En el día de Edith Stein: 9 agosto 2023

Jesús Millán Muñoz.- El día 6 y 9 de agosto todos los años nos recuerdan, por si a alguien se le ha olvidado, Hiroshima y Nagasaki. Supongo para que no volvamos a repetir la historia.

Un artículo periodístico tiene multitud de perspectivas y dimensiones y facetas. Sobre el mismo tema, el mismo autor-a, puede proyectarlo de distinta manera, incluso aunque lo redacte el mismo día. Hoy, quisiera acercarme a esta figura, no con demasiada erudición, patrona de Europa, ni demasiado fijarme en la hecatombe que le tocó vivir, si mis datos son ciertos, tres hermanos de ella, contando con ella, murieron en campos de concentración, ni tampoco fijarme en sus obras completas, diez volúmenes, ni que es santa, ni que es filósofa, ni que es una pensadora de la ascética-cruz y de la mística-luz, ni que es judía, ni que es mujer, ni nada…

Hoy, me acerco a esta figura, quizás, para que usted y su vecina del décimo encuentren quizás, quizás, un poco consuelo en sus dolores y penas y angustias y desalientos y sufrimientos y angustias. Porque los humanos sufrimos catarsis, ya lo descubrió el mundo griego, y, al menos, el viejo maestro Aristóteles, nos lo indicó y expresó y recordó. Y, desde entonces, generación tras generación continuamos recordándolo… ¿Cómo curar o suavizar un poco el dolor humano…?

No escribimos para nosotros ser los pequeños dioses por unos minutos o décadas o siglos, sino para resolver y solucionar penas y angustias y dolores. O, al menos intentarlo. Solo podemos hacerlo desde los bienes instrumentales diversos, desde los bienes morales, desde los bienes espirituales y desde los bienes de la veracidad-verdad, y, si es posible, con algo de belleza, siempre con racionalidad y prudencia y mesura… Hoy, quiero que usted recuerde a Edith Stein, podría ponerle su nombre de monja carmelita de clausura, podría indicarle algunos discursos y conferencias que hizo en su tiempo sobre la defensa de la mujer, podría recordarle, que fue la primera o una de las primera mujeres que fue doctora de filosofía en Alemania…

En este momento, no hablo a los creyentes, ni a los ateos, ni a los agnósticos, ni a los humanos de una filosofía o de una religión o de otra, hablo al corazón y a la mente humana, de usted, si de usted. Me da lo mismo que usted tenga diez Premios Nobel o apenas sepa leer, usted como todo ser viviente, de alguna manera sufre y se alegra, se entristece y canta de alegría. Somos dos extremos en una unidad, somos seres de muchas dimensiones y facetas…

Yo, por los años y la vida, por las circunstancias y las células y las neuronas, ya estoy mirando, me veo obligado a mirar el final de mi trayecto en esta tierra, no sé, si me quedan unos meses, unos años o unos lustros. Pero ya sé, que estoy en el final de mi existir concreto. Espero y deseo que exista Otro Horizonte Trascendente con el Buen Dios, y, espero y deseo, que por su misericordia y piedad me pase toda la eternidad con Él, y, espero que usted también…

Edith Stein que en lo religioso pasó por distintas fases, desde judía de religión, hasta atea, hasta agnóstica, hasta la duda, hasta irse acercando al cristianismo, hasta irse mojando en las aguas del catolicismo y hasta llegar a ser monja carmelita. Dice/escribe, que en una situación concreta, cuándo miraba los libros en una biblioteca de una amistades propias, se encontró con el Libro de la Vida de Teresa de Ahumada o Teresa de Cepeda o Teresa de Jesús o Santa Teresa de Jesús –escritora y santa y asceta y mística y viajera y fundadora de orden o reformadora de orden religiosa y fundadora de conventos y judía de origen y…-.

Y, dice Edith Stein, si mi memoria no me falla, que se pasó toda la tarde y noche leyendo. Y, se encontró al amanecer y al terminar el libro: “que eso es lo que quería ser, que ahí estaba la verdad” –parafraseando la idea, no quiero apropiarme mal del pensamiento de una gran pensadora y mística y mártir…-.

A veces, me hago la pregunta, qué sería de esos días, no recuerdo bien, unos diez días que pasó en un campo de concentración, Auschwitz, qué sería de su vida, me pregunto si la tratarían de forma normal, o, le hicieron padecer más, por ser monja, porque parece ser tenían especial inquina y rencor y odio a las personas religiosas cristianas, especialmente, católicas… Cual sería su enorme cruz, su calvario. Qué sucedería de ella… Solo Dios y ella lo supieron, y, quizás testigos, pero quizás, ninguno dejó testimonios.

Cuántos hacen cosas y, después, jamás las escriben, no tienen el valor de narrar lo que vieron o lo que hicieron –porque en los campos de exterminio y concentración, ha habido miles en Eurasia en el siglo veinte, bajo distintas banderas, pocos testimonios existen de las personas que estaban como “cuidadores o administrativos o guardianes”, si todavía queda con vida alguien, bien haría de bueno hacia la humanidad y de propia penitencia, contarnos su narración, aunque no pusiese su nombre, solo contase hechos y lo enviase al Yad Vashem o a cualquier embajada israelita de Europa…-.

¡Cuántos libros podría haber escrito Edith Stein, cuántos… cuántos años podría haber vivido…! Dicen que el Papa no hizo grandes declaraciones en contra, parece ser que a Edith Stein y, a cientos de judíos los detuvieron, porque los obispos de Holanda, redactaron una carta que se leyó en todos los púlpitos de las iglesias católicas. En venganza y en reacción detuvieron a todos los judíos y judías aunque fuesen católicos, aunque fuesen religiosos…

Escribí una vez, porqué y por qué Edith Stein, santa y sabía, no se marchó, no la marcharon a España, a Suiza, al Sur de Francia, a otro convento de carmelitas. Me decía a mi mismo que había sido un error. Después, me he enterado que ya tenía un pase para irse a un convento carmelita de Suiza, pero que no se quiso ir, para no dejar a su hermana, que estaba en el mismo convento… Un ejemplo, más de amor a su familia… ¡No soy judío, por si alguien, piensa que estas palabras se deben a mi filiación actual o de abuelos judíos, no lo soy… no sé si en tiempos de los Reyes Católicos, puede que como todos los españoles, tengamos algún tatarabuelo de la quince generación que era cristiano, era musulmán, era judío…!

Hoy, estos días, estas semanas, me gustaría recordásemos, un poquito o un poco, a Edith Stein, filósofa y pensadora y monja y mártir y santa y judía de origen… ¡Y, también, que ella, según el catolicismo, como santa, nos echara una mano, intercediese por mí y por nosotros…! ¡Paz y bien…!

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