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Postales de verano 15: Helena influencer

- 15 noviembre, 2018 – 11:594 Comentarios

postales-desde-itacaQuerida amiga:

Ya sé que hace tiempo que no te escribo, pero ando liada con los inventos de Ulises, que está maquinando algún concurso de quesos para dar un empujón a la empresa. Ya tiene varias ideas, lo que pasa es que la Administración le pone trabas, pobre. Que si es peligroso una carrera de quesos cuesta abajo por la carretera de La Solana y los ciclistas se han quejado porque invaden el arcén o que un escape room al aire libre en Ruidera, escondiendo quesos en las lagunas, no pasa la legislación medioambiental. Ahí lo tengo con Telémaco hablando de drones y quesos voladores. Internet nos hace daño, amiga.

Y, hablando de Internet, mi prima Helena se ha hecho influencer. ¿Cómo te quedas? Seamos sinceras: estilosa es, cierto, pero se mete en cada embolao, que luego hay que ir al rescate por los líos que forma. Ahora está creando hamburguesas: veganas, de tofu, de avena, de arcilla de tierra de diatomeas, de oxígeno puro… Yo ya le he dicho que lo fácil es crearlas, lo complicado es servirlas.

Antes de conocer a Ulises, para pagarme los hilos de tejer, trabajé en una hamburguesería y, chica, te confieso que porque no me daba para tranquimazín a diario, que si no…

—Hola. ¿Qué lleva la hamburguesa normal?

Y tú como un papagayo:

—Hamburguesa, lechuga, tomate y cebolla.

—Pues me quitas la lechuga, el tomate y la cebolla.

—¿Solo carne?

—Sí. Me la cobrarás más barata, ¿verdad?

—No.

—Pues entonces, pónmela con todo y ya se lo quito yo.

Ahora métele a ese una de tofu con champiñones, apio, brócoli y zanahoria, a ver si eres capaz.

Amiga, lo de trabajar de cara al público no está pagado.

—Hamburguesa con queso y bacon, patatas tamaño grande y helado de tres chocolates de postre.

—¿Para beber?

—Una light, que hay que cuidarse.

Y, claro, tienes que aguantarte la risa. Un truco, por si te pasa alguna vez, es morderte los carrillos, pero no aprietes mucho que te haces sangre y es desagradable para el cliente ver los dientes rojos.

Que no todo es malo, no te vayas a creer, puedes aprender a negociar.

—Niña, ponme cuatro hamburguesas, tres refrescos, dos guitarras, cinco sándwiches y dos raciones de croquetas.

—Vale. Me tiene que abonar ahora antes de que salga la comida.

—Te voy a pagar con una pulsera de oro, que me he dejado la cartera. Te la dejo y luego vuelvo a pagarte.

—Vale. Te pongo entonces la comida de la casa de PinyPon y las bebidas de los Playmobil.

—Espera, que tengo algo suelto en la cartera.

Y te saca billetes de cincuenta apretados entre un clip de oro. Te sientes Amancio Ortega por no haber cedido a la presión y te pones un poco Sócrates dilucidando a quién cree que iba a engañar con esa gilipollez de la pulsera y luego vuelvo. Le habrá funcionado alguna vez, supongo, porque el tío lo decía muy convencido. Ahora que lo pienso a ese le vendría bien una hamburguesa de esas de Helena de oxígeno puro. Te quedas con la pulsera y él que tome aire fresco.

También haces deporte, eso es una ventaja cuando no puedes ir al gimnasio. Siempre hay un despistado al que se le «olvida» pagar y sale corriendo, y, claro, te toca a ti ir detrás. Haces salto de barra, de obstáculos entre niños, abuelos y patinetes, un poco de extreme race para que la puerta no te pille y te deje doblada, y, cuando sales a la calle, dispuesta a esprintar, es cuando caes en que has dejado la caja registradora abierta y no hay nadie en la barra porque tú estás fuera. Así que haces rewind y dejas escapar calle abajo al «despistado», que se da la vuelta y te hace una peineta. Que te da lo mismo porque sabes dónde trabaja y el lunes te presentarás en su curro con una pancarta que ponga «Alguien se va sin pagar de los sitios» y señalándolo.

Pero, aparte de todas estas ventajas(el ejercicio físico, el mental, las negociaciones, las estrategias y revanchas), el trabajo de cara al público no está pagado. Por eso tuve que cambiar de trabajo; bueno, y porque correr me da pereza, ya lo sabes, y me estaban saliendo boquetes en los carrillos, que ríete tú de los baches de Despeñaperros.

Se lo he dicho a Helena, pero la tía sigue erre que erre. Dice que tiene una gran idea: hamburguesas de fauna abisal, recogida a la medianoche en el océano Índico por buzos noruegos, que son muy educados, según ella. No sé, yo no lo veo. Por si las moscas, ya me he sacado un perfil falso en Instagram para trolearla un poco, porque ya sabemos que cuando está Helena por en medio se arma la de Troya, y yo ya tengo bastante con Ulises y el crío maquinando cómo hacer llegar un queso manchego a la NASA para que lo manden en el próximo Apolo.

Te dejo, que la tía va subiendo likes a cascoporro.


Postales desde Ítaca
Beatriz Abeleira

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