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Cien años del Motín de la patata

- 3 mayo, 2019 – 08:572 Comentarios

El pasado 25 de abril, además del 45 aniversario de la Revolución de los claveles, se cumplieron cien años de los graves sucesos ocurridos en la conquense población de Tarancón.

Las actividades conmemorativas empezaron el día 23 de abril, con la inauguración de la exposición El motín de 1919 en Tarancón, que puede visitarse en Casa Parada hasta el 7 de mayo. El jueves 25, justo cuando se cumplieron cien años del conocido como Motín de la patata, se presentaron el documental titulado Tarancón 1919, el año del motín, y el interesante y riguroso libro El pueblo, las subsistencias y el máuser. El motín de 1919 en Tarancón, de Herminio Lebrero Izquierdo, autor también de la obra publicada en 2018 Lugares de memoria institucionalizada en Cuenca (1877-2017).

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Murieron diez personas y una veintena resultaron heridas de diversa consideración en unos hechos iniciados por disparos desde la casa de un comerciante contra los manifestantes, que remató la guardia civil con su intervención. No hubo condenados, lo que hace que el documental termine con una voz en off que expresa una interesante reflexión: “Curiosamente, la memoria oficial tiende a desdramatizar hechos terribles, cuando son los poderosos los responsables. Eso forma parte del discurso que acompaña a la impunidad, que de facto tuvieron los causantes. La pena por asesinato en 1919 era de ejecución por garrote vil”.

Hay que recordar que en Tarancón comenzó su edición el periódico quincenal político Renacimiento (órgano de la Coalición Político-Agraria) en 1917 y se mantuvo hasta 1919. El número 114, correspondiente al 30 de abril de ese año, muestra una interesante crónica de los acontecimientos que tuvieron lugar en aquella población el 25 de abril. Fue un típico motín de subsistencias durante el que murieron diez personas.

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Merece la pena detenerse en el recuerdo de aquellos luctuosos sucesos como muestra de la situación en la región, enmarcada, claro es, en una mala coyuntura nacional, caracterizada por graves problemas económicos y un intensa movilización social. Tuñón de Lara indica que 1919 fue el año de mayor número de conflictos sociales hasta ese momento y entre ellos cita al que tuvo lugar en Tarancón. Tomando datos del diario El Sol (30 de abril de 1919) proporciona el número de “dos campesinos muertos y 17 heridos en un choque con patronos armados y Guardia Civil”. Aunque, la realidad fue muy diferente a la descrita por el eminente historiador.

El día 24 de abril se concretó el malestar existente desde mucho tiempo. Y es que el precio  del kilo de patatas subía desmesuradamente hasta los cuarenta céntimos. Para entender la exageración del precio hay que indicar que en aquel año el jornal medio de los hombres podía estar en torno a las cinco pesetas diarias, mucho más bajo en el caso de las mujeres.

Por eso, unas cien mujeres se concentraron ante el Ayuntamiento, con lo que se ponía de manifiesto una vez más el protagonismo femenino en las reivindicaciones de tipo social. Al regresar los campesinos de sus faenas se encontraron con la protesta y se sumaron a ella. Por la noche la Guardia Civil dispersó a los concentrados y en la acción sólo hubo un guardia levemente herido y un campesino detenido por protestar contra la forma en que se desarrollaban los acontecimientos.

El día siguiente amaneció con idéntica actitud pacífica por parte de las mujeres. Pero el alcalde había propiciado la llegada a Tarancón del gobernador civil, Enrique Barranco,  acompañado por fuerzas de la Guardia Civil, de Infantería y algunas parejas de Caballería. Desde el balcón de la Casa Consistorial el gobernador se dirigió a los concentrados prometiendo la rebaja de los precios. Todo parecía solucionarse y en consecuencia los reunidos se disolvieron.

Sin embargo, al anochecer abrieron algunos comercios de comestibles sin concretarse la prometida rebaja en los precios. A la indignación siguió la rotura de cristales de algunos establecimientos y la violenta respuesta de la fuerza armada, tras algunos disparos realizados desde la casa de uno de los comerciantes. Los primeros en caer, uno muerto y otro gravemente herido, fueron dos guardias municipales cuando trataban de calmar los ánimos. Seis personas murieron en el acto y 18 ó 20 resultaron heridas, de ellas diez gravemente. A las dos de la madrugada murieron otras dos, al día siguiente una más y otra días después. En total, diez víctimas mortales. Los nombres reflejados en la esquela mortuoria, aparecida en la primera plana del número ya citado de Renacimiento, eran el cabo de la guardia municipal Ángel Sánchez, Pedro García, Eladio González, Santos Díaz, Lucía Párraga, Ambrosia Ramos, Severa Moreno, Josefa Ramos y María de la Torre.

En el número de El Liberal, de Cuenca (3.5.1919), se hacía la siguiente reflexión: “Qué decir de las autoridades de Tarancón, especialmente del alcalde? ¿Qué decir del Comercio, o de sus comerciantes que con su actitud determinaron los móviles claros y precisos de la catástrofe? Piense cada cual, en la trascendencia irreparable que tienen en casos como el presente, la ineptitud de las autoridades y la codicia de los mercaderes. He ahí los resultados. Cada cual que deduzca según su criterio, las consecuencias adecuadas”.            

Así era la España de la Restauración, que tan magistralmente describe Pilar Miró en su película El crimen de Cuenca, un impresionante acontecimiento sucedido en la provincia de Cuenca que podemos tratar otro día. Sólo recordar que dos hombres fueron injustamente acusados de asesinato, torturados y enviados a prisión. Pero cuando fueron liberados se descubrió con estupor que la supuesta víctima estaba viva.

Isidro Sánchez
Desde el revés de la inopia

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