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Segunda instancia

- 14 julio, 2020 – 19:11Un comentario

La segunda instancia hace referencia a un sistema jurisdiccional,para organizar el proceso que permite a un órgano judicial superior jerárquicamente, conocer, por vía de recurso, una cuestión que ya ha sido resuelta por un órgano jurisdiccional inferior y, en consecuencia, anular, modificar o confirmar, total o parcialmente la resolución que éste hubiera dictado.

Hasta aquí todo razonable y todo creíble. El problema aparece cuando ese carácter de órgano revisor, o de jurisdicción revisora superior, se desplaza a otros órganos consuetudinarios y menos productivos jurídicamente. Hay quien dice, por ejemplo, que la aplicación del Video Arbitraje (VAR en abreviatura conocida) en las competiciones futbolísticas, de hecho, ha configurado una instancia revisora por encima del árbitro. Por más que sea el mismo arbitro que corretea por el campo, el que dicta un fallo (o elque acierto, para algunos) y lo pueda revocar y rectificarse sin ruborizarse, tras oír la voz de ultratumba de la sala revisora, que se esconde en la intimidad del estadio y no da la cara.

Todo ello nace de cierta obsesión tecnológica por la exactitud, por ver lo que no se ve ¿en directo? O por ver lo que no se vio de primeras y hay que esperar a la segunda lectura. La velocidad de las jugadas en el límite, el golpeo rápido de la pelota en la raya o sobre la raya invalidando un juego, la llegada en bloque de forma simultánea de los corredores y ciclistas, ha venido siendo aplicada con diferentes ejecuciones: ya ojo de halcón, ya foto finish. Técnicas visuales que se han ido imponiendo en aras de una exactitud menos problemática que la problemática anterior: la de poder cometer un error, la de poder equivocarse. Cosa usual en el desempeño de jueces y árbitros del antiguo régimen.

Y de todas estas actuaciones ya se están derivando consecuencias de todo tipo, deportivos y extradeportivos. En la medida en que puede ocurrir que se valide un gol previamente anulado, o se sancione en diferido lo que no lo fue en directo y se decrete un penalti, al revisarse las jugadas afectadas por la duda. Aunque bien cierto es, que no todo es revisable. Solamente serán objeto de revisión –de segunda instancia si se quiere– jugadas con trascendencia para el resultado. Que a la postre son las jugadas determinantes en el resultado.

El limite de todo ello, es que un tribunal de justicia –como ha ocurrido con el Tribunal Superior de Justicia de País Vasco– otorgue una victoria en una regata centenaria, como la dela Bandera de la Concha– dos años más tarde de su celebración, a la trainera de Bermeo. Desposeyendo del título de la prueba celebrada en 2018, a la trainera de Zierbena. Los comentarios de la judicialización de esta competición no se han hecho esperar y revelan a donde podemos llegar por este camino obsesionado por la exactitud. Y entre los más ajustados a estos comentarios de la segunda instancia, han sido aquellos que dejan ver tanto la judicialización del deporte –de cualquier deporte o prueba controlada por tiempo y por espacio–como la pérdida de poder de los jueces-árbitros que operaron en directo y que ahora –dos años después– se han visto rectificados severamente.

Rectificación que no sólo tiene aspectos simbólicos –como la bandera de honor de San Sebastián–, sino materiales como los 24.000 euros de premio. Que ahora deberán ser devueltos por los ganadores de 2018 a los vencedores de 2020, vía tribunales de justicia. Los jueces que han rectificado la decisión inicial han contado con el favor del tiempo transcurrido y con un ingente aparato tecnológico: desde vídeos, GPS oficiales y drones.

Con todo ello la conclusión –o al menos, una de las posibles conclusiones– será la imposibilidad real de producir un resultado y un juicio, en vivo y en directo, de cualquier prueba deportiva. Habrá que esperar a la revisión de todos los datos grabados, teledirigidos y telecapturados por cualquier tecnología al uso, para poder dar un juicio final que no se recurra o se modifique. Con lo cual estaremos asistiendo al final del directo puro y duro. Como pasó con la música en vivo, que dio paso al play-back o actuación es enlatadas que fingían el falso directo. O llegaremos a los resultados siempre provisionales, y por ello susceptibles de ser revisados y desmontados. Vivir en la pura provisionalidad. Sin certezas y sin certidumbres. Antes, en algunas pruebas deportivas, se analizaba –a través de grabaciones convencionales– sucesos sin trascendencia retrospectiva: no se pretendía alterar el resultado ni suspender el desarrollo del juego, ya que habían pasado horas de lo que se sometía a revisión; sólo constatar la falibilidad humana y la engañosa perspectiva de la vista. Todo se resolverá en ese diferido aplazado, ya minutos hasta horas. Incluso años. Algo así como la muerte del directo y la victoria de la segunda instancia.

Periferia sentimental
José Rivero

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