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Segundones de ayer y de hoy

- 1 noviembre, 2019 – 11:089 Comentarios

Hace pocos días fallecía el gran historiador Santos Juliá Díaz (1940-2019). Sus investigaciones históricas son muy importantes, pero quiero destacar hoy su interés por estar presente en la prensa con sus trabajos de divulgación, actitud no muy extendida entre el profesorado universitario. Y es que ese mundo está demasiado encerrado en la Academia y, además de impartir docencia e investigar, es necesaria una labor de divulgación para intentar devolver a la sociedad una parte de lo mucho que la Universidad recibe de ella.

No obstante, también es cierto que los Grandes Medios de Persuasión y Propaganda (GMPP) no cuentan habitualmente con profesores universitarios, como sí ocurre en otros países. Personas especializadas en las diversas materias pueden trastocar el mensaje mentiroso que trasladan y prefieren a dóciles tertulianos, generalmente afines a los partidos del turno, que son capaces de hablar de todo, de lo divino y lo humano, de lo conocido y lo desconocido. Son los todólogos, que “de todo saben y a nadie tienen que rendir cuenta de su ignorancia”, como escribe Carlos Taibo en el libro Contra los tertulianos (2010). Son los opinadores, que demasiadas veces dan ejemplo de lo que no debe ser una tertulia, con descalificaciones, gritos, interrupciones, mala educación y sectarismo. Todo para que esos medios consigan imponer sus “amables” patrañas.

2010

Dentro de esa labor divulgativa de la Historia, Santos Juliá da a la luz pública hace un año el espléndido artículo titulado “Corrupción española”. En la magnífica síntesis de la evolución de la corrupción evoca la siguiente frase de Javier de Burgos: “Hay mucha gloria que conquistar; mucho dinero que ganar”. Ya en el siglo XIX ese es el objetivo de algunos políticos, que hoy también se manifiesta, explícitamente o no, con frases como aquella de “yo estoy en política para forrarme”.

Y Juliá recuerda el funcionamiento del turnismo: “Cada partido contaba con su ‘proletariado de levita’, en total una masa de 80.000 a 100.000 hombres que esperaban vivir de la política y cuyo to be or not to be se cifraba en esta expresión: cuando manden los míos” (El País, 20-10-2018). O sea, puestos y cargos muy diversos cambian con la alternancia partidista. Muchos desempeñados por los conocidos como segundones (la tercera acepción de la RAE para segundón es “Persona que ocupa un puesto o cargo inferior al más importante o de mayor categoría”), que en ocasiones ascienden a los primeros puestos.

Por ejemplo, Francisco Martínez Ramírez (1870-1949), nacido y muerto en Tomelloso, es un segundón o secretario durante una parte de su vida. Estudia derecho y trabaja durante algún tiempo en el ayuntamiento de Málaga. A fines de siglo, ya en Madrid, es secretario de Melquiades Álvarez, político republicano por entonces. A comienzos del XX edita y dirige El Obrero de Tomelloso y encabeza diversas campañas favorables a la producción vinícola. Potencia, asimismo, la construcción del ferrocarril Tomelloso a Cinco Casas, cuya compañía dirige hasta 1932.

Francisco Martínez Ramírez (1870-1949). Fuente AAFTA

No pretendo afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos. Tampoco que todos los segundones de antaño son buenos, también los hay rastreros y aduladores, pero existe en la época una aceptación generalizada de su papel. Ayudan, al lado de las primeras figuras, a la realización de fines concretos, depuran las críticas a una labor determinada y se forman para “volar” después por sus propios medios, si tienen capacidad y conocimientos necesarios. La figura de Francisco Martínez, “El Obrero”, sirve como ejemplo de segundón. Lo es en un periodo de su vida, pero tras la formación necesaria desarrolla y lleva a buen término proyectos importantes como figura destacada.

Hoy los segundones siguen existiendo en muchos ámbitos y son necesarios, aunque se les reconoce como asesores. Frecuentemente necesitan, si quieren “hacer carrera”, ser disciplinados y en muchas ocasiones también aduladores y serviles. No obstante, es difícil encontrar pautas generales de comportamiento. Incluso hay sectores en los que la critica constructiva es bien recibida y considerada un elemento interesante.

2016

Encontramos a muchos segundones en el sector publico, en diferentes niveles de las administraciones, nombrados por cargos electos o no. Su caracterización resulta compleja pero pueden identificarse como personas que ocupan temporalmente escalones altos en la estructura político-administrativa, generalmente asesores o jefes de gabinete.

Primero quiero decir que no pongo en duda la necesidad de su presencia, dadas las características de nuestra vida política y administrativa. También que, afortunadamente, no todos esos cargos son ocupados por personas como las que ahora trataré de describir. Los segundones a que me refiero son déspotas, mezquinos, pelotilleros, rastreros y, en muchas ocasiones, “más papistas que el Papa”.

Con referencias del Diccionario de uso del español (1967), de María Moliner, depurada por el Régimen franquista, déspotas porque suelen imponer su voluntad a otros sin ninguna consideración a la de ellos; mezquinos en el sentido de que están faltos de generosidad y de nobleza, ademas de guiarse exclusivamente por el interés material, personal o partidista; pelotilleros ya que adulan y halagan frecuentemente a sus superiores; rastreros pues se valen para lograr sus propósitos de procedimientos viles, como la adulación o la delación; y “mas papistas que el Papa” debido a que generalmente exageran la defensa de cuestiones superando, incluso, a los directamente interesados (sus superiores, claro esta). Lo malo para ellos es que a la mayoría se les acaba, más tarde o más temprano, irremediablemente, el chollo o la bicoca.

Isidro Sánchez
Desde el revés de la inopia

9 Comentarios »

  • rafa dice:

    Gracias por el artículo, con cuyo contenido, además, coincido. Me permito añadir que la figura del tertuliano se retroalimenta con la concepción de la televisón como «show» (lo pongo en inglés a propósito, creo que refleja mejor la superficialidad de los argumentos que «espectáculo»), de manera que la expresión abrupta y sin argumentos, brusca con el que piensa distinto y a ser posible insultante, polarizada en «nosotros» y «ellos» (como fomentan, por otra parte, las redes sociales) atrae más audiencia irreflexiva, y sería difícil decir que fue antes, la tele espectáculo o el tertuliano, la gallina o el huevo.

    En cuanto a los segundones, me permito decir que no proliferan sólo en niveles altos de la Administración, sino también en niveles que deberían ser propios de funcionarios ajenos a la lucha por el poder de los partidos, generando una administración ineficiente, politizada y preocupada sólo de «vender» su gestión ante los medios, y no de prestar un buen servicio al ciudadano. Castilla-La Mancha es un buen ejemplo de esto.

    • menda dice:

      Sin restarle un ápice de veracidad a lo que dices en el segundo párrafo, no hay que olvidar que muchos funcionarios de carrera hacen una labor parecida a los que ponen por su cuenta el político de turno. En algunos aytos. hay funcionarios que se comportan con tal servilismo ante el alcalde o concejal que parecen un miembro más de los equipos de gobierno. Y de los periodistas ni te cuento.

  • Charles dice:

    Son necesarios ‘asesores’ auténticos, no políticos, que puedan ayudar a resolver problemas a nuestros gobernantes, sin que ello signifique un demérito en la labor de éstos. Ésa es la clave….

  • Angel Manuel dice:

    El todo somos iguales para ocupar un puesto de responsabilidad abre la puerta a la mediocridad en la dirección.

    No hay nada peor que trabajar para un idiota.

    Jerarquía y meritocracia son realidades poco apreciadas en la progresia izquierdista, que tiene mucho de anarquía y idiocracia.

    De ahí también su decadencia.

  • Censor dice:

    «Es utilizar el pasado como un recurso para las luchas políticas del presente. La decisión de privatizar la cuestión de las fosas tiene que ver con la política del PSOE de arrinconar al PP. No hay otra explicación. Con una democracia que en 2005 estaba consolidada y una demanda social, legítima, que lo está solicitando, ¿por qué no lo asume el Estado? Pues porque si lo hace, en seis meses, un año, se acabó. En cambio así tienes un continuo elemento de agitación.»

    Santos Juliá parece mucho más honesto que el articulista. Escondemos aquello que nos molesta, del mismo modo que nos creemos mejores de lo que somos.

    Aquí la entrevista completa a Santos Juliá. En paz descanse:

    https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/entrevista-santos-julia-solo-hay-interes-en-el-pasado-utilizarlo-en-la-lucha-politica-del-presente

  • Á. R. dice:

    A Santos Juliá debemos grandes ediciones de Manuel Azañay no pocas indagaciones sobre la historia social.

    Isidro tiene más razón que un santo. Hay dos tipos de políticos: los que solo tienen premisas y conclusión ninguna y los escasísimos que pretenden llegar a conclusiones, aunque sea con premisas de otros (que es lo más inteligente), para poder resolver problemas que son complejos y por eso necesitan muchos enfoques.

    El primer tipo es solo retórico, caballero mangante o, ya que se menciona el diccionario, un «hablistán». Los otros son los valiosos, y como todo lo valioso, escaso.

    No es el menor problema que no se sepa hacer una escala o triaje para priorizar los problemas más urgentes (y por urgentes entiendo a largo plazo, no el cortoplacismo habitual). Con frecuencia veo el derroche inútil de unos recursos que podrían haber sido empleados en resolver cuestiones de más peso y que deben pasarse por alto, algo que es norma y no debía serlo.

    • Hobbes de luto dice:

      Los que más problemas me han creado a nivel profesional son los segundones palmeros, que a poco que les des un cargo de agarran a él como una lapa y, por pura ignorancia, se vuelven paranoicos en cuanto ven que puedes ser más inteligente que ellos o ellas.

      Una vez tuve un problema con uno que jamás me perdonó que pudiera mover más hilos que él sin estar en un partido lamiendo culos y no paró hasta que no me jodió un asunto en el que yo no ganaba, sino la empresa-trabajadores para la que trabajaba.

      Hoy sigue siendo segundón y me cruza la cara cuando nos vemos por la calle (por suerte pocas veces). Él sigue siendo un palmero que nunca dejará de ser un segundón y yo pude montarme mi proyecto personal.

      No me considero mejor, pero creo que se vive muy bien sin tener que lamer culos a cambio de una nómina que se puede acabar en las próximas elecciones.

      Y, si me llega a reconocer en este texto, solo una cosa: un poquito más de dignidad, por favor. Eras y eres patético.

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