Por entonces, 1961, conocería a la que sería su futura esposa, Pilar Gómez Bedate, y su viaje a Italia con ella en 1963 influirá determinantemente en su poesía y su modo de vida, puesto que a su regreso abandonaría la abogacía, y en el ámbito literario, resultado de su persistencia en el compromiso y la modernidad poética sería el libro la Docena florentina, que vería la luz en 1966, con cuya publicación cerraba una nueva etapa. Así lo refleja Chieregato:

“1966 es el año de la publicación de Docena florentina, una colección de poemas inspirados a los lugares italianos en los que había estado el poeta, que marcó con su influencia a los poetas españoles de la generación posterior a la suya y que constituye el primer acercamiento vital de Crespo a Dante, cuyo exilio florentino tomaba como ejemplo a seguir abandonando “la patria ingrata” y buscando otra más universal. Otra publicación editada por Crespo será la del primer libro de su “maestro” Eduardo Chicharro, Algunos poemas, y, en colaboración con Carriego la antología Ocho poetas brasileños. Un viaje a Milán y otro a París serán una nueva ocasión para conocer a personajes del calibre de Lucio Fontana y poetas como Juin y Frénaud” [10- CHIEREGATO, Chiara: p. 38]

Al año siguiente el cambio de aires vendría de la mano de la invitación recibida por ambos como profesores en el Recinto Universitario de Mayagüez de Puerto Rico, él como profesor de arte y ella de Literatura Comparada. Esta etapa le llevaría a participar en diversas vertientes de su actividad literaria, tal y como siempre había pretendido: la poesía, la traducción, el ensayo o incluso realizar ciertos estudios, le llevarían a doctorarse en Filosofía en la Universidad de Upsala, allá por 1973, con una tesis sobre “El moro expósito del duque de Rivas”. Ejercería su labor docente como profesor invitado en las Universidades de Leiden, Venecia o Washington. Como conferenciante a diversos lugares y países. Como poeta recibiría invitaciones a Congresos Internacionales en los que mostraría su calidad de humanista moderno. Sus traducciones de Danta Alighieri (La Divina Comedia) y de Francesco Petrarca (Cancionero) fueron recompensadas con dos Premios nacionales de traducción. Llegaría su interés por la poesía portuguesa de Pessoa, del que escribe ensayos e incluso alguna biografía a finales de la década de los ochenta, además de traducir algunos textos. Su poesía aparece cada vez más plagada de aforismos.

A finales de esta década sería cuando llegase su regreso a España, aunque ya lo había hecho desde comienzos de la década al asistir a homenajes o al Centenario de Juan Ramón Jiménez.

Su periplo durante los 80 entre Italia, Portugal y España, le conducirá en 1988 al regreso a su país, concretamente se instalaría en Barcelona, donde gozaba de muchas amistades. Además ejercería su labor docente como profesor invitado en la Universidad Central y la Autónoma, siendo posteriormente nombrado profesor emérito de la Pompeu Fabra.

Siguiendo de nuevo a Chieregato, “con la vuelta definitiva a España los Crespo buscaron un lugar en el campo donde poder adquirir una casa y trasladar allí parte de sus libros, encontrar un rincón de paz alejado de la gran ciudad. Ese lugar fue el pueblo aragonés de Calaceite, donde desde este año el matrimonio viviría largos períodos” [11-CHIEREGATO p. 46]

Su frenética actividad continuaría en sus últimos años: traducciones diversas, participación en festivales de poesía, recopilaciones, etc.

Sin embargo, la enfermedad reciente le arrebató su último hálito de vida en diciembre de 1995, año en el que llevaría a cabo el discurso de inauguración del Curso para estudiantes extranjeros de la Universidad Pompeu Fabra.

Para resumir la grandeza de este incansable literato volvemos al discurso de Eugenio Arce en el que enarbola la lanza por recordar y homenajear en su justa medida a la figura de Ángel Crespo. Parte de las palabras mostradas de esta forma lo reflejan:

“Después de su muerte, la Universidad de Castilla La Mancha, a través de la Facultad de Letras, le hizo también un homenaje al cual asistió su viuda, Pilar Gómez Bedate, José María Balcells y alguien más que ahora no recuerdo, a pesar de haber asistido a ese homenaje. Luego ha habido otros. En 2005 la editorial Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, publicó la antología titulada: “La realidad entera. Antología poética 1949-2005”, y en 2011 el poeta Amador Palacios publicó su primera biografía: “Humanidad y humanismo de Ángel Crespo. (1926-1995)”. Pronto se cumplirán 20 años de la muerte de este poeta y aún su figura sigue siendo alargada como la de los cipreses del cementerio de Calaceite, donde descansa…

Dicen los críticos que su obra no se adscribe fácilmente a ninguna tendencia, de forma que éstos tienen dificultades para encuadrar a Crespo en alguna de las corrientes de la poesía de posguerra. Si empezó con el postismo, pasó rápidamente a otras etapas denominada con las etiquetas de “realismo mágico”, “humanismo culturalista” o “poesía esotérica”. Su verso cuenta con una rica sonoridad y resulta imaginativo, a veces onírico y simbolista.

Resumiendo, Ángel Crespo fue un gran poeta y un humanista excepcional cuya figura es necesario volver a ella para recordar a uno de los manchegos más preclaros que ha dado España” [12-ARCE LÉRIDA, ]

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La muerte en extrañas circunstancias siempre será recordada con pesar, más allá de lo que hubiese supuesto la pérdida de su vida por los lances de su profesión. Hablamos de lo acaecido un 2 de julio del año 2002 en la localidad de Lima, capital de Perú. La arena fue el último colchón donde se aposentó el cadáver de nuestro personaje de hoy, más no fue la de un albero sino la de una playa, la de Waikiki de Miraflores. Era conocido por el mundo de los toros como “El Manchego”, y había nacido en la localidad de Ciudad Real con el nombre de José Tomás Reina Rincón. Frente a la plaza de toros de su localidad natal, una escultura de López – Arza honra su memoria.

Sirva igualmente, dados los recientes acontecimientos, de homenaje y pésame para recordar al tristemente fallecido joven de 22 años en las fiestas patronales de la localidad de Fernán Caballero (https://www.miciudadreal.es/2018/08/30/fallece-un-joven-tras-ser-corneado-en-el-encierro-de-fernan-caballero/).

Volviendo al personaje que nos ocupa, Tomás Reina Rincón había nacido en la capital provincial un 21 de septiembre de 1979 y cuando casi frisaba los dieciocho años ya había debutado en la vecina Carrión de Calatrava con caballos y con novillos de Jiménez Pasquau, un 31 de marzo. Al año siguiente vendrían 23 novilladas y 45 orejas. Un año después, 32 novilladas, 32 orejas, 3 rabos, y, sobre todo, la lidia en la Real Maestranza de Sevilla el 6 de junio, recibiendo el Premio al mejor novillero de Castilla – La Mancha.

En el año 2000, cuando ya había cumplido los 20 años, el 7 de mayo le llegó la alternativa de la mano del maestro Julio Aparicio, teniendo como testigo a Uceda Leal. Con el ganado de Diego Puerta obtendría una gran ovación y dos orejas.

Ese mismo año vendría la lidia en 8 festejos obteniendo 8 orejas, entre otras Alcázar de San Juan en dos ocasiones, Ciudad Real, o Almodóvar del Campo.

Al año siguiente, en Estepona cortaría dos orejas, en Méjanes una, y también lidiaría en La Solana, Gerona y, nuevamente, en Ciudad Real, donde conseguiría una oreja.

Entonces llegaría la temporada de 2002. En la última semana de junio lidiaría por localidades del Perú: el 23 de junio en San Pablo, donde obtendría dos trofeos y, tres días más tarde, su última corrida, la de Chota, donde cortaría dos orejas.

Llegaría entonces el fatídico final del joven que apenas contaba con veintidós años de edad cuando un 2 de julio de 2002 desapareció y no volvió a ser visto por sus compañeros.

Había abandonado el hotel. Las hipótesis lanzadas en el momento sobre la algarabía que rodeaba el ambiente nocturno del mundo taurino habían conducido a plantearse que habría sido presa de la seducción, narcotización y secuestro en alguno de aquellos lugares nocturnos en los que muchos jóvenes eran presa fácil.

La triste realidad fue que su cuerpo lo arrastró sin vida el mar en la playa de Waikiki de Miraflores una semana después. Apareció desfigurado por la sal marina, aunque un tatuaje característico fue la pista por el que fue reconocido.

El cadáver había sufrido roturas y actos de violencia extrema.

Además, la polémica y la cortina de humo que rodeó a su desaparición hicieron encrespar aún más si cabe los ánimos ya de por sí caldeados, pues la versión oficial había apuntado más hacia un asalto en plena calle, aunque la realidad de los hechos revelados mostró cómo tres serenos y un policía habían perpetrado el robo y secuestro del joven torero, aunque seguían sin asumir su posterior asesinato.

Tras una sentencia de 25 años de cárcel por robo y secuestro en la que se aceptó dicha versión en enero de 2005, seis meses después el fiscal pediría la absolución de los condenados, indignando sobremanera a la familia del difunto.

A ello se sumaría la posterior y polémica devolución del cadáver, al que parecía le habían desaparecido varios órganos. Versión familiar que sería rechazada por el Instituto de Medicina Legal del Perú.

Aunque en el año 2010, el Cuarto Juzgado Civil de Lima había fallado a favor del hijo del torero español José Tomás Reina Rincón, diez años después de su fallecimiento, en el 2012, quedaría visto para sentencia el recurso de apelación del abogado del heredero del torero Reina Rincón en la Corte de Lima (Perú).

En estos años han venido los homenajes, los memoriales, asociaciones taurinas o efigies como la que se erige en la actual Glorieta J. Pérez Ayala del escultor López – Arza [13].

MANUEL CABEZAS VELASCO

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[1] Martín de Consuegra Gómez, Antonio José: “1977, la tragedia olvidada”, en miciudadreal.es Diario Digital Ciudadano, 28 mayo de 2018, https://www.miciudadreal.es/2018/05/28/1977-la-tragedia-olvidada/

[2] “Ciudad Real: No hubo muertos en el incendio de las dos cisternas”, en La Vanguardia española, 30 de julio de 1977, p. 23.

[3] LÓPEZ CAMARENA, M.: “CIUDAD REAL, ATERRADA POR UNA NOCHE DE EXPLOSIONES”, en ABC, 30 de julio de 1977, p. 43.

[4] LÓPEZ CAMARENA, M.: op. Cit.

[5] GRATACÓS, R.: “Pesadilla de una noche de verano”, en https://www.lanzadigital.com/provincia/pesadilla-de-una-noche-de-verano/, 29 Julio 2012.

[6] GRATACÓS, R.: op. Cit.

[7] ARCE LÉRIDA, Eugenio: “REIVINDICACIÓN DE ÁNGEL CRESPO” (PALABRAS DE PRESENTACIÓN DEL ACTO DE ENTREGA DEL XXII PREMIO DE POESÍA “ÁNGEL CRESPO” EN ALCOLEA DE CALATRAVA (26-04-15).

[8] CHIEREGATO, Chiara: ÁNGEL CRESPO Y LA CULTURA ITALIANA. TESI DOCTORAL UPF / 2012

[9] CHIEREGATO, Chiara: op. Cit. p. 30.

[10] CHIEREGATO, Chiara: íbidem cit. p. 38.

[11] CHIEREGATO, Chiara: íbid. cit. p. 46]

[12] ARCE LÉRIDA, Eugenio: op. Cit.

[13] Diario Lanza, 14 noviembre 2005, p. 9-

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